Si quisiera convencer a alguien de leer la obra de Hernán Rivera Letelier, no le recitaría las sinopsis de sus icónicas novelas La reina Isabel cantaba rancheras o Himno del ángel parado en una pata. Tampoco le daría la larguísima lista de premios que tiene en su haber, entre ellos, el más reciente: el Premio Nacional de Literatura 2022, en su natal Chile. Mejor, le recomendaría escuchar brevemente la historia de su vida, contada por él mismo.
Con un cálido acento chileno, Rivera cuenta la historia de cómo aprendió a escribir sobre un cajón de manzanas, cómo jamás hubo en su casa otro libro además de la Biblia, y cómo comenzó a trabajar en las minas del norte del país, donde su destino era «morir ahogado por la silicosis, como vi morir a mi viejo».
La parte más fascinante puede que sea la narración de aquella noche junto a la playa, cuando había salido a viajar con su mochila de lona, motivado por las noticias del movimiento hippie, «a hacer la revolución de las flores», y escribió un largo poema para un concurso de la radio. La motivación no fue otra que el premio, una cena para él y su compañero de escapadas en un lujoso hotel. «La gente entra a este mundo –el de la literatura– por muchas razones diferentes, yo entré por el hambre».
Fue esa la primera vez que ganó un concurso, y mientras escribía sabía que lo haría. Confiesa que se sintió igual 25 años después, cuando envió su primera novela, La reina Isabel cantaba rancheras, a la competencia más importante de la capital. «Me acostumbré a los concursos. Participaba en uno, ganaba, me compraba una máquina de escribir, faltaba el pan, vendía la máquina de escribir. Participaba en otro, ganaba, me compraba otra, faltaba el pan nuevamente… Así me compré seis máquinas», relata el autor.
Escribió poemas durante años, tratando siempre de usar los términos más rebuscados que podía encontrar, hasta que, al comprar por primera vez un libro de poesía, descubrió que «con palabras tan simples como piedra, pan o casa se podía hacer poemas». Poco a poco los versos fueron subiendo de renglón, y comenzó a escribir cuentos, y más tarde, novelas.
Gran parte de su obra, y aquella que le vale mayor reconocimiento, está ambientada en la llamada Pampa salitrera, región del país sudamericano caracterizada por clima y condiciones de vida difíciles, donde el autor transcurrió una parte importante de su vida, y ejerció el oficio de minero.
Durante ocho ediciones seguidas, Hernán Rivera ha asistido a la Feria Internacional del Libro de La Habana. Con el paso de los años se ha convertido en un gran amigo de Cuba y en un invitado esperado del evento. Este año protagonizó, para beneplácito de todos, el espacio Encuentro con…, que acoge, durante la Feria, el teatro Abelardo Estorino, en el Ministerio de Cultura.











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