Coronada con un lazo negro en la cima del asta, abrazó la bandera de la estrella solitaria al pueblo capitalino en el que, sin duda, estuvo Cuba toda. Hubo banderas también en muchas manos, y sobre las urnas, como glorioso manto para los restos de los 32 héroes.
En las rosas blancas, la pureza, y en las cintas, las dedicatorias de ofrendas florales a nombre del General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder al frente de la Revolución Cubana; el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez; los ministros de las FAR y el Minint; familiares de los caídos y el pueblo de la Mayor de las Antillas.
Llegaron, además, arreglos florales de 64 delegaciones del cuerpo diplomático acreditado en el país.
La sede del Ministerio de las far recibe de a poco la fila interminable de pueblo. En el ambiente, una solemnidad que emociona. Alguien deposita flores, otro se lleva la mano al pecho, los soldados presentan su saludo militar; algunos bajan la vista en señal de respeto, y de dolor y, los más, miran de frente, con respeto, a las imágenes de los mártires; una mujer pasa tarareando el Himno; una madre y su hijita se acercan cautelosas, señalan a uno y otro, y otro más… Tienen memoria los hijos de esta Isla: rodilla en tierra se defiende –así sea al precio de la vida– aquello en lo que se cree. Honrar, entonces, se siente imprescindible, con la certeza de que la verdadera gloria está en no claudicar.
El último adiós a los 32 valientes ha sido más que una jornada de luto, ha sido el abrazo cálido, sincero, de un pueblo a hijos que supieron enorgullecerlo, y que devinieron prueba irrefutable de la fibra que nos compone. El de ayer, fue también un día de tributo a la Patria.





































COMENTAR
Responder comentario