ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Detalle de una de las portadas de Bonsái, Foto: Ilustrativa

Para quien lee habitualmente, robando minutos a las incontables tareas diarias, las vacaciones son una especie de oasis entrañable. Sin ocupaciones intelectuales de otro tipo, es posible sumergirse en la lectura por mucho más tiempo, con más concentración y, por ende, disfrute.

Ya sea con los libros que guardamos en especial para la etapa o dejándose seducir por cualquier opción del librero, aquellas historias que escogemos para los días de ocio se nos instalan de forma especial en la memoria.

Este verano, para mí, estuvo marcado por las poéticas de dos novelistas: el japonés Haruki Murakami y el chileno Alejandro Zambra. A pesar de las diferencias culturales, generacionales y artísticas de ambos escritores, algo los une: las historias en apariencia sencillas y el uso bien medido del lenguaje, bajo el cual subyacen múltiples significados, y un conocimiento profundo de la naturaleza humana y sus conflictos.

En 2013, Ediciones Sed de Belleza publicó en un mismo libro Bonsái y La vida privada de los árboles, dos de los textos que han ubicado a Zambra (Santiago de Chile, 1975) entre los escritores latinoamericanos más relevantes de la actualidad.

Asuntos como las relaciones de pareja, la escritura, las familias ensambladas, el papel del padrastro, la muerte, los amores frustrados, el miedo… emergen en estos relatos mediante una sencillez narrativa que conduce de la sonrisa al dolor, y viceversa, con eficacia.

Según se afirma en la nota de contraportada de esta edición, Bonsái –primera novela del también poeta y ensayista– «desarticula los límites entre lo real y lo ficticio y no es novela, ni nouvelle, ni cuento, sino una deformación de todos esos formatos, tal como los bonsáis son árboles mutilados y distorsionados que buscan convertir lo convencional en algo único».

La vida privada de los árboles, si bien «más compleja, ambiciosa y conmovedora (aunque siempre contenida)» es, asimismo, «una historia de amor que sucede en un barrio de clase media. Estas novelas hablan sobre unas vidas que marchan hacia la frustración hasta que el protagonista decide, en el primer caso, cuidar un bonsái; y en el segundo, escribir una novela con la misma minuciosidad con la que se cultivan estas plantas».

Leyendo a Zambra es imposible sustraerse a la sensación de que habla sobre nosotros mismos, de que hurga entre nuestras esperanzas y miedos, y muestra el peor escenario posible, para enseñarnos que ahí también, en lo torcido, hay vida.

«Al final ella muere y él se queda solo, aunque en realidad se había quedado solo varios años antes de la muerte de ella, de Emilia». Con esas líneas comienza Bonsái. Un escritor que inicia así es uno que se atreve. Zambra entra en la historia, nos enseña su esquema, y aún de tal forma el viaje por sus letras resulta apasionante en cualquier momento del año.

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