El sacrificio de un ciervo sagrado (sala 1, Multicine Infanta) permite ponerse en contacto con el penúltimo filme (2017) de Yorgos Lanthimos, uno de los directores más sorprendentes de los últimos tiempos y autor de La favorita, la que posiblemente haya sido la mejor película entre todas las que integraron la carrera por el Oscar en la más reciente contienda. Tan buena, y al mismo tiempo tan renovadora para los cánones del Hollywood tradicional, que al final no resultó premiada.
Lanthimos es el principal exponente de un movimiento que ha dado en llamarse la Nueva Ola del cine griego, un grupo surgido a partir de las reiteradas crisis económicas y políticas que asolaron a esa nación. También conocido como «cine raro», o cine distópico, son filmes sin entradas seguras en las salas comerciales, pero que desbordan un talento innegable.
El movimiento agrupa lo mismo títulos de escaso presupuesto, armados con «lo que aparezca», como otros, ganadores de importantes premios internacionales, reverenciados por la crítica y con reconocidos actores asumiendo papeles protagónicos. Tal es el caso de la sorprendente cinematografía de Yorgos Lanthimos quien, a partir de 2009, con Canino, fue desarrollando un universo particular de concebir ficciones influido, en cierta medida, por cineastas del calado de Luis Buñuel y Robert Bresson.
Del primero, el abanico de sorprendentes interpretaciones que se derivan de sus historias, y del segundo, un desasosiego existencial contemporáneo que lo motiva a buscar significados artísticos a tono con los tiempos que corren. Influencias a las que habría que añadir otras dos, desprendidas del filme que hoy nos ocupa: los tenebrosos mundos de Michal Haneke (el de Juegos peligrosos), y el Stanley Kubrick de Ojos bien cerrados.
Un cine, el de Lanthimos, que bebe de los conflictos de sociedades que parecen perder el rumbo, y de ahí su preocupación por un futuro en el que cualquier cosa pudiera suceder a partir de la incomprensión y la violencia. Conflictos que pertenecen a una realidad otra, «rara», absurda si se quiere en su connotación metafísica, pero punteada por una poética que coloca al ser humano por encima de todos los dilemas.
El sacrificio… habla de un cirujano cardiovascular (otra vez Colin Farell en la cinematografía del griego) que pierde a un paciente y de la posible revancha por parte de un familiar.
Un thriller sicológico con ambigüedades y diversas interpretaciones construidas a plena conciencia, ya nunca debe esperarse de este director historias cerradas y con respuestas precisas hacia los finales.
Exceptuando la ya mencionada La favorita (que pronto podremos ver), El sacrificio de un ciervo sagrado es el filme donde Lanthimos utiliza menos el desconcierto para crear ese humor raro e irónico del que hizo gala en Langosta.
Ahora prefiere recrear tensiones y se apoya en diferentes soportes técnicos y artísticos, ¡la música!, para lograrlo. Una cinta en la que prevalece igualmente la misma manera mecánica de pronunciarse los diálogos que se vio en Langosta y que junto al desconcierto y la contención de información termina siendo estimulante y misteriosa dentro de su clasificación de película «rara», sin olvidar que Lanthimos vuelve a aprovechar el entorno de su familia burguesa –excelente Nicole Kidman como la madre con hijos amenazados– para afilar no pocas miradas críticas.











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Alejandro Fernández Costa dijo:
1
10 de marzo de 2019
21:48:16
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