ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Chano Pozo, uno de nuestros maestros. Foto: Lajiribilla.cu

«Las interrelaciones e influencias en las expresiones musicales de Cuba y de Estados Unidos, sobre todo en música popular, han sido de tal magnitud que resulta imposible historiar una sin al menos mencionar la otra», consideró el relevante musicólogo Leonardo Acosta, y le asiste toda la razón.

Realmente podemos encontrar huellas de nuestro enriquecedor entorno musical en cualquier género o estilo de la música estadounidense, ya sea tanto en el blues como en el jazz y en el rhythm and blues o hasta en el soul y el rock.

La certeza nos hace recordar, en el día de su natalicio, hace hoy 110 años, al famoso percusionista cubano Luciano Pozo González, más conocido como Chano Pozo, por el impacto de su impronta musical en la evolución del jazz norteamericano de los años 40 del pasado siglo.

Si para el trompetista estadounidense y director de orquesta Dizzy Gillespie, Chano «es el tamborero más grande que he visto en mi vida», ya en Cuba se había demostrado el ingenio natural de este excelente percusionista, al armar una batería con tres tumbadoras en su paso como integrante del Conjunto Azul.

Radicado ya en Estados Unidos, se cuenta de que, en los escenarios en los que se presentó, durante media hora tenía al público asombrado por su intensa descarga con la tumbadora, en un espectáculo en el que cantaba en yoruba desde el sugerente murmullo de un respiro hasta el alarido inesperado.

Es el propio Acosta quien reconoce que este músico, incapaz de leer una partitura, desempeñó un papel de suma importancia como individuo en la evolución de un estilo renovador del jazz como el bebop. Sin embargo, para el musicólogo cubano sería injusto afirmar que las variaciones rítmicas propias de los creadores del bebop se deben absolutamente al estilo de Chano, pues se estarían ignorando los aportes previos de baterías como Kenny Clarke y Max Roach.

Fue su desbordante cubanía, puesta de manifiesto a través de una gran capacidad rítmica, la que lo convirtió en un verdadero suceso artístico en Estados Unidos, al punto que días antes de su muerte, en la pantalla del teatro Strand de Broadway, anunciaban su próxima presentación como Manteca-Chano Pozo, con la orquesta de Dizzy Gillespie.

Quienes estuvieron en estrecha relación personal con el percusionista cubano suponen que él no tenía conciencia de su enorme talento musical. La muerte de este hombre mito dejó hondo pesar en la cultura. Al poco tiempo de su fallecimiento, acaecido a los 33 años, el 3 de diciembre de 1948, Don Fernando Ortiz escribió: «Chano logró trasplantar sus ritmos de las tribus de África Occidental. Por el tambor de Chano Pozo hablaban sus abuelos, pero también hablaba toda Cuba…Debemos recordar su nombre para que no se pierda como el de tantos artistas anónimos que durante siglos han mantenido vivo el arte musical de su genuina cubanía».

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