ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Fuerza de trabajo, de Marcelo Pogolotti. Foto: Archivo de Granma

Dentro de las vanguardias cubanas que situaron a nuestro país en el mapa más avanzado del arte latinoamericano de la primera mitad del siglo pasado, un pintor logró plasmar los conflictos y aspiraciones de la clase obrera. Ese fue Marcelo Pogolotti, cuya evocación viene a cuento cuando el mundo celebra el Día Internacional de los Trabajadores.

Entre 1933 y 1935 creó dos obras que destacan por el tratamiento estético de una temática que, para otros en aquella época, resultaba distante. En Paisaje cubano, el artista abarca episódicamente, en una composición única, las diversas instancias de la cadena agroindustrial azucarera; desde la ruda y mal pagada faena de corte en los cañaverales, hasta la exportación del producto final. En la esquina superior de la derecha, el manejo de los magnates de la industria y la banca; en primer plano, la Guardia Rural, garante del status quo.

Es la obra de alguien que ha bebido de las fuentes del surrealismo, el cubismo y el futurismo, durante su estancia europea; pero que, cuando este último movimiento pasó de ser nota de progreso a retrógradas posiciones cercanas al naciente fascismo, se desmarcó de esa tendencia justo en los instantes en que alcanzaba la madurez de su expresión.

Aun así reconoció, en carta enviada muchos años después a la profesora e historiadora del arte Luz Merino: «Mi experiencia futurista me ayudó a interpretar estéticamente la dureza del capitalismo mecanizado y deshumanizante, o sea, una apreciación filosófica».

Dos años después pinta Fuerza de trabajo, obra que resume las búsquedas de un creador que piensa el arte como reflejo sociopolítico de la realidad, mas no de una manera maniquea ni propagandística.

Si en Paisaje cubano era dada una lectura directa del mensaje, en Fuerza de trabajo la dimensión tropológica adquiere una extraordinaria densidad. Ante el cuadro, el espectador intuye, siente y metaboliza visualmente la canción de gesta que cotidianamente entonan los trabajadores en medio de duras condiciones y agudos conflictos. La geometrización de las formas humanas prefigura un abstraccionismo que alude a realidades concretas.

Se entiende entonces lo que dijo acerca de Pogolotti, en aquellos años, el reconocido crítico de arte Guy Pérez Cisneros: «Depura y limpia el tema para reducirlo a hechos medibles, inteligibles. Toda forma es precisa en su obra. Precisión y limpieza se han logrado en su obra para poder ir más lejos en los caminos de la pintura».   

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