¿A dónde van las historias que no trascienden en el tiempo, aquellas que sobreviven de manera íntima, acaso en cartas, notas sueltas o una flor seca entre las páginas de un libro? ¿Será posible que solamente perduren en el recuerdo de un individuo? ¿O quizá en otra dimensión?
Una frase popular dicta que nadie muere mientras alguien lo recuerde, y aunque figuras como José Martí, Simón Bolívar, Julio Antonio Mella e Ignacio Agramonte están lejos del olvido, la premio Nacional de Artes Plásticas, Lesbia Vent Dumois, nos invita, desde su más reciente exposición, a reparar en el ámbito íntimo que los rodeó.
La muestra, titulada Páginas Salvadas –con la que rindió homenaje al aniversario 173 del natalicio del Apóstol y al 27 de Habana Radio–, revela su voluntad de rescatar episodios de la historia que, en la mayoría de los casos, no se conocen o no se interpretan desde el punto de vista artístico.
Así redescubrimos a nuestro Héroe Nacional mediante retratos de sus padres, hermanas y María García Granados, «la niña de Guatemala». Otras piezas de la serie Cartas de Amor, realizadas en técnicas mixtas, dan voz a las pasiones epístolares entre Ignacio Agramonte y Amalia Simoni, Simón Bolívar y Manuela Sáenz, y Julio Antonio Mella y Tina Modotti.
Cuando se observan las 19 obras –algunas con dimensiones mayores al metro cuadrado– surge una pregunta admirativa: ¿los finos bordados y la caligrafía salieron íntegramente de sus manos?
Lesbia confiesa a Granma que heredó esa pasión –coser, diseñar, dibujar– de su madre, «una excelente modista, así que lo llevo en la sangre». Entre retratos a lápiz y creyón destacan los dedicados a la familia martiana, por el contraste deliberado entre el grafito y el color.
Esa combinación, explica, no la usó en el de Mariano Martí Navarro (su padre), debido a «la fama de severidad de que siempre gozó». La seguridad de los trazos delata su talento como retratista, aunque ella exprese que «son meras copias sin mayor trascendencia».
En las representaciones, pretendió salvar textos de Martí que le provocaban imágenes pictóricas, como el fragmento de misiva que este le enviara a Manuel Mercado, en 1887: «¿Sabe que mamá está aquí? Esa es sin duda la salud repentina que todos me notan»; o el dedicado a la niña de Guatemala: …Ella por volverlo a ver, / salió a verlo al mirador; él volvió con su mujer, / ella se murió de amor.
Las piezas sobre los romances de Bolívar, Mella y Agramonte resaltan por la acertada complementación de fragmentos: cartas, flores disecadas, retratos antiguos e imitaciones de pequeños insectos, que se convierten en retazos de imágenes y voces que revelan un relato mayor.
Esta defensa de la manualidad, desde la más alta cota del valor plástico, hace de Lesbia una artista singular. A ello se suma, a sus 93 años, una pasión creadora intacta.
Páginas Salvadas, abierta al público en la capitalina Galería Carmen Montilla hasta el próximo 10 de marzo, además de ser un excelente homenaje a la intimidad y la memoria, nos invita a desear más de esta creadora y a disfrutar su voluntad de vivir por el arte.










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