Procedentes de la escena electrónica española, padres del llamado sonido ibérico y expertos en transformar cada escenario en sonadas raves, los djs y productores Chus+Ceballos debutaron recientemente en Cuba con un concierto de casi tres horas en la Fábrica de Arte, donde este dueto demostró ante las criaturas del underground cubano que, a pesar de llevar casi 20 años en los escenarios, sigue estando en forma y viviendo nuevos días de gloria electrónica.
Chus+Ceballos atacó con temas clásicos de su repertorio y estrenó otros títulos que mantienen su mestizaje estilístico pero con una orientación sonora más contemporánea dentro de ese género llamado internacionalmente iberican sound.
Este estilo definió un punto de transición en la música electrónica y se enrumbó hacia la experimentación con el house, sonidos de las llamadas músicas del mundo, y el tech house.
Con esta variante rítmica, unida a la destreza en el uso de las nuevas tecnologías, los Chus+Ceballos alcanzaron un sonido innovador que los ha colocado en el cartel de los festivales de mayor empuje de la música electrónica en el mundo y como dj residentes en codiciadas plazas como Ibiza.
El nombre del dúo en Cuba es muy conocido en el ámbito alternativo, especialmente entre los djs y productores locales, que desde hace más de una década lo han asumido como una de sus influencias más arraigadas. Eso explica que entre el público se encontraran varios djs y productores cubanos que tomaron nota de la presentación y de la probada eficacia del dúo para mover a las masas y llevarlas, sin escala, hacia el éxtasis.
En el concierto, coordinado por la Fábrica de Arte y el proyecto Vedado Social Club, Chus+Ceballos compartieron escenario con Iván Lejardi y El Chino Dreadlion, quienes sirvieron de teloneros a estos españoles que agradecieron la entrega de los adeptos a la noche y los placeres de la electrónica, subiendo las revoluciones de sus mezclas y disparando desde las mesas arreglos y beats tan calientes que lo demás ustedes se lo pueden imaginar: cientos de personas bailando con un vertiginoso ritmo que tomó posesión de sus cuerpos y los arrastró hacia ese mundo enigmático de las pistas de baile, donde la electrónica más vehemente y original es, sencillamente, la única religión a seguir.











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