ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Joni Mitchell. Foto: Tomada de vogue.fr

Hay más de un millón de cuerpos sobre la  are­na conviviendo en armonía entre el ba­rro, el sudor, el amor libre, las  ilusiones, la re­bel­día y un puñado de ideales de paz, amor y música. Por el escenario ya han desfilado in­ci­pientes leyendas empeñadas en defender el simbolismo de una generación que mientras transcurrían las horas tomaba conciencia de que estos tres días  pasarían a la inmortalidad. Jefferson Air­pla­ne, Richie Ha­vens, Cree­dence, Clear­wa­ter Re­vi­val, Carlos Santana, The Who y Jimi Hen­drix, entre muchos más, ya habían enardecido a las masas en este festival organizado  en una granja en las afueras de Nueva York. Pero en Woodstock 69, los tres días más importantes para la consagración del movimiento hippie, también faltaron varias figuras que solo con su presencia hubieran incrementado los mitos y la trascendencia del padre de los festivales de rock.

Una de ellas responde al nombre de Joni Mitchell, quien pocos años más tarde se convertiría en uno de los nombres más influyentes del universo del folk. Pero volvamos a 1969 y, específicamente, al evento más importante del hippismo. La Mitchell estaba programada para participar en el cartel, pero nunca aterrizó y su ausencia, a  través del tiempo,  dio lugar a varias historias. Por un lado cuentan que la canadiense declinó la invitación a última hora para participar en un programa de televisión; por otro que el helicóptero que la llevaría a Wo­o­d­s­tock nunca logró aterrizar.

Por aquellos tiempos Joni Mitchell era una chica de 26 años que en 1969 se venía consolidando como un referente del mejor folk con letras a veces duras, a veces melancólicas. Entre ellas aparecían temas como Both Sides Now, que la re­velaban como una compositora muy compleja, nada complaciente, que mostraba una  madurez muy sorprendente para su corta edad.  Era como si detrás de su timidez de veinteañera se ocultara una mujer madura, curtida en la pelea del tiempo, que venía de regreso de casi todo. Pero no. Allí estaba en 1967, en medio de la vanguardia del circuito musical neoyorkino, una muchacha delgada, de pelo muy rubio decidida a probar suerte en la bohemia del Greenwich Village, un barrio donde poco antes figuras en alza como un joven Bob Dy­lan comenzaron a construir su propio mito.

Nacida en una ciudad ca­na­diense, cuando Joni Mitchell trasladó su cuartel general a las montañas de Ho­lly­wood ya tenía  todo para consagrarse como una de las grandes e influyentes figuras de su generación. Y lo consiguió. Con una voz cristalina, sin artificios, ya había publicado en 1971 discos como Clouds, Song To A Seagull y For The Roses, construidos sobre letras que descienden a las profundidades del alma humana, hablan de autonomía, libertad , fracasos, utopías y dibujan un retrato muy íntimo de su época y su generación, en la que ella comenzaba a darle vida  a su propia leyenda como una pionera del folk, con una música a medio camino entre las historias de los viejos trovadores estadounidenses y la obra que por aquellos días ponía en marcha Dylan. Pero cuando presentó  el disco Blue, puso la escena estadounidense a sus pies y demostró, definitivamente, que iba ser una de las grandes estrellas de la música. No era para menos. Blue es uno de esos discos que tras una primera escucha te conectan con cosas que no quieres recordar pero inevitablemente salen a flote, y te hacen formar parte indisoluble de una época aunque no la ha­­yas vi­vido.

A inicios de 1970 ya era considerada un emblema de la generación hippie gracias a discos como el propio Blue. Pero como hizo en su día  Bob Dylan, Joni también  se desmarcó de su papel de ícono y continuó un camino enfilado a realizar su obra en silencio. Tanto que en una ocasión se retiró por un año a las mon­­tañas canadienses, sin electricidad, como si estuviera persiguiendo que la naturaleza le hablara como en un ritual.
Si tomamos como destino lo que vino des­pués, tendríamos que decir que ese retiro espiritual  fue un subidón de energía y le abrió de­finitivamente las puertas hacia otras di­men­siones en la música. Joni despacharía lue­go álbumes como Court & Spark,ˈThe Hissing Of The Su­mmer La­wns y ˈMingus,ˈ un álbum que de­dicado al astro Ri­chard Mi­n­­gus sigue  su incursión en el mundo del jazz, un lenguaje que diversificaría su mú­sica y la marcaría para siempre.Ya en este momento Joni  daba libertad a todas sus ansias creativas incorporando instrumentistas de jazz a sus sesiones, convirtiéndose en la cantante de una banda de rock y escribiendo letras que  sin dejar de rozar las utopías del hippismo se adentraban con mordacidad en los lados más oscuros de la sociedad estadounidense.

Sin la folclorista canadiense de 71 años, po­si­blemente no hubieran existido nombres co­mo Je­wel, Alison Kra­us, o Sarah Lee Guthrie, quienes se reconocen hijas del absorbente y delicado folk de Joni Mitchell, autora de una  muy extensa  discografía en la que aparecen  clásicos como Big Yellow Taxi, Clouds, Woods­tock o Ri­ver.

En meses recientes el mundo de la música se estremeció con la noticia del ingreso de Joni Mitchell tras un aneurisma cerebral, del cual, según dijeron a Granma fuentes cercanas a la artista, se sigue recuperando. De ahí que todos esperamos que esta pintora, escritora, cantante  y compositora vuelva al rue­do para que su estrella folk siga brillando en el firmamento de la mejor música de todos los tiempos.

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Jose V dijo:

1

27 de junio de 2015

09:28:42


¡Qué bueno recordar a Joni Mitchell por estas fechas! Los que hemos podido ver y disfrutar materiales tales como el documental sobre el Festival de la Isla de Wight, donde aparece la Mitchell interpretando una pieza clásica de su repertorio (Woodstock), o la serie “Historia del Rock 'n' Roll”, donde se hace una referencia a dicha actuación, cuando fustiga a parte del público por su irrespeto a los artistas participantes, la recordamos en todo su esplendor. Cuenta el anecdotario que entre lo que contribuyó a crear una química entre Jimmy Page y Robert Plant fue su gusto por las canciones de Joni Mitchell. No conocía el disco dedicado a Carles Mingus; me interesaré por buscarlo y oírlo. Muy buen artículo, Michel, por demás.