Quién pudiera borrar de estos días al «32» y todos sus decimales. Quién pudiera arrancarse los ojos con tal de no verlos pasar y, tarde, entender que ni así puede dejar de sentirse en el alma lo nublado del cielo. Qué sabio el tiempo: supo poner el viento a la altura de los remolinos que se han formado en muchas gargantas.
¿Habrá quien sea tan «dios» como para quitarle a este pueblo las ganas de luchar, aunque después haya que llorar por nuestros muertos? ¿Quién cree ser tan «dios»?
Hubo falsas alarmas. Y, cuando la gente pensó que venían, se quedó en silencio, mirando a una sola dirección, curada de espanto, pero no de angustia.
Cuánto hubiéramos dado porque el «Ya no lo veré más», porque la certeza impotente de «la última vez que lo vi…» hubieran sido también falsas alarmas.
Pero «ahora sí». Ahora sí vuelven. Y al silencio de esta fiebre que le quema la frente a la Cuba de estas horas, lo disipan los aplausos y la bruma de banderas que no se acaban, que no se acabarán nunca.
Cuando se les ve de lejos, y se escucha el último latido de aquel «No puedo. No puedo», alguien dice: «Hay que preparar las banderas de mañana». Porque sepan quienes quisieran ser «dios» que esto no termina hoy. Mañana tampoco.




































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Ramón. dijo:
1
16 de enero de 2026
03:42:42
Héctor dijo:
2
16 de enero de 2026
18:03:15
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