La noche se anuncia esplendorosa. Las estrellas, cual faroles, iluminan cómplices el camino de la calle San Salvador, en Bayamo, que conduce al ventanal de la señorita Luz Vázquez, quien inspirará, muchos años después, uno de los momentos más sublimes de la cancionística cubana. Como suspiros apasionados llegan hasta la hermosa criolla las notas que su esposo, Francisco Castillo, le dedica. «¿No te acuerdas gentil bayamesa, / Que tú fuiste mi sol refulgente, / Y risueño, en tu lánguida frente, / Blando beso imprimí con ardor?».
El joven amante, se había «unido» a Carlos Manuel de Céspedes y José Fornaris para componer la primera canción romántica cubana: La Bayamesa. El tema fue motivo para una serenata que, en la madrugada del 27 de marzo de 1851, hiciera vibrar a Bayamo gracias a la voz del tenor Carlos Pérez, acompañado de los tres autores, un par de guitarras y un violín. «¿No recuerdas que en un tiempo dichoso / Me extasié en tu pura belleza / Y en tu seno doblé la cabeza, / Moribundo de dicha y amor?».
La pieza hacía suyos algunos patrones de la música europea predominantes en esta isla caribeña a causa de la influencia colonialista, y que ahora parían una suerte de cubanía, unos intentos de identidad nacional reflejados en los compases y las temáticas, como la belleza de los paisajes cubanos y de sus mujeres, el amor y la tristeza. «Ven asoma a tu reja, sonriendo; / Ven y escucha, amorosa, mi canto / Ven no duermas, acude a mi llanto; / Pon alivio a mi negro dolor». No en balde Bayamo es llamado la cuna de la nacionalidad cubana, pues en esa ciudad se han sembrado las semillas de la tradición, de la idiosincrasia de todo un pueblo.
Diecisiete años más tarde, el amor volvería a juntar a estos patriotas –Céspedes, Francisco Castillo y Luz Vázquez- para aunar sus fuerzas en la gesta libertadora cubana. «Recordando las glorias pasadas. / Disipemos, mi bien, la tristeza, / Y doblemos los dos la cabeza, / Moribundos de dicha y amor».
Sin embargo, la trascendencia de La Bayamesa, no solo reside en ser el germen de la canción romántica en la Mayor de las Antillas, sino que esta inspiraría otros tres temas nacionales reconocidos con el mismo nombre. En la manigua se mantendría la música, pero la letra sería modificada hasta concederle un tono más patriótico. La tercera canción -también nacida en esa tierra oriental- es nuestro Himno Nacional, de la autoría de Perucho Figueredo. Mientras que el último tema se le debe a Sindo Garay, quien se inspirase en los anteriores para esta nueva versión.











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