Durante mi trayectoria como crítico pocas veces me ha causado tanta satisfacción la escucha de un nuevo disco como es el caso de Ancestros sinfónico, por el grupo Síntesis con X Alfonso y Eme Alfonso. Se trata del posicionamiento de sólidos paradigmas urgidos de expandirse con un brillante resplandor sobre el manto de nuestra identidad.
En primer lugar, con esta memorable obra, Síntesis ha ratificado el lugar de honor que ocupa en la historia de la música cubana, no solo como el prestigioso grupo de rock que es, sino como la imprescindible institución para tener en cuenta entre los grandes valores patrimoniales de la nación. Tanto la voz de Carlos Alfonso como la de Ele Valdés, a quienes se les ha sumado el vibrante timbre de Eme Alfonso, en este desempeño como solistas en los temas de Ancestros, convocan con su impactante cantar, un ancestral llamado de amor por la Isla, al que respondemos con todas y cada una de las fibras de nuestro cuerpo.
Además, los coros de Síntesis representan una especie de marca registrada que refuerza considerablemente nuestro apego incontenible a esta manifestación musical de auténtica cubanía. Precisamente, si con la paulatina aparición de la colección discográfica de Ancestros, a finales de los años 80, quedamos convencidos de la afinidad del cubano por la acogida de semejante estamento conceptual, esta propuesta del Ancestros sinfónico resulta prácticamente una inspiración de proporciones bíblicas que rinde regio tributo al legado de aquellos africanos cazados como animales, para ser traídos de esclavos a nuestro país, pues no hay momento en que dejemos de pensar en ellos mientras se escucha el disco en cuestión.
En cuanto a X Alfonso, el progenitor de este monumento de la cultura cubana, el vertiginoso crecimiento de su alto potencial creativo le ha permitido ir dejando huellas de un elogiado quehacer que ha abarcado las más disímiles manifestaciones de la música contemporánea, y para este proyecto sinfónico tuvo a bien solicitar la oportuna asesoría del maestro Leo Brouwer en una obra verdaderamente mayor.
Si desde el momento en que el grupo británico Deep Purple comparte su esencia roquera con la Orquesta Sinfónica de Londres en el famoso Concierto para Grupo y Orquesta de 1969, francamente resultaría muy engorroso mencionar a todos los grupos de rock que se han hecho acompañar de orquestas sinfónicas durante más de 50 años. Sin embargo, cuando entramos en la sintonía de Ancestros sinfónico, nos vienen a la mente los fabulosos conciertos de Metallica, de Yes o de Kansas con sus respectivas orquestas, pero a la vez nos percatamos de que somos testigos de algo sustancialmente distinto.
Esta diferencia nace de la magistral apropiación, por parte de X, de los códigos sinfónicos de una orquesta, para ser utilizados con Síntesis en nuestro criollo entorno sonoro, desde acentos devenidos tanto del rock como del jazz o, incluso, de la world music. Ante esta inusual expectativa, no cabe duda de que los mitos mencionados anteriormente se inclinarían en señal de respeto ante tanto talento consagrado en Ancestros sinfónico, asombrados de que, en la pequeña pero vibrante Isla del Caribe, podamos concebir una obra de tan alto vuelo artístico.











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