ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Germán Veloz Placencia

Encontrar ejemplos de mujeres cubanas que merecen el más grande homenaje en su Día Internacional, no resulta para nada difícil.

En tal caso, trataré de ser fiel a mis sentimientos, y narrar en esta crónica, algunas de esas virtudes que colman a la doctora Sheila Hechavarría Pouymiro, una cardióloga muy comprometida con el hecho de que este paciente pueda continuar escribiendo.

¿Por dónde  empezar? Pues por la tarde de este 2 de marzo cuando acudí a su consulta y, como siempre, me hizo innumerables preguntas, toma de presión y un ecocardiograma –uno más– de las decenas que me ha hecho en estos casi diez años transcurridos entre coronografías, stent puestos, instalación de marcapaso, y otras atenciones en ese lugar sagrado, que es el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular.

Sheila, junto a Grisel, Inés, Yudmila, Anneris, Damarys y otras mujeres de batas blancas y amor en sus palabras y hechos, merecen que se les recuerde este 8 de marzo en particular, y todos los días. Se trata de las verdaderas protectoras de nuestros corazones agradecidos.

De ellas, en tiempos de la COVID-19, se habla muy poco. Pero están ahí, venciendo obstáculos, cuidando el latido de cada corazón.

Son mujeres que todas tienen historias interesantes de su profesión, de sus «batallas» –ganadas o perdidas–, en un salón o una sala de terapia intensiva. Desde una misión médica en Brasil, como la cumplida por Inés hasta que un Jair Bolsonaro –el Trump del trópico– puso fin a la misma, y los médicos y enfermeras regresaron a la Isla, luego de salvar decenas de vidas, curar miles de enfermos y llegar hasta los lugares más intrincados, donde sus habitantes nunca conocieron a galeno alguno.

La doctora Sheila, sin mucho ánimo para hablar sobre ella, me dice que es una bayamesa hija de médicos, estudió en la capital granmense hasta el segundo año de la carrera, y luego en La Habana, hasta su graduación en 1999.

Entre los años 2000 y 2002 cumplió misión en Haití y de 2003 a 2005 en Venezuela. Se hizo cardióloga en 2007, en el Instituto de Cardiología de La Habana, lugar donde labora.

De su especialidad dice que lo que más le reconforta es la labor asistencial, cuando se produce la recuperación de un paciente.

Cuando pasan los días, entre consulta y consulta, llama para saber «cómo va la cosa». Se sabe de memoria los medicamentos que tomo y la hora en que los ingiero. Cuando me cambia alguno de ellos, da seguimiento a los efectos del cambio.

Pero esa mujer es mucho más. En su consulta veo libros de los usados por sus dos hijos en la escuela primaria, donde estudian.

Saca tiempo, no sé de dónde, para repasarlos y estar al tanto de su entorno educacional.

Y resumo: he conversado con decenas de pacientes, de médicos y enfermeras de su trabajo, y nunca –léase bien, nunca– he oído un criterio contrario a la afirmación que la califica como una tremenda doctora, una excelente amiga, con un corazón solidario, que bien conocen en Haití y Venezuela, y los muchos que, bajo su atención, sentimos que el corazón nos late con más fuerza y esperanza.

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Yunior Isnel Blanco Arias dijo:

1

4 de octubre de 2021

17:38:43


Hermoso trabajo....escrito con y desde el corazón.. ..Sheila desde q la conocí supe era alguien especial, me alegra saber q logro fructificar y replicarse en dos hijos amorosos....ahora mi corazón late más tranquilo pq sabe q una cardiologa lo tocó y si fuera necesario lo volvería a reanimar......