
Entre la sorpresa y la fascinación el público se acerca a la exposición Bésame mucho, con la que Eduardo Ponjuán (Pinar del Río, 1956), en una sala de Bellas Artes, honra un año después su condición de haber merecido el Premio Nacional de las Artes Plásticas.
Sorpresa porque el creador, aunque revela su linaje comprometido con el conceptualismo, nos deja ver que el ímpetu de su más reciente producción se halla impregnado de novedosas soluciones visuales.
Fascinación es la palabra que cabe ante el poder de seducción que ejercen estas imágenes tanto por su escala y su factura, como por la intención.
Para nada gratuita la alusión al célebre bolero de la mexicana Consuelo Velázquez. Más allá del dato personal compartido, por ahí va una de las claves para aproximarse a su propuesta pictórica e instalativa: la búsqueda de un compromiso sentimental con el espectador.
Es decir, no viene Ponjuán esta vez a plantear un teorema sobre las representaciones espaciales o temporales del gesto plástico —aun cuando esa instancia, consustancial a su modo de hacer, resulte ineludible— sino a incitar la confrontación con un estado de ánimo que se transluce en la composición.
Las zapatillas deportivas que cuelgan en un tendido de alambres y se reproducen en gran formato en un cuadro de vastas proporciones testimonian la huella de una vocación por despojar la imagen de tentaciones anecdóticas.
Los restantes cuadros de la muestra se acogen a ese principio: la más parca y transparente desnudez como pilar constructivo de una memoria que debe ser complementada por la experiencia de un receptor cómplice. De tal modo se consigue una identificación en el plano emocional con esos espacios aparentemente vacíos, ya sea el rectángulo de una inexistente imagen captada por una cámara polaroid, o la hoja rasgada de una libreta de notas en blanco, o el semicírculo de un disco de 45 revoluciones por minuto.
En contraposición a la monumentalidad de estas nueve piezas (200 x 250 cm) ejecutadas en óleo sobre tela, y la instalación con las zapatillas colgantes que ocupa casi una cuarta parte de la sala, está la otra instalación que ocupa su espacio fuera de la sala cerrada.
Con el título tomado de un libro catálogo sobre esculturas, Unmonumental, se halla armada a base de elementos pequeños, lo cual hace pensar en esos objetos con los que se crea una relación de afectos: piezas diminutas, apuntes dibujados, un retrato familiar, el plano de un espacio habitacional, personajes de los comics, todo encriptado en nichos de color bermellón que toman diversos matices con la iluminación que cada pieza posee para guiar la atención del espectador hacia el objeto atesorado con lo que se logra una ternura silenciosa.
Ponjuán se nos presenta con el aliento de un corredor de fondo que se expresa sin prejuicios, con mucho oficio y suma lealtad a su credo estético.










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leo villa dijo:
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18 de noviembre de 2014
04:13:19
Chairman dijo:
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18 de noviembre de 2014
08:33:30
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10:25:52
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Alexis dijo:
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pablo albiol dijo:
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16:53:13
Zugor Seg. dijo:
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18 de noviembre de 2014
18:02:41
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