EL LECHERO, REALENGO 18, Guantánamo. –Los unos cabalgaban por caminos angostos de la intrincada localidad. De la presencia del otro, a decenas de metros, dio cuenta la melodía de unas cuerdas, impronta de dos manos en mocedad, que aferradas al instrumento buscan la excelsitud. Esta vez, de paso por un hogar que es raíz en el montañoso sitio salvadoreño.
A sus 12 años de edad, Gerson Sánchez Baratute lo tiene claro, «no hay vacaciones para un estudiante de música, el instrumento y la práctica me acompañan, aunque mi cuerpo y mi escuela reposen». Eso explica que, a menos de dos semanas del inicio del curso escolar, mientras otros de su edad mataperreaban a mitad de la mañana por estos predios, en la sala de la casa de su tía, él, violinista de este relato, se aferrara al instrumento frente a un pentagrama.
«Todos los días de las vacaciones los he pasado aquí, dijo Gerson, mi casa está en Santiago de Cuba, donde he estado más de la mitad de mi vida, pero El Lechero es mi sitio preferido, por eso vine, pero con mi violín, él y yo nos necesitamos».
Cuatro años lleva el muchacho en la Escuela Profesional de Arte de la Ciudad Héroe, adentrándose en los secretos de su instrumento, «dentro del violín hay un alma que siente; para descubrirla tienes que estar siempre a su lado, si te alejas te niega las melodías».
Los profesores, que, por supuesto, lo saben, «al finalizar el curso pasado me dejaron como tarea siete obras del pentagrama, una de ellas de Johann Sebastian Bach. Para repasarla nada mejor que el Realengo 18, en casa de mi tía en El Lechero».
«Hay tranquilidad en este lugar –celebra Gerson–; he practicado bastante y ahora tengo la suerte de actuar para el público. Me invitaron los artistas de la Cruzada Teatral Guantánamo- Baracoa, están por aquí de gira, eso me ayuda a completar la preparación, empiezo el séptimo grado».
Horas después, echó a volar la imaginación con el regalo a cuerdas y manos del violín y el muchacho en impecable armonía, se escapó de sí misma la multitud congregada frente a ellos en El Lechero. La noche pareció menos oscura gracias a Gerson y a su secuaz instrumento.
Se habían unido a los otros artistas, a esa hora recién regresados de la incursión a caballo, tras deleitar a un público numeroso que los aplaudió en la comunidad de La Yúa. Dicha del Realengo 18, dichoso el lente de Granma.












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