Cuando el médico santaclareño Pablo Marrero Chaviano llegó a Brasil como parte del programa Más Médicos, Creoza da Silva Barros vagaba por las calles de Caraibas, un pequeño municipio ubicado al sudeste del estado de Salvador de Bahía, desatendida por padecer de una esquizofrenia, enfermedad bastante común en esa región.
Ella nunca quiso atenderse con los doctores brasileños porque decía que querían hacerle daño. Sin embargo, tras la llegada allí del doctor Marrero, las cosas comenzaron a cambiar.
Con su labor paciente, el galeno cubano se la fue ganando, hasta lograr una empatía tal que Creoza afirma: «Si no es con el médico cubano no me atiendo».
Hace dos semanas, Creoza, paciente de 56 años, sufrió un trauma y se fracturó el quinto metatarsiano del pie izquierdo, razón que obligó a su familia a llevarla al hospital. Una vez en la institución, se negó a que le inmovilizaran el pie, porque esa tarea debía hacerla el doctor Pablo, de lo contrario seguiría sin el yeso.
«Es que los médicos cubanos nos tratan con mucho amor y mucha delicadeza», dijo, luego de que el especialista cubano le hiciera la inmovilización.
Ahora, cuando el avezado doctor, con experiencias anteriores en Haití, Venezuela, Bolivia y el Reino de Bután, regresó a Cuba tras las amenazas de Bolsonaro, la familia y la comunidad de Caraibas se pregunta: ¿qué será de esta pobre mujer, que solo confiaba en el doctor Marrero Chaviano?
Y junto a ella, muchos se lamentan. Allí, según el galeno villaclareño, quien trabajaba en una unidad de salud familiar (usf), donde atendía a una población estimada de 3 242 pacientes, las enfermedades más comunes son la hipertensión arterial sistémica y la diabetes mellitus, además de los padecimientos siquiátricos.
Él, como la mayoría de los médicos que ahora regresan, ha tejido bonitas historias que ponen muy en alto el prestigio de la medicina cubana. Una de ellas fue la vivida con una mujer llamada Noemia Costa, paciente que debe el éxito de su embarazo y del parto al galeno de Santa Clara.
«Tenía un riesgo altísimo por ser hipertensa, tener un lupus eritematoso y haber sufrido con anterioridad tres muertes fetales tardías, por eso vino a hablar conmigo para que le diera seguimiento, algo que hice con mucho esmero», explica el doctor Marrero, quien se congratula por contribuir a que la brasileña pudiera lograr el nacimiento de unos jimaguas preciosos.













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