Imías, Guantánamo.–Un torbellino de abrazos ocultó al que acababa de regalarles su arte. De él solo quedó visible el polícromo sombrero de tela devenido punto en la superficie de un océano de empatía que giraba a su alrededor.
Y, cuando al fin pudo liberarse, el actor buscó a la que en un rincón permanecía quieta observándolo. No alcancé a escuchar lo que le dijo él, ni lo que respondió la pequeña aferrada a la mano de Yanicel Columbié, su maestra; pero el encuentro me conmovió. La historia de esta jornada había empezado algo más de una hora antes, cuando Ury Rodríguez tomó en sus manos un retrato de Nicolás Guillén frente al auditorio y preguntó: «¿Lo conocen?».
–Sííí.
–¿Quién es?
–Guillén –dijo una–; «el poeta de Cuba», agregó otro.
–Nicolás Guillén, nuestro Poeta Nacional –confirmó el actor.
El local de la escuela primaria Ciro Frías Cabrera le quedó estrecho a la multitud de niños y niñas apretujados en él para ver el espectáculo mañanero traído por la xxxiv edición de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa.
Canción de cuna para despertar a un negrito, Balada de los dos abuelos… de poemas de Guillén está hecha la sustancia que le da vida a Poemas con niñas, obra escrita y llevada a las tablas por Ury. Son enérgicas y poéticas estocadas contra muros raciales. El titiritero pone a dialogar a los títeres, les da vida, movimientos; bailan ellos; canta, danza, declama él; el auditorio ríe.
Hipersónicos parecen los más de 70 minutos del espectáculo; Ury termina, hace una reverencia; de nuevo se escuchan palmas, ahora más fuertes, más nutridas y prolongadas; excepto la niña que en el rincón permanece callada, los demás se abalanzan eufóricos sobre él, quieren hablarle, quieren tocarlo; el torbellino de abrazos irrumpe. Después el actor busca a la pequeña Ashly Niliet Rodríguez Osorio, quien sigue aferrada a la mano de su maestra.
A Ashly –que cursa el segundo grado, tiene siete años, y desde los tres meses está operada de un tumor craneal–, frente al titiritero la vi sonreír. Algo relampagueaba en sus ojos. Y se vio indefenso al artista ante un nuevo torbellino, nacido esta vez en lo íntimo de su alma.











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