ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Primero se requiere gasificar a los clientes que se encuentran sobre la red con contratos paralizados de las gasificaciones anteriores. Foto: Dunia Álvarez Palacios

Perdió la cuenta de las veces que se persignó antes de enfrentarse a «la batalla del día».

Hasta hace un mes, cuando en su casa dependían únicamente de la electricidad para, al menos, cocinar los alimentos, Mayda Fraguela Rodríguez se despertaba en las madrugadas para preparar la comida. Muchas veces no le alcanzaba el tiempo. Se sentía impotente.

«Date cuenta de que tengo solo esa cocinita eléctrica. Todo lo tenía que hacer rápido: calentar el agua, cocinar. Hubo ocasiones en que nos quedamos sin comer».

Y eso no es una anécdota inusual. Como la suya, hay otras familias que padecen la crisis de desabastecimiento del gas licuado de petróleo (GLP); que, dependientes de la electricidad, algunas han buscado alternativas con leña o carbón, y otras intentan luchar en su cotidianidad contra el apagón.

Foto: Dunia Álvarez Palacios

Sin embargo, para Mayda, esa incertidumbre finalizó. Hace apenas unos días, en su hogar del municipio capitalino de Plaza de la Revolución, unos operarios de la Empresa de Gas Manufacturado cerraron la última llave, verificaron la presión y la conectaron a una red que por años parecía un sueño congelado.

Es una de las primeras beneficiarias –de los 25 000 clientes– de la nueva etapa de gasificación que retoma La Habana, tras casi una década sin incorporar nuevas familias de manera sistemática.

Pero, ¿cómo será este proceso y qué implica para el país?

 

UNA RED HEREDADA, UN FUTURO PLANIFICADO

Foto: Granma

No es secreto para nadie: suministrar el gas licuado, que es importado, ha sido complejo. Producir electricidad es costoso en este país bloqueado. Más aún con las limitaciones que existen para acceder al combustible. Por tanto, la decisión de retomar la gasificación, detenida entre 2007 y 2010 –por decisiones económicas y la apuesta en ese entonces por un cambio de matriz energética– es una política de Estado ante el nuevo escenario. Porque, en el caso del gas manufacturado, la materia prima se encuentra en nuestro suelo.

Aunque el propósito final es abastecer con «el gas de la calle» a casi toda la población que reside sobre las redes de este combustible –a medida en que los recursos materiales lo faciliten–, en este periodo el proceso será de forma paulatina, en los municipios en los cuales ya se brinda el servicio.

Daina Álvarez Álvarez, directora de la Empresa de Gas Manufacturado, explicó que primero se requiere gasificar a los clientes que se encuentran sobre la red con contratos paralizados de las gasificaciones anteriores. Además, «los que tienen la tubería llegando a la puerta de sus casas, pero sin el servicio, así como aquellas solicitudes que constituyen planteamientos de la población».

Cuando se accede a este servicio, se cobra por la instalación que realizan los trabajadores de la Empresa hasta el nivel de propiedad del cliente –en este caso hasta la cocina– y por los materiales utilizados.

En ese sentido, Argelio Jesús Abad Vigoa, viceministro primero de Energía y Minas, dijo en el programa Mesa Redonda que, hasta la fecha, ya están conectados a la red 735 clientes en La Habana.

Y gasificando las zonas en las que llega el gas natural –pues todo depende de los yacimientos de petróleo y gas acompañante que se encuentran en la franja norte de Cuba– se disminuyen los consumos de electricidad, y podrá distribuirse mayor cantidad de GLP en otros territorios.

 

Foto: Dunia Álvarez Palacios

LAS PLANTAS POR DENTRO

La operación comienza con el gas natural que llega desde los pozos de Jaruco. Una derivación en Guanabacoa, con una tubería de 25 km soterrada, transporta el combustible hasta la planta en Melones. Allí, el gas se filtra para su limpieza y pasa por una estación reguladora que reduce la presión.

«Nosotros lo que producimos es aire metanado», manifestó Pedro Quintana González, director de la Unidad Empresarial Base (UEB) Producción de la Empresa de Gas Manufacturado, quien lleva más tiempo aquí del que recuerda.

El proceso consiste en mezclar el gas natural con aire de la atmósfera mediante un sistema de eyectores, un principio físico que succiona el aire y lo combina con el gas para transformarlo en lo que técnicamente se conoce como gas manufacturado.

La distribución, expresó Quintana González, tiene dos modalidades. Con una capacidad nominal de producción de alrededor de 40 000 metros cúbicos por hora, la planta de Melones cubre la demanda de los municipios de La Habana Vieja, Centro Habana, Cerro, Plaza de la Revolución y Diez de Octubre.

Esta, por su diseño de red, no necesita de electricidad para la distribución y tiene el servicio activo las 24 horas. En cambio, la planta que abastece a Playa y Marianao, necesita de equipos de bombeo y por consiguiente de electricidad para los compresores, precisó.

 

La tecnología actual, importada de España, ha demostrado ser noble y de bajo costo, pero depende de piezas de repuesto que no siempre son fáciles de obtener. Foto: Dunia Álvarez Palacios

 

EL VALOR DE LO ESTABLE

Lázaro Rafael Campos Recio, jefe de turno de la planta de Melones, es de esas personas que afirman que Cupet se lleva en la sangre y que «por eso regresaría siempre que fuere necesario.

«Esto es un servicio muy limpio y económico. Hemos prestado servicios cuando hay apagones u otra afectación. Ojalá todo el pueblo de Cuba tuviera gas natural, porque es una garantía», expresó.

Sin embargo, las restricciones financieras y económicas también han dejado su huella: una sustancia odorífera que se añade al gas para detectar fugas, que se compraba de un país cercano, se tuvo que cambiar por «un olorizarte europeo porque ya no había forma de adquirirlo», relató Quintana González.

Asimismo, la tecnología actual, importada de España, ha demostrado ser «noble y de bajo costo», pero depende de piezas de repuesto que no siempre son fáciles de obtener.

Foto: Dunia Álvarez Palacios

Entonces, ¿qué beneficios trae este servicio para Cuba en medio del bloqueo energético?

Cada hogar gasificado reduce la demanda de electricidad en horas pico y contribuye a la generación de energía. Para el Estado significa ahorro de divisas que antes se destinaban a importar GLP. Y las familias tienen con esto la certeza de poder cocinar a cualquier hora, incluso cuando falla el fluido eléctrico. Por eso, en su conjunto, representa un paso más de soberanía energética.

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