La historia del cine ha sido erigida por realizadores que constantemente actúan sobre nuevas formas de creación. Algunos hacen mutar la representación de lo visual, otros prefieren fracturar las formas convencionales de narración y otros exploran temas que parecían vedados; aún así, lo que hace a los grandes cineastas es la búsqueda (y por supuesto, la conciliación) de una esencia que supera cualquier aspecto formal. Se trata de la preferencia incondicional por la verdad, o al menos por lo que supone ser un reflejo puro de los deseos, preocupaciones, miedos y obsesiones del creador.
Dentro de ese interminable linaje de directores que han forjado la “historia de la verdad en el cine” se encuentra definitivamente la japonesa Naomi Kawase. En su filmografía confluyen muchos de los rasgos que definen los principales movimientos cinematográficos: sus filmes se pueden lanzar contra la realidad y exponerla casi sin quebrantarla, como alguna vez hizo el Neorrealismo italiano, o valerse de historias cotidianas y personajes prácticamente anónimos para explorar con melancolía la intimidad familiar y reflexionar sobre ella de la misma manera que lo hacía el cine de la Nueva Ola francesa. A la misma vez, su obra conserva la tranquilidad narrativa y la belleza pictórica que el cine asiático (y en este caso el japonés con mayor fuerza) ha desbordado en sus películas desde un comienzo. De alguna forma la perfección visual de las películas de Yasujiro Ozu y la afiliación a lo filosófico de Akira Kurosawa, son huellas que permanecen en sus filmes.
Es Kawase una de las más importantes e influyentes directoras del cine contemporáneo que hasta la fecha ha sido laureada en múltiples ocasiones incluyendo dos premios en el festival de Cannes, sin embargo, a las pantallas cubanas nunca antes había llegado. La Cinemateca de Cuba —en colaboración con la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños— propició este miércoles 20 no solo el estreno en la Isla de El bosque del luto (Gran premio en Cannes 2007 y una de sus más importantes obras), sino también un encuentro que permitió al público intercambiar ideas con esta realizadora. El encuentro fue una oportunidad para los cinéfilos cubanos de experimentar lo que alguna vez Pasolini teorizó como cine de poesía.
* Especialista de la Cinemateca de Cuba











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Marlen Santos dijo:
1
21 de julio de 2016
11:26:07
Virginia dijo:
2
29 de julio de 2016
00:24:40
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