ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Arriba, la iraní Hasareh Abolfathi y el angolano Alberto Raúl Muabi, debajo Keyla Kerr de Panamá y Antony Richards de San Vicente y las Granadinas.

La Universidad de Ciencias Médicas de La Habana graduó en el curso académico 2017-2018 a 75 estudiantes extranjeros de 29 países, una proeza solidaria que en más de 50 años de formación de recursos humanos en el sector de la salud, ha egresado a más de 34 000 jóvenes de 135 naciones.

De los graduados en el mes de julio, 24 fueron formados en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) y los restantes cursaron la carrera en la modalidad de programas por convenios bilaterales entre gobiernos o por el autofinaciamiento del propio estudiante.

Así lo corroboró la joven iraní Hasareh Abolfathi, a quien le resultó difícil el aprendizaje porque su lengua natal es la persa. «Al llegar a Cuba cursé un año de premédico para aprender el idioma español en los primeros seis meses y luego asignaturas del preuniversitario como una preparación para enfrentarme a los estudios universitarios. Superé mis deficiencias idiomáticas con los amigos cubanos y el apoyo recibido por los profesores», relató.

Ella estudió estomatología en la facultad Victoria de Girón, donde se incorporó al movimiento de alumnos ayudantes desde el segundo. Esta actividad le permitió acercarse a las especialidades médicas y ayudar a sus compañeros de curso. Además pudo realizar investigaciones y presentar ponencias en las jornadas científicas.

Por sus  resultados docentes alcanzó la categoría de título de oro, otorgado a estudiantes que su índice académico general supera los 4,75 puntos y hayan mantenido una notable participación en festivales culturales y deportivos. «Me llevo gratos recuerdos de Cuba, principalmente muchas fotos de los lugares visitados y mi título de graduada», aseveró la muchacha de 24 años.

Mientras el angolano Alberto Raúl Muabi reconoce que los años de universidad cursados en la mayor isla del Caribe han sido lo más preciado en su vida, porque le  posibilitó conocer a muchas personas valiosas, quienes le han enseñado mucho más que una profesión, esencialmente a ser más humano.

«Llegué siendo un adolescente, -señaló el joven de 29 años- poseía poca experiencia en las relaciones humanas y en la convivencia con otras personas. Vivir en una beca y adaptarme a compartir con amigos como si fueran familiares cercanos resultó algo nuevo».

Destacó el rigor académico exigido por sus profesores y para él lo más importante en su formación ha sido el vínculo con los pacientes: «Los dos primeros años cursamos asignaturas básicas y preclínicas, y a partir de tercero nos insertamos en un hospital y laboramos en las salas, cuidando a los enfermos. Me gustó mucho la asignatura de propedéutica basada en el examen clínico para establecer diagnósticos».

Refiere  que su momento más difícil estuvo en el primer año de la carrera. Sus profesores le exigieron un aprendizaje profundo y con responsabilidad, por tanto debió adquirir rápidamente métodos de estudios novedosos para responder certeramente a los exámenes basados en el razonamiento.

Sintió gran apoyo dentro del grupo de angolanos, quienes mantuvieron costumbres y tradiciones a pesar de la lejanía a la patria. «Todos desarrollamos actividades de conjunto principalmente la gala cultural donde mostramos a los cubanos y a los estudiantes de otros países nuestros bailes, música, vestuario, recetas culinarias y explicamos la geografía. En el deporte, mi equipo resultó campeón de baloncesto en los juegos Galenos en el 2013 y en el 2014. Participé en las marchas, desfiles y actos políticos».

Igualmente Antony Richards de San Vicente y las Granadinas eligió ser médico porque varios miembros de familia padecen enfermedades crónicas no transmisibles y necesitan visitar con frecuencia el consultorio. Él se percató que en su país la atención primaria aún necesita de mayor desarrollo y quiere proponer estrategias aprendidas en la carrera que puedan beneficiar a sus familiares y al pueblo.

Además reconoció el prestigio mundial alcanzado por la Mayor de las Antillas en la asistencia médica pública y gratuita. Él también obtuvo la categoría de título de oro por sus 4, 96 puntos de promedio general. En los primeros años de graduado prestará servicios en el nivel primario de su país pero luego quiere regresar para especializarse en otorrinolaringología.

Por su parte, Keyla Kerr de la ciudad de Colón en Panamá, agradeció a Cuba la posibilidad de realizar el sueño de convertirse en médico «No tengo palabras para expresar la emoción y el agradecimiento profundo que tengo hacia este país. Es una experiencia muy linda, la más agradable e importante de mi vida», dijo profundamente emocionada y con lágrimas en los ojos. (Texto y fotos: Nuria Barbosa León)•

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Francisco Rivero dijo:

1

11 de septiembre de 2018

07:49:35


Felicidades, Exitos en vuestra actividades profesionales. " Patria es humanidad ". José Marti

TOBAL dijo:

2

11 de septiembre de 2018

09:25:11


Orgulloso de ver a dos de mis alumnos en este reportaje. Tuve la oportunidad de ver el desarrollo de Ra'ul durante los 6 años de la carrera, aunque s'olo fue mi responsabilidad en los dos primeros. Alumno, amigo, hijo, le deseo una feliz carrera profesional.