ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Después de ver y escuchar hoy al Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez, el modo en que respondió preguntas de la prensa y la claridad con que abordó temas de profundo alcance nacional e internacional, como ciudadano cubano me quedan dos certezas: hay que quitarse el sombrero en respetuosa reverencia ante la grandeza de mi país (tal y como afirmó el propio mandatario) y no tenemos otra opción más objetiva y optimista que afincar bien las botas y mirarnos hacia dentro.

Es lo que desde su aparente reposo en Santa Ifigenia nos recomienda con su inmortal visión el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, lo que nos aconseja la rica historia que tenemos como nación y lo que también nos sugiere, día tras día, el mismo imperio que mueve hasta lo más absurdo de este mundo para asfixiarnos como pueblo, en el contexto de un feroz bloqueo al que Estados Unidos llama embargo y el líder de la Revolución cubana definió como guerra.

Es obvio que todo cuanto puedan hacernos llegar brazos (gobiernos, organizaciones, instituciones, organismos) amigos, será bienvenido, porque, además, Cuba tiene derecho a aceptarlo.

Pero conceptos como el de la Guerra de todo el pueblo nos han mostrado la necesidad de prepararnos para la peor opción, no depender de nadie, desarrollarnos por nosotros mismos, resistir, no claudicar, no rendirnos y mucho menos concebir la derrota.
Por eso, no le haré juego a nadie, interpretando las medidas que en lo sucesivo se adopten, como encaminadas a agravar el panorama, sino a resolverlo, a agilizar la superación de lo adverso.

Pensemos, de verdad, cuántas soluciones, experiencias y potencialidades acumulamos, pero no aprovechamos.

¿Por qué si hay unidades productivas, campesinos, cooperativas… que le siguen sacando a la tierra valioso fruto, en contexto idénticamente complicado desde el punto de vista material y financiero, otros penan a la zaga? 

¿Es lógico o justo que el municipio –ese de cuya autonomía hablamos y necesitamos tanto- deje a manos de provincia, nación y ministerios lo que localmente puede lograr? No se trata solo de la estratégica alimentación. Está también el inteligente empleo del viento, el sol, el agua, la biomasa… para generar energía en función de un sinnúmero de actividades o labores.

¿A quién, o para cuándo, vamos a dejar ese cambio de matriz que le está ocupando tiempo y recursos al Estado, pero que nos corresponde a todos? Por ejemplo, nos olvidamos de la bendición que significó el biogás en los más duros años de la década del 90. Ídem con los molinos de viento, la yunta de bueyes...

Alienta oír que el país se empeña en aprovechar más y mejor su crudo nacional (petróleo equivalente), con intención incluso de refinarlo y elevar su calidad; que, contra viento y marea, prosigue la instalación de parques fotovoltaicos (elevaron de 3 a 10 por ciento la generación con fuentes renovables en 2025), que módulos o sistemas fotovoltaicos seguirán beneficiando a familias de zonas apartadas y a muy sensibles instituciones sociales, de salud, educación…

Atarse bien los cordones es avergonzarse si, pudiendo aportar más, concebir y concretar proyectos para el desarrollo local e incluso alternativas para exportar, cruzamos brazos estatales mientras ciudadanos que adquieren sistemas fotovoltaicos responden al llamado de la nación y en la cuadra donde viven, a parte de la comunidad o al Sistema Eléctrico Nacional.

Amarrarse botas y cinturón es zafarse nudos en la mentalidad para poder desatar las fuerzas productivas y sobre todo las humanas. Lo están interiorizando –con hechos concretos ya- los plenos del Partido y Consejos de Gobierno, en el contexto de un proceso que debe involucrar, integrar, motivar y sacudir también a instituciones, organizaciones, sociedad, familia e individuos.

¿Imposible? ¡No hombre, no! ¿Qué disgustará a la Casa Blanca? ¡Sí hombre, sí! ¿Qué estamos a punto de colapso? Bueno… habría que ver quien colapsa y se desploma primero: si nosotros o Trump desde su silla imperial.

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