
Conversar con María Elena Llana es un ejercicio espiritual que vale la pena practicar. De ser mi vecina con toda seguridad me costaría mucho dejar el encuentro cotidiano en un simple saludo porque en ella cada comentario es útil, o al menos este es el modo en que asimilo su palabra.
Leer sus cuentos es una forma de tenerla cerca. Es de esas escritoras que no pueden dejar de contar historias porque le es vital. Por eso se le da tan bien el género, que es lo que se propone hacer. “Me atrapó desde mis inicios y nunca lo he considerado un escalón o un entrenamiento hacia la novela que, en narrativa ficcional sería el obligado paso siguiente.
Me gusta la concentración de recursos que exige, su tensión interna y hasta el vaivén de la cuerda floja en la cual te instalas para que la precisión no se confunda con la pobreza y la hojarasca no le haga perder tiempo al lector”.
A propósito de Tras la quinta puerta, un nuevo volumen que acaba de ver la luz por la editorial Unión, la autora de Casas del Vedado y En el limbo respondió a Granma algunas indagaciones en torno a su creación literaria.
—Se trata de 15 textos que se publican bajo el nombre de uno de ellos. ¿Alguna razón especial o el título goza de la arbitrariedad a la que a veces recurre el escritor?
—Un poco de las dos cosas. En primer lugar, el título reflejaba la anécdota de ese cuento en particular pero después me pareció válido para los demás puesto que en casi todos hay un acceso hacia “el otro lado”, el de las figuraciones, lo que puede ser y no ser, la inmensa posibilidad de esa pelotita que la literatura y la vida se intercambian.
—Cuando aparece una nueva entrega de sus cuentos, ¿hablamos en el plano creativo de una continuidad o una ruptura?
—La continuidad se manifiesta por la estética que elegí, un juego entre las posibilidades de la realidad y de la imaginación que requiere una forma específica de lenguaje para crear su atmósfera. Si el elemento inusual está ahí o es un producto de la mente o la circunstancia del personaje, lo dejo al criterio del lector, cuento con él. Nunca he abandonado del todo el entorno realista, pero no mezclo los propósitos. Lo fantástico no me sirve de cobertura para decir lo que quiero decir y como ejemplo te cito los cuentos de Ronda en el Malecón, realistas en su esencia, surgidos por la herida del periodo especial y no por las carencias, sino por los telones que rasgó.
—De sus temas, ¿a cuáles vuelve una y otra vez? ¿Cuáles aparecen con más éxito en este libro?
—Me ronda más lo fantástico precisamente porque en lo cotidiano hay circunstancias tan incongruentes que no puedes tomarlas en sentido literal. En este libro el factor de unidad es la irrupción de lo imponderable en la vida diaria, como puede ser una sirena sacada del Malecón, un libro editado por su propia autora muerta medio siglo atrás. O la sordidez de una casa donde se alquilan pulcras habitaciones.
—Quien la ha leído sabe que sus creaciones gozan de una originalidad siempre renovada. En el relato Sin rencor alguno, dos personajes femeninos poseen una idéntica caracterización para sumarse a un sistema de personajes también original…
—Aunque te parezca un juego, yo diría que el proceso de creación es en sí mismo tan misterioso que, a veces, yo propongo el tema y los mismos personajes se encargan de sugerirme esta o aquella vertiente. Me citas un cuento que me resultó un ejercicio en extremo divertido aunque debí luchar por que no resultara confuso. Y esa es una de las trampas de lo fantástico, debe quedar internamente tan bien cohesionado como el más fiel testimonio histórico, pues un cabo suelto arruina el propósito. Con cuentos como este me siento partícipe de la literatura feminista, o al menos del antimachismo.
—Una vida interior convulsa como la que vive la protagonista de Revancha es uno de sus puntos fuertes en su desempeño como escritora. ¿Cuándo la vida común le dice “esto será mañana literatura”?
—La experiencia la tomo de mí misma. La vida común, en momentos así, no dice nada. Pero la huella se queda y clama lo suyo. Unas veces como exorcismo, otras como análisis desapasionado de una situación. Por supuesto, aquí lo autobiográfico es el estado de ánimo de la mujer, todo lo demás es ropaje posterior.
—La escuché decir una vez que no quería hacer sus memorias. ¿Acaso algunos de sus cuentos podrían ser estampas de esas historias de vida que no ha querido escribir?
—No algunos, sino muchos, lo son. Y no sabes cómo me impactó que Revancha haya motivado una de tus preguntas. Pero, en realidad, no creo que el tema de las memorias interese por mí misma, más bien me lo han sugerido porque soy como un dinosaurio que vivió nuestras edades inmediatas “antes y después”. Y conoció a muchos coetáneos, tal como eran y actuaban. Pero no me interesa agredir leyendas o espejismos. En cambio, sí quisiera trazar un poco el derrotero de mí misma en un collage con aquello que más me impresionó de los países que pude conocer y de sus gentes. Acercar la vida al libro de viajes; fundirlos, como un viaje más.











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Roberto dijo:
1
5 de mayo de 2015
14:50:17
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