ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Dee Dee Bridgewater (I) se presentó por primera vez en Cuba junto a su compatriota Theo Croker, en la sala Avellaneda del Teatro Nacional. Foto: Ariel Cecilio Lemus

El fervor de los cubanos por el jazz está fuera de toda discusión, como también la percepción de que si se quiere tener de primera mano una idea de los rumbos que toma la variante latina en los tiempos actuales, hay que venir a la Isla.

Ambas realidades fueron confirmadas por el desarrollo del Jazz Plaza 2018, festival que tuvo por sedes las ciudades de La Habana y Santiago de Cuba.

Los compases finales fueron ejecutados, en el caso de la capital del país, por el compositor y pianista Roberto Fonseca, que reivindicó en el Teatro Nacional su empatía con los efluvios de las llamadas músicas urbanas –paraguas que engloba las tendencias prevalecientes en las tres últimas décadas en el hip hop, el rap, el rythm and blues, el soul, el grunge, todo ello mezclado y en el caso cubano sazonado por el más imaginativo de todos sus cultores, X Alfonso–; y en la ciudad  oriental, por el grupo canadiense The Shuffle Demons, reconocidos por su muy divertido estilo fusión, la tropa del santiaguero Iván Acosta, la steel band de El Cobre y el grupo trinitario Ákana, unidos en una fiesta callejera en la Plaza Dolores.

Pero en los días precedentes, desde que el pasado martes   quedó inaugurado el festival, hubo mucha música interpretada por más de 50 colectivos e individualidades de 15 países, incluidas las formaciones y solistas de casa.

Como un acto de revelador simbolismo el público entendió la apertura a cargo de Bobby Carcassés, no solo por su decisiva participación personal en la fundación de Jazz Plaza, sino también por su incombustible modo de arrimar el jazz y el blues a los géneros cubanos.

En la propia sala Avellaneda transcurrieron jornadas memorables, como la protagonizada por Chucho Valdés. Resulta sumamente interesante cómo, a partir de la cumbre que representa Chucho en la pianística jazzística cubana, otros más jóvenes han ido escalando con voz propia y probadísima maestría. Los conciertos que lanzaron al ruedo los fonogramas Con los pies sobre mi tierra y Mi monte espiritual, de Roberto Carlos Rodríguez, Cucurucho, y Alejandro Falcón, respectivamente, demostraron la enorme estatura  artística de ambos tecladistas.

De los visitantes extranjeros, las palmas se las llevaron  varios de los músicos que viajaron desde Estados Unidos, quienes reafirmaron los fluidos vasos comunicantes que propicia el jazz de uno a otro pueblo.

Conmovedor el concierto de Dee Dee Bridgewater. «Esto es absolutamente fantástico», dijo en la escena al comprobar la calidez del público que transitó del éxtasis al jubiloso estallido ante los temas que desgranó, de acuerdo con la intensidad lírica o la pasión desbordada que dosificó desde la autenticidad de su estilo.

La vocación de servicio de Joe Lovano también dejó  una huella en el festival. Que uno de los grandes saxofonistas de la hora actual haya trabajado –como lo hizo igualmente el congolés Ray Lema con los alumnos de la Universidad de las Artes– con jóvenes cubanos en plena formación, como los que se agrupan en la Joven Jazz Band, dirigida por el maestro Joaquín Betancourt, y la Sinfónica del Conservatorio Amadeo Roldán, habla de su grandeza.

Los aficionados descubrieron a una de las leyendas vivas del jazz, el pianista Randy Weston, y a un saxofonista excepcional, Ted Nash; este último estremeció a los asistentes a su concierto en el teatro Martí, de la urbe oriental, donde, por cierto, comenzó el festival nada menos que con Omara Portuondo.

En tal sentido, Jazz Plaza se atempera a una práctica internacional, que no hace distinción entre las más puras esencias del complejo musical nacido en las comunidades afronorteamericanas y otras especies musicales que de algún modo privilegian la improvisación y honran el espíritu de libertad característico del jazz.

Es por ello que en La Habana hubo espacio para la resurrección de la orquesta Buena Vista Social Club. Pero si se trata de subrayar un momento signado por la experimentación, tendremos que detenernos en la tanda que articuló en la sala Covarrubias durante algo más de hora y media a la orquesta Aragón, el saxofonista Michel Herrera y su banda, y ese fenómeno de la música popular bailable contemporánea que se nombra Alaín Pérez.

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Jose vicente dijo:

1

23 de enero de 2018

01:41:00


Crónica muy acertado. Falta precisar que "los aficionados descubrieron al pianista Randy Weston" si acaso a través de sus composiciones o por videos porque este señor ya falleció hace años.

Victores dijo:

2

25 de enero de 2018

11:12:50


Dee Dee Bridgewater magnifica como lo esperaba, por suerte pude disfrutar su concierto, esperamos por otros que han prometido venir.