Harold Hernández Lozano, músico y pedagogo cubano, culminó una de las etapas más fecundas de su vida artística y profesional con la puesta en circulación del libro Tubas y yo vengo…, completa aproximación en el ámbito hispanoamericano al instrumento más grave de la familia de los metales de viento.
Más allá del título ingenioso, en el que el autor juega con el nombre del instrumento y su implicación con el ir y venir de su recorrido temático, la importancia del libro radica en la vindicación de la función sustancial de la tuba no solo como soporte del tejido armónico y rítmico de músicas muy diversas, sino también como protagonista de hechos sonoros singulares.
«Me propuse –contó Hernández Lozano a este redactor- ofrecer una panorámica sucinta del surgimiento de la tuba y su inserción en los estilos musicales, repasar sus escuelas, su sonido característico y las interioridades de su fabricación».
Además comprende análisis acerca de obras como el Concierto para tuba baja y orquesta, del inglés Ralph Vaughn Williams o las partituras del ruso Alexei Lebedev, así como acercamientos a la interpretación de literatura no original para tuba y bombardino.
En Chile, Colombia, Brasil, México, Perú, Costa Rica, Puerto Rico, Uruguay, Panamá, y particularmente en España, país en el que se desempeña profesionalmente, y Cuba, cuna y pasión del autor, el libro ha despertado interés en los últimos meses.
El pedagogo que desde su iniciación llevó dentro de sí motivó en gran medida el empeño; profesor de Tuba y Práctica de Conjunto en la Escuela Nacional de Arte de La Habana, y profesor que ostenta la máxima categoría docente en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid constituyen avales elocuentes.
Alumno agradecido, Hernández Lozano asimiló enseñanzas de maestros como los españoles Miguel Moreno, David Llacer, Mario Torrijo y Jesús Villarojo, los estadounidenses Sam Pilafian y Diana Swoboda, el italiano Giancarlo Schiafini, el argentino Patricio Cosentino y el noruego Oystein Baadsvik, pero nunca deja de colocar en primer término al cubano Remberto Depestre.
«Conocí a Depestre –recordó- cuando yo era niño y asistía a los ensayos de la Orquesta Sinfónica Nacional, pues allí tocaban mis padres, el violista Jorge Hernández, la contrabajista Carola Lozano, y mi tío, el trombonbista Alberto Batista. Ya como estudiante suyo en la ENA, nuestra cercanía y amistad trascendió los planos de profesor y alumno, y nos hicimos amigos: honor que aún conservo. Todos los que accedimos al sistema de escuelas de arte mediante el plan de estudios de instrumentos deficitarios -fagot, contrabajo, tuba, entre otros- coincidimos en valorar los sabios consejos de Depestre que nos condujo por el buen camino musical y a desenvolvernos socialmente, complementando lo aprendido en casa, tanto en lo musical como lo personal, hecho que le agradeceremos sus alumnos toda la vida».











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Oscar Verdeja García dijo:
1
1 de diciembre de 2021
10:41:02
Iresi García dijo:
2
1 de diciembre de 2021
14:26:12
Gilda Lozano dijo:
3
1 de diciembre de 2021
15:06:18
Roger Cantero Gómez dijo:
4
1 de diciembre de 2021
18:14:51
Enrique dijo:
5
1 de diciembre de 2021
21:00:00
Jose felix morales leslie dijo:
6
2 de diciembre de 2021
08:28:51
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