La historia de Cuba es rica en líderes sociales que encarnaron, en sus ideas y actitudes, utopías libertarias. Unos vieron el resultado de sus luchas y acariciaron sueños y proyectos; otros, como Saturnino Aneiro y Carlos Rodríguez Careaga, dejaron el legado.
Tanto confiaban las fuerzas revolucionarias en Aneiro que, en octubre de 1958, el propio Ernesto Che Guevara le envió un mensaje donde le solicitaba apoyo en el trayecto hacia Las Villas de la Columna 8 Ciro Redondo, comandada por quien a la postre fuera el Guerrillero Heroico de América Latina y el mundo.
Unas horas después, el revolucionario y dirigente sindical, nacido el 29 de noviembre de 1915 en una zona aledaña al poblado de Corralillo, hoy provincia de Villa Clara, organizó la colaboración donde intervinieron varios dirigentes del Partido Socialista Popular y la Juventud Socialista.
En aquella ocasión se le entregó a la columna rebelde medicamentos, zapatos, nylon, alimentos, mapas de la zona, grasa para los fusiles, dinero y guías. Al recibir tal ayuda, el jefe guerrillero expresó: «Si hubiéramos recibido antes estos mapas ya estaríamos en el Escambray».
No podía ser de otra manera, porque Aneiro actuaba acorde con los principios y la educación que le habían dado María, su madre, y Manuel, el padre, un obrero que siempre malvivió de lo poco que le reportaba el cultivo de caña, la chapea de potreros, los hornos de carbón o, sencillamente, de lo que apareciera para alimentar a la esposa y a otras seis bocas nacientes.
Entre los diez y 18 años de edad, tomó conciencia por el panorama que se percibía en el gobierno de Gerardo Machado, donde predominaban la corrupción administrativa y la crisis económica, razones por las cuales la juventud de aquellos tiempos vivía prisionera en su propio país. Fue este el motivo principal por el que al cumplir los 13 años tuvo que abandonar los estudios, cuando apenas había vencido el cuarto grado de escolaridad.
Después de casi diez años como trabajador a tiempo completo en los cortes de caña y otras labores en el campo, Aneiro, a través de su hermano mayor, Primitivo, comienza a laborar como obrero en las reparaciones de las líneas férreas del central villareño George Washington, donde lo eligieron delegado sindical, hecho que lo llevó a la defensa de los intereses de los trabajadores y, por ende, a las primeras luchas.
Al ser cesanteado en la región villareña y cerrada toda posibilidad de encontrar trabajo en su zona natal, no le quedó otra alternativa que trasladarse, en compañía del padre y dos hermanos, a la provincia de Camagüey, donde cortaron caña en los centrales Céspedes (hoy Carlos Manuel de Céspedes) y Estrella (República Dominicana), y en el Cunagua, (Bolivia) y Violeta (Primero de Enero), los dos últimos en la actual provincia de Ciego de Ávila.
A finales de los años 30 del siglo pasado y durante toda la década del 40 tuvo una activa participación revolucionaria y entre 1942 y 1943 dirigió los enfrentamientos a los desalojos campesinos en la zona norte de Piedrecita: Teruel, El Kirche, Mascota, Río Lázaro, Las Marías, El Jobo y otros.
Continuó su crecimiento como revolucionario y en 1945 fue electo presidente del Comité Municipal de Florida del Partido Socialista Popular (PSP), lo que significó un cambio radical en su vida, como demostró en el enfrentamiento al golpe de Estado, el 10 de marzo de 1952, ocasión en la que habló en un acto en el parque Martí de Florida, donde denunció la esencia reaccionaria del golpe militar.
Así, entre huelgas azucareras, transcurrió la vida de Aneiro, hasta que un día de mediados de noviembre llegó a Ciego de Ávila Carlos Rodríguez Careaga, presidente del PSP y representante del Frente Obrero Nacional Unido (FONU).
UN CAPITÁN MUERTO EN CAMPAÑA
Así dijo Lázaro Peña, enterado de la muerte del artemiseño Carlos Rodríguez Careaga, uno de los principales líderes obreros y comunistas de la etapa prerrevolucionaria, quien había nacido el 4 de noviembre de 1918.
Hijo del tabaquero Carlos Rodríguez Cabrera y Dulce María Careaga Placeres, Careaga también fue aprendiz de tabaquero en las factorías La Ozambela y La hoja selecta. Durante el último año de la tiranía machadista demostró sus primeras inquietudes políticas y con 17 años ya era delegado sindical en la fábrica donde laboraba, y su visión de futuro lo llevó a luchar por el aumento de salarios, el derecho al descanso retribuido y la posibilidad de trabajar con materia prima de calidad.
Tales antecedentes propiciaron su ingreso, primero a la Liga Juvenil Comunista, en la que desplegó una amplia actividad a favor del pueblo español, durante la guerra civil, y después al Partido Comunista, organización en la que demostró liderazgo y madurez política en el frente obrero y, por tanto, resultó delegado al acto fundacional de la CTC, en enero de 1939.
No cesó en su febril actividad política y ante las continuas detenciones y amenazas de los grupos gansteriles que pretendían asediar a los sindicatos obreros durante el periodo de la Guerra Fría, la dirección del Partido lo envía a Pinar del Río y La Habana, como secretario organizador del Sindicato de Torcedores, donde alcanzó gran prestigio y fue electo delegado al VI Congreso de la Federación Sindical Mundial, del 4 al 15 de octubre de 1957, en Leipzig, Alemania.
La última misión encomendada a Carlos Rodríguez Careaga por el Partido y la CTC, consistió en organizar el FONU en la antigua provincia de Camagüey y elegir delegados de esa región a la Primera Conferencia Nacional Azucarera.
La noche del 17 de noviembre de 1958, Aneiro y Careaga decidieron pernoctar en la casa del primero, confiados en que el hogar no era conocido por los cuerpos represivos; sin saber que un delator los había denunciado a la policía, que los sorprendió y los llevó hacia el cuartel de la guardia rural. Allí fueron torturados y un día después lanzados a la cuneta de la carretera que va del central Ciro Redondo a la carretera de Morón, en la provincia de Ciego de Ávila.
















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Armando Cardona dijo:
1
20 de noviembre de 2018
07:43:15
JOSE MARRERO dijo:
2
20 de noviembre de 2018
12:49:31
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