Que el Teatro Lírico Rodrigo Prats y la Orquesta Sinfónica de Holguín tienen calidad y asumen en conjunto complicadas puestas en escena, no es cosa nueva. Pero es obligado afirmarlo después de las dos recientes presentaciones de Cavallería Rusticana, la ópera con que Pietro Mascagni y sus seguidores comenzaron en 1890 el proceso de acercamiento del teatro musical a la vida cotidiana.
El maestro italiano Walter Themel, responsable de la dirección musical y orquestal, aseguró que esta es una de las piezas más difíciles de la historia de la ópera de su país. Por eso mismo, dijo, la orquesta y los músicos pueden hacer cualquier otra de igual origen.
Y este hombre con muchas horas “batuta en mano” no regala elogios si los músicos no se emplean a fondo. Su evaluación también tiene el grato antecedente de haber conducido a la orquesta holguinera el pasado año, cuando el teatro Eddy Suñol fue escenario de fragmentos de La Traviata de Giuseppe Verdi, a quien se le rindió desde aquí homenaje por su bicentenario.
La realidad es que en la estrenada versión de Cavallería Rusticana (con subtitulaje en español),desde la obertura hasta el cierre, la música desató la emoción de los espectadores, a lo que contribuyó la calidad de las voces y fuerza dramática de los cantantes, tanto en la primera presentación, que contó con artistas invitados en algunos roles; como en la segunda, durante la cual aparecieron sólidas figuras nuevas.
Como se esperaba impactaron la voz y el desborde histriónico del tenor Yuri Hernández (en la piel de Turiddu), muy bien acompañado por las sopranosLucía Primeri y Vilma Hernández (invitadas), quienes se alternaron en las dos jornada como Santuzza. Sin dudas, el holguinero puede asumir cualquier personaje difícil y conquistar a los más exigentes públicos.
A Alfio, el victimario de Turiddu, le dieron vida los barítonos Víctor Valdés y Alfredito Mas, en constante crecimiento profesional, como la demuestran cada vez que aparecen en el escenario. Mamma Lucía estuvo en los cuerpos y almas de las sopranos Dayamí Pérez (invitada) y Liudmila Pérez, situación similar a la de Claudia Aguiar y Betsy Remedios (invitada) con Lola.
La pieza presentadasorprendiópor su integralidad. Mucho peso tuvo la escenografía, diseñada de modo sencillo y funcional por el maestro alemán Andreas Baesler (también al frente de la dirección artística, versión de la obra y puesta en escena), responsable del vestuario junto a Sergio Ochoa, fundador del Rodrigo Prats. Entre otras cosas, ambos recurrieron al negro, blanco y gris para presagiar tragedia desde que el telón abre.
Al frente del teatro lírico holguinero y de la dirección general de la obra estuvo Conchita Casals, mujer que combina dotes de maestra y calidad como solista con la voluntad de asumir riesgosas puestas en escenas. Gracias a la confianza que tiene en sus pupilos y la capacidad para buscar alianzas creativas, la Ciudad de los Parques, en el oriente de Cuba, es plaza fuerte del arte universal.












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