Es domingo y hemos llegado tarde. Es domingo y empieza a desvivirse el segundo acto de este Don Quijote hecho a pulso. Flotando en la superficie de los ojos, se halla un reflejo de zapatillas acariciando el suelo.
Desde el espacio escondido bajo la piel del telón, resuenan los verdaderos nervios de lo que no tiembla porque no puede temblar. Tras lo que el público alcanza a ver, se escucha el «Ayyy» colectivo expirado al unísono de unos aires de cansancio: «Es en el tercero, es en el tercero» donde la respiración se corta de tanto que el cuerpo la necesita.
Ahora, a cortinas cerradas, retocan maquillajes que el sudor carcomió, bajan nuevas telas gigantes, entran a escena objetos que antes no estaban…Durante estos 15 minutos que anteceden al final, descienden, en desbandada, bailarines por las escaleras. Algunos hasta ensayan, una vez más, de cara a lo que les espera.
Cuando reanuda el caos hermoso que es el ballet, se reconocen unos a otros, se aplauden, gritan «Ese es el directooorrrr», cuando Dani Hernández «calienta el escenario» entre un manojo de saltos con nombres extraños que no cualquiera pronuncia y, mucho menos, logra hacer. Así que, «traigan hielo».
A intermedios, los que salen de la escena y tienen chance, se quitan las zapatillas, como en busca de alivio. Muchos parecen tener venas en las que la sangre ya no cabe. Estos cuerpos de baile saben vivir el dolor con una sonrisa preciosa en los labios.
















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Norma dijo:
1
26 de diciembre de 2025
11:38:10
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