ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Ojito: «La noticia del premio solo la comparo con el nacimiento de mis hijos». Foto: Vicente Brito

Sin complejo alguno, lo mismo cuando era un estudiante noctámbulo de la Universidad de Oriente que ahora, cuando se codea con lo que más vale y brilla del periodismo en la isla, Enrique Ojito ha sostenido que nació en el fondo de la presa Zaza, ese lago artificial que tantas veces ha tenido que circundar –o incluso atravesar– en sus viajes de ida y vuelta a La Sierpe.

Siempre que lo afirma, él aclara a seguidas que no se trata de una metáfora ni de un episodio salido de los territorios de la fantasía, sino de una circunstancia tan real como sus propias manos: Bacuino, la sitiería donde vino al mundo; sus casas, sus cercados, sus naranjales fueron literalmente tragados por la crecida de aquellos temporales de 1972, que en cuestión de una semana llenaron la represa e incluso estuvieron a punto de destruirla.

Muy cerca de allí, en Palma, entre el puente del Mosquito y La Ferrolana, él descubrió cierto día el librero ortodoxamente ordenado por el abuelo Cachón y tiempo después, cuando cursaba el quinto grado en la escuela Antonio Maceo, de La Sierpe, vio por primera vez a un periodista: el reportero Félix Arturo Chang, a quien le aseguró que seguiría sus pasos.

Él mismo reconoce que por aquellos tiempos en su pueblo había dos o tres televisores y los periódicos llegaban de Pascuas a San Juan; sin embargo, tuvo el influjo de maestros como Argilio Meneses, que le inoculó el hábito de la lectura, y la suerte de descubrir en su propia casa las obras de Dora Alonso, Alejandro Dumas, Jack London… «Leía de todo –dice–, pero sin dejar de mataperrear».

Ya en la Vocacional Che Guevara, cuando según él tuvo la dicha de ser alumno de Marilyn Helguera, profesora de Español y Literatura, aquella promesa romántica de quinto grado fue tomando connotación obsesiva; se involucró en un círculo de interés organizado por los colegas de Vanguardia y finalmente se llevó el gato al agua: «Cuando el director anunció que había cogido la carrera de Periodismo, el teatro se vino abajo... Yo nunca me imaginé ni físico nuclear ni cibernético».

–Cuando te graduaste, hace ya más de 30 años, ¿qué sueños traías en la agenda?

–En septiembre de 1988 llegué a Escambray con ganas de comerme el mundo, como casi todo recién graduado, con proyectos de varias entrevistas de personalidad bajo la manga. Enseguida aprendí que a la cima de la montaña no se arriba en paracaídas, por veredas, ni de hoy para mañana. O sea, no tardé en comprender que la leña verde no hace fuego. Al poco tiempo bajé de la nube, y empecé a caminar con la ayuda de mis colegas; claro, sin dejar de soñar.

–¿Cuán difícil fue el camino para llegar a la raíz y no quedarse en las ramas en este oficio tan controvertido?

–Ese camino ha sido bastante pedregoso; a la raíz se llega con el auxilio de la investigación, que es el gen, la matriz del periodismo de pura raza. He tratado de no ser rehén del periodismo impresionista. No arriesgo la palabra por lo que supongo o creo a priori.

–Te acusan de meticuloso y un tanto preciosista, ¿virtudes o defectos?

–Es grato saber que me «acusan» de ello. El estilo es el ropaje del pensamiento, como alguien expresó. Honestamente, mis primeros textos para el periódico y la radio eran ampulosos, almibarados. Con el paso de los años, el estilo se pule, se destierra la hojarasca, lo artificioso.

–¿Te sientes mejor en un medio que en otro o puedes lograr un matrimonio armonioso entre estos?

–Sí pueden matrimoniarse sin mayores conflictos; la esencia radica en dominar sus respectivos lenguajes. Me siento a gusto en ambos medios. Tuve mi iniciación en concursos en la emisora serrana Radio 8sf, Segundo Frente, donde se respiraba ambiente de creación, lidereado por Eddy Gamboa y Jorge García. Con ellos confirmé que el discurso radiofónico posee una enorme capacidad dramático-expresiva. De la prensa escrita, disfruto esa memoria que queda por largo tiempo; esa posibilidad de reencontrarse con los lectores.

–¿Qué consejos les dictas a tus alumnos? ¿Les descubre todos los secretos?

–No les escondo la bola a mis alumnos; sería egoísmo profesional. Suelo recordarles la máxima de Tagore de que no pueden cruzar el mar simplemente estando de pie y mirando el agua. Si quieren construir una historia desde la a hasta la z, si quieren salir airosos en una investigación, tienen que empaparse. Para hacer periodismo hay que mojarse hasta el cuello si es necesario, sin temor a naufragar.

–Reportero, editor, director de noticiero, cuadro… ¿Qué disfrutas más en esta profesión?

–Cada uno de esos roles lleva a cuestas encantos y dolores de cabeza; cada uno me ha aportado para el ejercicio periodístico.

–¿Te arrepientes de haberle dedicado hasta tu propia salud a cambio de algunas gratitudes y muchos sinsabores?

–Ni por un segundo me arrepiento de haber apostado por el periodismo, y lo ejemplifico. A escasos días de publicado el artículo En duelo con la muerte, enfocado en el suicidio, me llamaron por teléfono dos lectores: un anciano de Iguará, que me invitó a su casa para conocer la encrucijada en que vivía, y una mujer de Trinidad, cuyo padre, de 81 años, mostraba una conducta suicida. Si puse a pensar a aquella hija, si contribuí a salvar a su padre, ¿cómo me voy a arrepentir de la profesión?  

–En la época de internet y las redes sociales muchos afirman que todo el que tenga un móvil o una cámara puede hacer periodismo. ¿Concuerdas con esa tesis?

–No concuerdo. Es verdad que asistimos a una nueva arquitectura mediática, signada por la convergencia de los medios tradicionales y los llamados Nuevos Medios Sociales. Este escenario crea cierta zozobra en el gremio, que deberá reinventar el periodismo, despojarlo de la verticalidad en la producción noticiosa y construir un discurso capaz de influir y atrapar verdaderamente a las audiencias desde la especialización periodística.

–Cuando recibiste la noticia del Premio José Martí, aun sin creértelo todavía, ¿en qué pensaste?

–La noticia del premio solo la comparo con el nacimiento de mis hijos. Ante todo, pensé en mi papá, el hombre que me enseñó que las ideas no se injertan, sino que se siembran; pensé en mi mamá, una mujer que costeó mis gastos universitarios en Santiago de Cuba con su salario de auxiliar de limpieza. Pensé, también, en mi gente de Escambray, donde me curtí como periodista.

–Después de ganar alrededor de 300 premios, de ser admirado por los colegas en toda Cuba e, incluso, merecer el José Martí, ¿no te crees ya una estrella, al menos fugaz?

–Ni fugaz ni permanente. Estrella es José Martí, que continúa iluminándonos con una obra periodística notable; estrella es Pablo de la Torriente Brau, quien murió en España, pluma en ristre y rifle al hombro, como dijo Roa. ¿Yo?, yo no he hecho nada extraordinario.

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Ana dijo:

1

14 de marzo de 2020

11:57:11


Felicidades Ojito. Te tengo cariño casi desde niño, pero admiro tu humildad, tu entrega sin límites. Tus padres fueron el ejemplo q has e engrandecido. Te respeto mucho. Éxitos y un beso mio

Odalis dijo:

2

14 de marzo de 2020

13:13:54


Muchas Felicidades por el periodista y hombre que eres, el ser humano excepcional, sencillo, humilde, perseverante, y triunfador en tu profesión, tu vida personal, y por qué no, por ser ejemplo de periodista revolucionario para las actuales y futuras generaciones. Ojalá muchos se inspiren en ti y tus valores, principios y forma de vida y hacer periodismo. También felicidades para ti y Arelis y todos los peridistas cubanos por el Día de la Prensa.