ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
René de la Nuez. Foto: Juvenal Balán

La risa es carcajada; la sonrisa, reflexión; y aunque tras la primera puede aparecer la cavilación, la segunda es la meditación misma, de modo que sonreír garantiza con solo el gesto, la aprobación o el reparo, pero nunca se sonríe porque sí.

Tal vez por eso, y aun cuando está dedicado al humorismo, que es risa potencial, el espacio que conduce la escritora Laidi Fernández de Juan se denomina Miércoles de sonrisas —y no de risas—. Sus invitados, siempre ligados al arte de enjuiciar la realidad desde su arista cómica, tienen el don de crear con responsable inteligencia. Así, cuando su respectiva obra se desmonta en la velada, el público no puede menos que sonreír llevándose consigo un nuevo conocimiento, mientras se le rinde tributo a lo mejor de la cultura humorística cubana.

La más reciente de sus ediciones estuvo dedicada a uno de los imprescindibles dentro del arte gráfico cubano, el caricaturista, dibujante, periodista, artista de la plástica y profesor René de la Nuez (1937-2015) cuyo recorrido por la cultura insular marcó pautas insoslayables que valoró en esta ocasión el crítico de arte Axel Li.

Por más de 90 minutos, Li desanduvo el sinuoso trayecto artístico del autor del Loquito, una de las más puntuales creaciones del homenajeado —que viera la luz en 1957, en el semanario Zig Zag, y se convirtiera en ícono de la crítica a la dictadura de Fulgencio Batista— acaso “el punto de partida” pero ni el único ni el centro de la charla del orador, denominada En torno a (otro) Nuez.

A este cubano esencial, merecedor del Premio Nacional de Artes Plásticas, y desde cuya obra es posible palpar intervalos decisivos de la historia del país, le debemos también personajes como Don Cizaño, contrafigura del Loquito, que representaba la prensa contrarrevolucionaria; Mo­go­llón; Negativo Compañero; Blandengo, y Barbudo, este último con obvia referencia al pueblo, defensor de su Revolución.

Convencido de que la clave del artista sería su línea, como elemento formal para comprender sus propuestas, Li refiere que “su arte era la variación de la línea una y otra vez. Sus trazos mutaron y, al verlos, delatan el ritmo de un pensamiento individual-colectivo, de una voluntad estética, de un riesgo por ser en el arte”.

“Él fue de los que se quedó en el ‘reinado’ del dibujo de prensa —apuntó Li— ese que comunica y cumple con el encargo editorial”.

La acotación, apoyada en la inolvidable presencia de Nuez en rotativos como Revolución, Granma, y el semanario humorístico Palante,  por solo citar algunos, fue también sostenida por los argumentos que esgrimió en torno a varios libros de y sobre Nuez.

Li, compilador y autor de textos que aparecen en el título El Loquito: (re) visiones, insiste en la linealidad del artista en tanto mantuvo en sus más modernas creaciones muchas de las primeras líneas que esbozó. El eficaz uso del trazo le permitió representar disímiles temáticas en las que ahon­dó con igual éxito desde diversos escenarios. En un aparte destacó la versatilidad de Nuez para profundizar tanto en lo popular como en lo callejero hasta lograr la inmortalidad lineal de hechos, periodos y circunstancias.

Para Li fue importante destacar la condición de artista trascendental que es Nuez como referente de la cubanía, y que, aun cuando la proeza gráfica que fue el Loquito  lo marcara, existe una amplísima obra muy desconocida en el presente, esencial para acceder a nuestra realidad social desde la memoria dibujada que nos legó este creador, que aparece en algunas listas como uno de los mejores caricaturistas del orbe.

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