
Este no es un texto para leer en calma. Este no es un viaje que quisieran hacer aquellos que no comprenden que la música puede transformarse en una verdadera locura que remueva los cimientos de lo conocido y abra nuevas puertas en los pasillos del inconsciente humano. Así que, ya alertados, queda por ustedes la decisión: pueden bajarse ahora del tren y dedicarse este sábado a cualquier otra cosa más saludable que empaparse de un reguero de letras que hablan con ironía de asesinos psicópatas, de enfermedades raras, de grandes edificios, y de la desbordada imaginación de un persistente tipo que a sus 62 años es una especie de gurú de la experimentación musical. Pero si después de todo acceden a correr el riesgo, abróchense los cinturones que nos vamos a un viaje interespacial que se inicia en 1975 en los ambientes tenebrosos y sórdidos del mítico club neoyorkino CBGB.
Este antro predilecto por los habitués del underground, ya estaba acostumbrado a refugiar a ejércitos de engendros sonoros que cambiarían el rostro de la música con canciones apabullantes que hablaban lo mismo de los infiernos humanos, de la oscura poesía de los callejones sin salida que de irse de juerga a todo trapo para robarle a la noche todos los placeres que le podemos arrancar cuando tenemos menos de 30 años. O quizás un poco más. Pero esta noche de 1975 pasó también a la historia del CBGB. Sirviendo de teloneros a Los Ramones —si usted llegó hasta aquí sabrá lo que significa eso— trepan al escenario tres personajes con una apariencia que se alejaba de los cánones más alternativos de la época y comienzan a escupir canciones raras, muy raras, que en un principio nadie entendía. Y todavía hay algunos que les gustaría asomarse al cerebro de su líder, David Byrne, para despejar algunas de esas incógnitas que han acompañado hasta hoy la historia de la humanidad. Solo unos meses después Talking Heads (Cabezas Parlantes) se transformó en una revelación, en una banda indescifrable que parecía que había bajado de Marte para conquistar la Tierra porque no tenían nada mejor que hacer. Y lo lograron por goleada.
Los Cabezas Parlantes se ubicaron a la cabeza del avant-garde con una sonoridad a caballo entre el pop, el rock, el funk y el punk y otra batería de ritmos que los convirtieron en un grupo que no se parecía a nada, algo que quedó retratado también en varios de los videos que Andy Warhol grabó para ellos. Tras casi dos décadas de andar rodando por los escenarios como un testimonio vivo de las vanguardias musicales, la banda se disolvió en 1991 y no volvió a unirse hasta el 2002, cuando ingresó en el Salón de la Fama del rock and roll.
Después de aquella reunión histórica, su legión de seguidores ha reclamado con persistencia el regreso de Talking Heads, pero David Byrne no lo maneja como probabilidad. “Ah, Talking Heads no va a tocar juntos de nuevo, no creo. Yo me he movido en forma creativa, aunque sigo estando muy orgulloso de lo que hicimos en esa época”, dice Byrne a Granma desde Nueva York en una entrevista por correo electrónico. Aunque sus inicios estén ya muy lejos en espacio y tiempo, la música de Talking Heads suena como un fenómeno rabiosamente contemporáneo. De ahí que Byrne, como pocos, tenga la facultad de evaluar con precisión los caminos actuales que rigen la música.
“La escena de la música ha cambiado mucho, con la Internet es más fácil promocionar la música, y crear sin interferencias, pero es más difícil que las personas sepan que existes porque hay mucho allí. Al mismo tiempo, también por Internet, se dificulta evolucionar en silencio, en privado, hasta que el trabajo esté listo para el público”.
Byrne, nacido en Escocia y ganador de un Oscar por la banda sonora de El último emperador, de Bernardo Bertolucci, ha establecido una relación muy estrecha con la música cubana, lo que lo condujo, en 1991, a convertirse el primero en publicar en Estados Unidos a Silvio Rodríguez y Los Van Van bajo su sello Luaka Bop.
“No desafiamos el bloqueo precisamente, sino que encontramos una laguna en el mismo. Un abogado que sabía que estábamos interesados en la música latina nos dijo que había una posibilidad de evadir el bloqueo. En ese momento se podían obtener discos de vinilo de Los Van Van y Silvio en la tienda de discos en la estación del metro de la calle 42 (ya no existe), pero fueron importaciones ilegales. Para la mayoría de la gente en los Estados Unidos la música cubana desapareció. De todos modos, nos dimos cuenta de que la música nunca se detuvo cuando el bloqueo empezó, se iba evolucionando en formas interesantes, pero los norteamericanos, quienes bailaban la rumba y el chachachá por toda la ciudad, no tenían conocimiento de eso: para ellos el grifo se cerró —¡ni siquiera sabían si había todavía agua en el pozo! Habíamos escuchado algo de lo que llegaba hasta Nueva York, y nos encantó, así que decidimos encontrar una manera de divulgar esa música. “El hecho de que Silvio, quien nunca había hecho un CD de sus ‘grandes éxitos’, nos permitiera hacerlo, era muy conmovedor y halagüeño y mostraba que él mantenía la esperanza, que era optimista, de que las cosas podrían cambiar. Y por supuesto los temas de Los Van Van y Celeste Mendoza fueron una revelación para la gente aquí”, recuerda Byrne y agrega que “por fin hay un cambio en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, ya veo que ha habido intercambios culturales iniciados en Nueva Orleans y otras ciudades que siempre han estado conectadas con Cuba”.
A sus 62 años David Byrne luce la energía de un adolescente de 15, lo mismo en la creación musical que en la apariencia física, algo que puede responder a su afición por recorrer en bicicleta las calles de medio mundo. Por lo que no debemos sorprendernos si un día de estos lo descubriéramos pedaleando por cualquier provincia cubana. “Recuerdo cuando un montón de bicicletas fueron llevadas a Cuba durante el periodo especial, me encantaría andar en bicicleta allí. Eso sería perfecto”, arriesga David.
Obviamente Cuba no es un país desconocido para el autor de Psycho-killer. Hace más de 20 años hizo su primer viaje a la Isla como antesala a la publicación de Silvio y Los Van Van en Estados Unidos; y casi tres décadas después de aquel hito, David Byrne quiere regresar, pero ahora en plan de ofrecer un concierto.
“No tengo espectáculo ensayado hasta el momento, pero por supuesto me encantaría ofrecer un concierto en Cuba”, afirma con seguridad el líder de Talking Heads. En cualquier caso, viendo de quien se trata, ese deseo tiene todas las cartas para ser algo más que una probabilidad.











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Lee dijo:
1
9 de mayo de 2015
10:35:20
MARCOS dijo:
2
10 de mayo de 2015
08:45:08
Luis dijo:
3
11 de mayo de 2015
07:18:03
Capotyra dijo:
4
31 de mayo de 2015
09:44:49
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