ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Lo de Rosa siempre ha sido ayudar, lo lleva en la sangre Foto: Ricardo López Hevia

Ya no recuerda las veces que pasó por el mismo lugar para observar cómo marcha la obra, o para hacer cualquier cosa que haga falta, porque estar en un sitio inmóvil nunca ha sido lo suyo.

En los ocho meses que tiene de trabajo en la unidad empresarial de base Producciones Mecánicas, su nombre ha salido de la boca de todos incontables veces. Quién diría que, después de tanto, la seguirían llamando para pedir su ayuda, como hicieron durante 41 años.

«Yo soy la especial», dice mientras agarra una escoba –quizá por costumbre de estos días– para limpiar el rastro de aserrín que dejó la puerta que unas personas colocan.

A Bruna Emilia todos le dicen Rosa: «Solo en los papeles oficiales pongo mi nombre de pila». Ahora viste una chaqueta verde olivo, un pulóver negro, pantalón y zapatos gastados que simulan andanzas, «porque a mí me gusta estar en movimiento, estar activa».

Hasta hace dos años fue enfermera «endoscopista, enfermera obstétrica..., todo lo que apareciera». Y aunque ya no ejerce su profesión, todavía trata de salvar, incluso en las carencias.

«Es cierto que la Salud Pública está dura. Muchas veces no hay con qué tratar al paciente. Pero, te voy a ser sincera: con ella muero.

«Cuando llegué de la misión en Venezuela, quería reincorporarme y no me dejaron. Mi familia dijo que me quedara en la casa, pero ¡qué va!, me aburro. Cuando terminas de hacer las cosas de la mañana, ya no tiene más nada. Por eso vine aquí», cuenta.

A este lugar, que reabrieron hace un año, llegó con su esposo. Comenzó limpiando las áreas de las oficinas y luego «pasé para el grupo de mantenimiento». Sin embargo, aquí es igual que en su barrio, igual a todos los lugares de Cuba cuando tienen a un médico en el vecindario: «todo el mundo me busca para que tome la presión, inyecte algún tipo de vitaminas o lo que fuere».

***

Ahora Rosa lleva un cigarro a sus labios. Tiene la pierna inquieta. Observa lo que hacen los demás mientras disimula que busca, a lo lejos, algo para hacer.

En esta empresa se transforman contenedores en casas para La Habana. Parece que, como se fue la corriente hace poco, la meta de concluir hoy con 20 viviendas demorará.

Y aunque «hacemos el esfuerzo por terminar en un horario bastante aceptable, a veces nos golpea el agua, la corriente», pero se quedan hasta que llegue, dice Rosa.  

Mientras tanto, como esta base ya es tan suya como siente que son quienes trabajan en ella, no se restringe en preguntar si alguien necesita algo. A fin de cuentas, ayudar es algo que lleva en la sangre.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.