
Para la legión de estudiantes que desde 2018 lo encuentran en las aulas del Preuniversitario Presencia de Celia, en el municipio de La Lisa, La Habana, Antonio Enrique Valle Tejeda es mucho más que un maestro de fechas y efemérides.
Su historia, que parecía que iba a volcarse en el salitre del inmenso mar, es sencilla, condicionada por las casualidades de la vida.
Detestaba la historia en su juventud, porque siempre se la impartían profesores «aburridos». Para él, figuras como José Martí y Antonio Maceo parecían personajes distantes, casi irreales: gente perfecta, de libretas impecables y camisas siempre por dentro.
Pero un día, comenta, encontró una biografía de Máximo Gómez escrita por Benigno Souza y, al sumergirse en sus páginas, descubrió un océano de conocimientos que hasta entonces le habían sido esquivos, y se convirtió en un asiduo visitante de bibliotecas, ventas de libros viejos y subastas.
Sin embargo, antes de ser en el barrio «el Profe Antonio», cuenta que su vida transcurría entre los vaivenes de las olas y las lecturas en el camarote. Fue marino mercante casi por embullo: «en noveno grado me anoté con algunos amigos, pero solo yo me gradué». Y aquella profesión lo llevó a recorrer el mundo, y aprendió de las culturas que explicaría en las aulas posteriormente.
«Aunque adoraba ese trabajo, no es para viejos, y en las aulas encontré un recibimiento grato y una energía contagiosa. De los muchachos se pueden aprender muchas cosas. Lo que desprenden, puede contagiar al ser más apagado».
Fue su sobrina Gretel quien lo condujo a las aulas. «Mientras le repasaba, ella me preguntó: ¿por qué no impartes clases en una escuela?»
La pregunta quedó resonando en su cabeza, y en 2018 llegó al preuniversitario donde hoy enseña para optar por un puesto como profesor de historia, plaza que le fue otorgada sin pensar en lo trascendental que resultaría él para sus alumnos, «pues no tenía especializaciones o estudios pedagógicos».
Para él, lo vital de ejercer como profesor es conocer la Cuba en la que viven. «Puedes impartir una asignatura; pero si no los conoces, no eres profesor», dice.
Su mayor desafío no ha sido los alumnos ni el contenido, sino chocar con la visión esquemática de algunos colegas que, a pesar de ser metodológicamente impecables, no logran conectar con quienes tienen frente a sí.
Por eso, Antonio prefiere mostrar a los héroes como cubanos comunes, con sus luces y sombras. Sus alumnos describen sus clases como «diferentes», como un espacio en el que la historia se vuelve viva y los personajes históricos interactúan con el presente.
–¿Por qué en un Preuniversitario?
–Cumplo mi objetivo: no impartir una asignatura, sino contar la historia de Cuba.

















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Yohany dijo:
1
6 de febrero de 2026
15:48:19
Antonio Enrique Vallés Gámez dijo:
2
7 de febrero de 2026
10:57:07
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