ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Hereros, muestra en la Fototeca de Cuba. 

Hereros es una muestra excepcional por lo que cuenta y la manera de hacerlo. En la Fototeca de Cuba, ubicada en la Plaza Vieja del centro histórico de la capital se exhibe un conjunto de 60 fotografías de gran formato realizadas por el artista brasileño Ser­gio Guerra, sobre la actualidad de un grupo étnico que habita el sur de Angola y el norte de Namibia.

Los hereros arrastran una historia trágica y al mismo tiempo resistente y hermosa. Fueron víctimas de uno de los actos más atroces de la era colonial, cuando en 1905 el ejército del Káiser alemán, ocupante de vastas zonas del África suroccidental masacró a la población mediante el uso de armas químicas probadas entonces antes de la Pri­mera Guerra Mundial.

Tanto los usurpadores sudafricanos que se adueñaron luego de la actual Namibia como el colonialismo portugués en Angola reprimieron y segregaron a los hereros, pe­ro nunca pudieron someter ni sus costumbres ni su espíritu.
Sergio Guerra descubrió las comunidades de esa etnia cerca de la frontera angolana con Namibia y bien pronto se dio cuenta que los kuvale (hereros angolanos) ha­bían mantenido viva su cultura aun cuando se insertaban en la dinámica de los nuevos tiempos de esa nación.

Desde 1999 el fotógrafo, una y otra vez, to­mó imágenes de los kuvale, luego de ga­nar su confianza y respetar sus expresiones autóctonas.

Sin embargo, el arte de Guerra dista de ser una exploración etnográfica. También resistió la tentación, muy difícil por cierto, de mostrar a esos seres humanos con la es­tética de los reportajes de la National Geo­graphic Magazine o de esos frecuentes proyectos que explotan el llamado “color lo­cal” con fines exóticos.

La clave del acercamiento de Sergio Gue­rra a la realidad de los hereros está en lo que ha explicado uno de los comisarios de la ex­posición, el curador y promotor valenciano Amador Griñó: “Sin un espíritu abierto de miras, es difícil comprender otras culturas basadas en principios y valores estéticos o morales diferentes y a veces opuestos a los nuestros por tantas razones. No se trata de un problema de tolerancia, tolerancia es una fea palabra que indica la existencia de una parte dominante o autoritaria que nos permite aceptar a los otros; es un problema de libertad, igualdad y sobre todo de amor”.

Las imágenes de Guerra son realmente hermosas porque reflejan la belleza de la otre­dad. Se nos hacen comprensibles y en­trañables porque parten de la revelación de una intimidad gozosa, aunque sean os­tensibles los códigos de un oficio descriptivo que es familiar por tradición. El ojo de Sergio Guerra entrenado en la cultura vi­sual occidental, echa a un lado prejuicios y convenciones para conjugar un testimonio vital y una estética propia.

El mismo confiesa: “este es el testimonio de lo que pude ver; ante la escasez com­parten siempre el alimento con los demás; cultivan la solidaridad, evitan el personalismo y el egocentrismo, practican una eco­nomía familiar muy inteligente que se preocupa por la ampliación del patrimonio co­lectivo, honran y celebran a sus antepa­sados, ejercen con gran eficacia la justicia. Frente a las innumerables amenazas del mundo llamado civilizado, no toman una actitud inflexible ni de aislamiento fundamentalista, no se niegan a la reflexión, al diálogo y al cambio; es más, ya tuvieron que cambiar y cambiaron a lo largo del tiempo. Pero desean continuar siendo aquello que siempre fueron y saben ser: hereros”.

La exposición es el proyecto más completo de Sergio Guerra, un pernambucano de 55 años de edad, que an­tes de trabajar en Angola, reflejó con éxito imágenes de la cultura popular brasileña, con particularidad la de Salvador de Bahía.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.