Un siniestro fantasma recorre el mundo: el fantasma del neofascismo. No escapa de él ni siquiera lo que suponíamos una gran fiesta deportiva que debió dejar en suspenso -aunque fuera de manera artificial y provisoria- los conflictos de este mundo.
Lo supo pronto Omar Artan, primer somalí designado para arbitrar una Copa Mundial de Fútbol, al ver negado su ingreso a los Estados Unidos, uno de los países anfitriones. Era apenas un anticipo al que seguirían las restricciones de visado impuestas al equipo iraní, así como el racismo padecido por futbolistas y conjuntos, que ha llegado al punto delirante de que Francia está sufriendo ataques racistas de la derecha internacional porque sus jugadores son muestra de la variedad cultural y étnica de la sociedad francesa actual.
El gobierno de los Estados Unidos no ha esperado a terminar la fiesta para anunciar que en estos días, mientras se celebran los últimos partidos, tendrá lugar una cumbre antiterrorista con el fin de enfrentar el «resurgimiento del extremismo político transnacional y las redes violentas de extrema izquierda». Convocado por el secretario de Estado, Marco Rubio, en el encuentro tomarán parte -según se anuncia- representantes de más de sesenta países.
El primitivo recurso fascista de atizar el miedo a una supuesta "amenaza roja" reaparece para justificar la represión y la barbarie, precisamente en momentos en que nuestra región asiste a victorias de candidatos de ultraderecha dispuestos no solo a desmantelar programas progresistas, sino también a servir de escuderos de la agenda imperial.
La definición de terrorismo expresada para la convocatoria por el vocero del Departamento de Estado parece, más que nada, una descripción del trabajo encubierto o desembozado de su propio gobierno: «asesinatos, secuestros, amenazas contra instalaciones y fuerzas del orden, así como ataques a la infraestructura crítica, al personal militar y a la población civil».
Debemos tomárnoslo muy en serio. Cuando los gobernantes de los Estados Unidos y sus secuaces hablan de democracia y derechos humanos, detrás suele venir un atropello disfrazado de buenas maneras. Cuando hablan de terrorismo, lo que sigue es el Plan Cóndor, torturados y desaparecidos por miles, como sabe bien la América Latina; o bombardeos y caos, como los que han padecido otras partes del mundo.
Cuba, que ha sido víctima del terrorismo y lo ha pagado con una dolorosa cifra de muertos y mutilados, y con incalculables daños materiales, conoce a dónde conducen las cínicas estrategias y acusaciones yanquis.
Toca a los pueblos de la América Latina y el Caribe, al propio pueblo estadounidense, a sus intelectuales, a los movimientos sociales y a los sectores identificados con los más elementales derechos a la dignidad, la soberanía y la justicia, enfrentar la nueva y amenazante ofensiva neofascista.
13 de julio de 2026













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