Holguín.–Bella, tierna, envuelta en la inocencia de sus ocho años, Virgen María Saavedra Aguilera transita por la vida gracias a las hemodiálisis, lo que la obliga a permanecer largos periodos en el Hospital Provincial Pediátrico de Santiago de Cuba, donde existe el «riñón artificial» para infantes del que depende.
En la madre de la pequeña, Daymaris Aguilera Rodríguez, brota el agradecimiento a las autoridades de Salud Pública de Holguín por facilitarles, sin costo alguno, la cíclica transportación hasta la capital santiaguera.
Seguidamente, mira a su esposo, Yusmany Saavedra Díaz, y en lo que sin duda es una opinión compartida, tiene particulares palabras de elogio hacia Riquelme Rodríguez Peña, chofer de la Agencia de Taxis Holguín, perteneciente a la Empresa Taxis Cuba. Ese hombre afable es el encargado permanente de transportar a la niña y a la madre en los viajes de ida vuelta entre las dos provincias.
Ambos progenitores confirman que en esas relaciones creadas por las severas circunstancias en la que transcurre la vida de la familia, Riquelme se ha convertido en una persona entrañable, debido a la sensibilidad que revela al prestar sus servicios.
Llega la hora de la partida. El chofer pone en marcha el motor del auto y emprende el viaje. Su rostro, igual que los de la madre y del padre de Virgen María, es todo esperanza.
COMPLEJA LOGÍSTICA
Asegurar el traslado de la niña es el resultado de una operación logística bien coordinada. Para que la pequeña estuviera a tiempo en la base que posee la Agencia en la ciudad de Holguín, un jeep de esta hizo un ida y vuelta entre la urbe provincial y La hoyeta, un sitio rural de difícil acceso en el municipio de Gibara.
La transportación se repetirá, a la inversa, cuando le corresponda el pase nuevamente, plantea Jorge Manuel Álvarez Iglesias, especialista comercial del servicio regular de la Agencia.
A otra niña, residente en la zona de Levisa, Mayarí, se le garantiza similar transportación, con un vehículo de la empresa, que opera allí, explica. «Tenemos 114 carros en Servicio Regular y todos se ponen en función de los pacientes holguineros que dependen de las hemodiálisis».
Joel Rodríguez Vázquez, director de la Agencia, a quien en el gremio de los transportistas se le califica de exigente, práctico y organizado, describe la extensión de la labor: los autos que operan desde la capital provincial, mueven hacia las salas de hemodiálisis de los hospitales provinciales Vladimir Ilich Lenin y Lucía Íñiguez Landín a los pacientes de los municipios de Holguín, Calixto García, Gibara, Báguanos, Urbano Noris y Cacocum.
También el cronograma contempla llevar hasta las salas de hemodiálisis de los hospitales de Moa, Mayarí y Banes a los pacientes que viven en esos municipios, así como en Sagua de Tánamo, Cueto, Freyre y Antilla, valiéndose de los carros distribuidos en cada uno de los citados territorios.
Otra variante se da cuando los taxis recogen a los pacientes de Frank País y Sagua, para abordar en este último territorio un ómnibus que los lleva hasta el hospital de Moa, de manera que, al retorno, cumplido el procedimiento médico, están esperándolos para devolverlos a los domicilios.
La planificación exige de puntualizaciones constantes, favorecidas por las estrechas relaciones de trabajo con los coordinadores de los servicios de hemodiálisis de los centros médicos.
DINAMISMO, COLABORACIÓN, COMPROMETIMIENTO
«Todo es muy dinámico. Hay que tener en cuenta los pacientes que fallecen y los nuevos que se diagnostican y requieren de tratamientos. También están aquellos a los que se les puede mover la fecha de la hemodiálisis por diversos problemas técnicos en las salas donde los atienden», agrega Jorge.
En ese quehacer a favor de la vida son frecuentes las complicaciones. Los vehículos de la Agencia tienen largos periodos de explotación y no siempre están aptos técnicamente, como ocurre con los Ladas con fecha de fabricación en 1983, o con los carros 4x4, que, si bien fueron adquiridos después, tras servir en el Turismo, igualmente padecen la falta de piezas de repuesto y neumáticos.
«Así y todo, siempre aparece una solución. Puede estar en un chofer y un vehículo de reserva. Pero, si esto no es posible, se emplean entonces los carros administrativos, cuyo uso en apoyo a las hemodiálisis, también lo establecimos».
Este servicio lo paga Salud Pública, con dinero de su presupuesto, mediante relaciones contractuales con Taxis Cuba, que definen un precio módico a partir de los kilómetros recorridos por los carros en los traslados de los pacientes y el tiempo que los esperan.
«Desde el punto de vista económico puede no resultar estimulante para los choferes, quienes trabajan bajo la modalidad de arrendamiento. Como la mayoría lleva varios años en esa labor, han aprendido a valorar el peso humano que tiene. Cuando entra un relevo, en caso de que alguien se jubile o cambie de trabajo, se le inculca mantener igual comportamiento».
El interés por cumplir los compromisos contraídos ha generado visitas de directivos a varios sitios intrincados donde residen los enfermos, con el fin de comprobar el estado de los caminos y las posibilidades de los vehículos para realizar los itinerarios.
Jorge asegura que los gobiernos municipales apoyan en todo lo posible. Asimismo, reconoce la colaboración de los lugareños, porque en los casos en los que los carros no pueden llegar hasta las viviendas de los pacientes, estos, en compañía de sus familiares, los esperan en puntos específicos, con lo que hacen más expeditas las recogidas.
A Joel, el director, lo mantienen en vilo las limitaciones de combustible. Fue evidente en el reciente fin de año, cuando la disponibilidad de gasolina fue muy baja, pero los taxis no dejaron su apoyo vital, porque las autoridades del Gobierno provincial establecieron prioridades a partir de lo poco que había en los depósitos.
La situación más tensa se produjo en torno a los pacientes que se atienden en el Hospital Vladimir Ilich Lenin, porque su servicio de hemodiálisis enfrentó contratiempos severos.
«Entonces, respondió el Lucía Íñiguez. Cuando allí concluían los turnos de los que tratan regularmente, se comenzaba con los del otro hospital. Nuestros choferes y carros tuvieron que trabajar las 24 horas, administrando gota a gota el combustible».
No es la anterior una señal de autoelogio. William Puente Martínez, jefe de Departamento de Transporte de la Unidad Provincial de Aseguramiento y Apoyo a la Salud, expresa franca satisfacción por los vínculos de trabajo con la Agencia y el servicio que presta. «Su personal y sus vehículos no nos han fallado».



















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