Como sucede con la bandera de la estrella solitaria, las palmas ondean en las letras cubanas. Motivo de inspiración lo mismo en suelo patrio que en la lejanía, los poetas las pintan en poemas cuando piensan en la tierra donde han nacido.
Hay unas que llegan a doler cada vez que se leen o las recuerda quien las hubo de aprender. Las escribió el bardo santiaguero José María Heredia –nacido en 1803 y fallecido hace hoy 180 años– considerado, para orgullo nuestro, el primer poeta romántico de América. La lengua española lo acoge entre los grandes y el mundo lo conoce como el cantor del Niágara.
Fue justo frente al torrente de las famosas cataratas –las que dejaran mudo de estupor al descollante humanista, abogado, traductor, dramaturgo y conspirador contra la colonia española– que Heredia las nombrara, con expresión quejosa y absoluta conciencia de su condición de proscrito, la que ganaría tras saberse su participación en la Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar: Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista / Con inútil afán? ¿Por qué no miro / Alrededor de tu caverna inmensa / Las palmas ¡ay! las palmas deliciosas, / Que en las llanuras de mi ardiente patria / Nacen del sol a la sonrisa (…).
Una fecunda obra poética nos dejó como herencia venerable este hombre enamorado que cantó al cielo y al sol de Cuba, el que escribiera, al decir de Cintio Vitier, por primera vez «entre nosotros el encuentro solemne de la conciencia y la poesía».
Con su Oda al Niágara firmó la «primera declaración de independencia de nuestra poesía, no por el tema, no por la forma, sino por la inspiración original arrancada de cuajo de su propio pecho solar». Con su lírica afligida y perfecta, nos legó el símbolo del dolor en el destierro. Nadie que lo haya leído podría separarlo de las amadas palmas; ni mirarlas sin que, en romántica y arrebatada emoción, Heredia hable por nosotros.











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Orlando B. dijo:
1
7 de mayo de 2019
04:10:17
Pérez Nápoles dijo:
2
7 de mayo de 2019
14:11:06
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