ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Hoy, 10 de octubre, cuando apenas se desdibujaban en el cielo las nubes de la noche y se levantaba el sol por el oriente (…), evocamos el día y la hora en que el Padre de la Patria dio inicio al magno movimiento, a la única y sola Revolución que ha existido en nuestra tierra, la que él comenzó y la que hoy continuamos.
Céspedes nació en San Salvador de Bayamo el 18 de abril de 1819, en el seno de una familia opulenta (…).
Pequeño de estatura, fuerte e inquieto de carácter, lo cual le llevó rápidamente a tener avidez por el conocimiento, la cultura universal, las lenguas antiguas y modernas, el conocimiento de los clásicos de la literatura, de la filosofía y del pensamiento. Con esta preparación partió a Europa y se formó en la Universidad de Barcelona, donde recibió su licenciatura en Derecho, y posteriormente haría un recorrido que lo llevó hasta Constantinopla, recorriendo una parte de aquella Europa que tanto impresionó a su talento y a su ingenio inquieto, sobre todo, porque había ocurrido la gran revolución de 1848.
De regreso a su tierra, lógicamente, con tan amplia experiencia, se sintió inconforme con el estado de las cosas, participó de las ideas más avanzadas de lo que se llamaba entonces el pensamiento liberal, y de esta manera, en la medida en que ese pensamiento iba siendo radicalizado, iban tomándose contra él sucesivas represalias. (…) Finalmente, (…) la conspiración que, vertebrándose ya en el centro y en el oriente de Cuba, les llevó a la ciudad de Las Tunas, a un pequeño sitio, a una finca discreta llamada San Miguel del Rompe (…). En ella apareció su liderazgo nítidamente. Mientras que otros propugnaban por esperar una nueva zafra,
reunidos allí hacendados cuyo desarrollo en las ideas políticas y revolucionarias los llevaba como clase al borde del precipicio, él proclama la necesidad de levantarse (…).
De esa manera, apurados los acontecimientos, ante la inminencia del
descubrimiento de la conspiración (…), decidió, en la madrugada del 10 de Octubre, reunir allí a los que en Demajagua, su ingenio cerca de Manzanillo (…), le escucharon pronunciar su histórico llamado al pueblo cubano, a la nación y al mundo, ofreciendo con la libertad de Cuba una mano generosa a todos los pueblos y hombres de la Tierra, al mismo tiempo que proclamaba, en un país donde faltarían tantos años para la abolición de la esclavitud, la libertad de los suyos propios, desentendiéndose del pasado, haciendo un rompimiento con sus posesiones territoriales, con su posición privilegiada, con su condición de amo y señor, para transformarse en libertador.
El 10 de octubre fue el comienzo, y unas horas después en Yara (…), la causa tomó el nombre de aquel sitio (…): Grito de Yara.
El 20 de octubre estaban sobre Bayamo. Capitulada la ciudad (…), se establece allí la primera capital de la revolución y el primer ayuntamiento libre, en el cual participan, a piel de igualdad, cubanos, españoles honorables y también negros libres. De esa manera va a hacerse la composición social que él quiere, lo que él tan inmensamente desea.
Bayamo no fue sostenible. Poco después (…) deben abandonarla ante el avance de las columnas militares españolas. La decisión de dar fuego a la ciudad comienza con sus bienes propios y con los de los otros que se dispusieron a hacerlo.
Había nacido, con aquella desobediencia política, un movimiento revolucionario, y al incendio sucedió el éxodo. Había nacido el Ejército Libertador.
El ejército había probado sus armas y, al pie de las gradas de la iglesia de Bayamo, Pedro Figueredo (…), general también de la revolución, dio letra al himno que poco antes había compuesto (…).
De esa manera avanzó la revolución hasta llegar a la consolidación de la idea con el levantamiento del Camagüey y de Las Villas. Y con representación de estos tres territorios se reúnen en la ciudad de Guáimaro, donde la Asamblea Constituyente lo elige primer Presidente de la República de Cuba en Armas.
Todos cedieron, es la verdad, pero él cedió más: era del criterio de que la revolución debía ser sostenida con una mano firme y que era más importante una victoria que un discurso político, que era más importante avanzar y triunfar que cientos de miles de hombres en Oriente, si no éramos capaces de avanzar hacia los confines de Cuba.
Sabía perfectamente que a partir de ese momento quedaba sujeto administrativamente a la Cámara de Representantes y que ella podía sancionar sus propias determinaciones.
De esta manera, el hombre del 10 de Octubre, (...) enfrentará serenamente su destino, un destino que llevó a aquel gobierno peregrino a andar por los montes, mientras que el ejército combatía en los distintos puntos de los frentes abiertos por un adversario temible (…).
El 27 de octubre de 1873 es depuesto en un lugar llamado Bijagual, un sitio que hoy está cubierto por las aguas de una presa realizada por la Revolución Cubana, una presa que lleva su nombre, como si las aguas de aquel inmenso lago pudiesen borrar el agravio que significó para Cuba no la pérdida de un presidente, sino el descabezamiento de un líder; la caja de Pandora se había abierto, la desunión finalmente los perdería.
El «viejo Presidente» sube con sus ropas raídas el camino del monte y llega finalmente a San Lorenzo, no lejos de aquí, al final, entre aquellas montañas (señala), está el sitio. Una traición llevó hasta aquel lugar a los que le perseguían y buscaban en él la prenda preciosa, pues jamás habría podido ser entregado vivo. «Seis balas tiene mi revólver, cinco para ellos y una para mí». Allí, el 27 de febrero de 1874, a media mañana, se sintió la presencia del enemigo en los montes.
Poco después descargas y el sonido estentóreo de un arma pequeña que disparaba una y otra vez, haciéndose distantes los disparos hasta escucharse el último. Le faltaban 51 días para cumplir 55 años.

(Fragmentos del Discurso pronunciado en Santa Ifigenia, el 10 de octubre del 2017).

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