ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Allende fue gran amigo de Fidel, el Che y la Revolución cubana Foto: Archivo

Exergo: “(…) y un ángel, allá en Chile, vio tirotear a un presidente”.                                                                                                                                                 Silvio Rodríguez.

 

En un artículo de Alfonso Sastre, titulado Salvador Allende o la revolución más imposible -que todo admirador de la figura del líder chileno debiera tener la oportunidad de leer-, este intelectual español recuerda cómo formó parte, a inicio de los ‘70, de una tribu expedicionaria llamada Operación Verdad, compuesta por escritores, críticos, poetas y artistas europeos, invitada por el gobierno de la Unidad Popular para comprobar, in situ, la realidad social de la nación suramericana, sumamente distorsionada por el imperialismo.

Sastre y todos los visitantes quedaron cautivados con Chile y la personalidad carismática de su anfitrión, pero también, al menos en su caso, con el exceso de confianza de Salvador en la institución castrense, de donde provendría a la larga, en contubernio directo con Washington, el golpe artero que lo conduciría a su inmolación el 11 de septiembre de 1973 y a la entronización de la dictadura militar más sangrienta que recuerda la historia del subcontinente.

Sastre define el idealismo de la Unidad Popular en términos de “ingenuidad política”. Cuenta en su texto cómo fue a un concierto de Víctor Jara, repleto de militares de rostro adusto en medio de la risueña gente que cantaba. Al preguntarle a un dirigente del partido de Allende, este le respondió que era para que se familiarizaran entre unos y otros.

El agudo pensador reflexionó entonces, y escribió luego: “¡Dios mío, cuánta ingenuidad!, pensé yo para mis adentros. ¡Pero ello formaba parte de la estrategia de una nueva vía -la “vía chilena”- al socialismo!, que era por fin una vía pacífica! Ello hacía que yo acallara temerosamente mi funesto presagio. Porque, ¡si fuera así, cuánta belleza! -pensaba-. ¡Si tuvieran razón mis amigos chilenos!”.

Pero, continúa a seguidas Sastre: “La respuesta de la realidad fue demasiado cruel. La última imagen de Salvador Allende, con un casco de acero en la cabeza y un fusil en la mano -¿aquel que le había regalado Fidel Castro, y que más que un regalo yo lo entendí como una advertencia y un consejo?- echó definitivamente por tierra toda ilusión de un proceso revolucionario desarmado y pacífico. Para que un proceso así fuera posible, la democracia tendría que ser verdad, y no un sistema armado hasta los dientes y que no tolera que el mundo pueda cambiar de base, como proclamaba aquel gran himno que es La Internacional”.

El gobierno que en mil días había revolucionado de una manera pacífica el país, que transformaba de manera paulatina los pilares sobre los que debía fundamentarse un nuevo régimen de producción y una nueva entidad socio-política, que era querido por el pueblo trabajador a despecho de la burguesía alta más interesada en otros aires de menos cambio y más capital, se fue a pique por el sedicioso golpe de estado encabezado por el traidor Augusto Pinochet, aupado por la Casa Blanca.

Pese a que su frontalidad en los enfoques alguien pudiera juzgarla como ríspida, al parecer no se equivocó Sastre al valorar el status quo chileno, como tampoco al enjuiciar los modos de obrar y pensar de su revolucionaria, pero aun falta de madurar, clase dirigente. Un ejemplo clásico de lo anterior: Allende, en los comienzos del golpe del 11 de septiembre, estaba preocupado por la suerte de su “amigo” Pinochet, que -creía aun- iba a ser muerto en la revuelta por los conjurados, como ha sido evidenciado en testimonios y documentales. No podía imaginarse todavía para ese momento que su “amigo” era el Judas de turno en este pasaje de la historia, el que echó tanques, aviones y bestias asesinas de uniforme sobre La Moneda.

Más tarde, luego de comprender ya con claridad la situación real, su claridad visionaria -esa que acompaña a los grandes hasta en los últimos momentos-, también le permitió en tan difíciles instantes adelantarse a su tiempo, otear en el horizonte político futuro de Latinoamérica y asegurar: “Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

Danilo Bartulín, amigo y médico personal de Allende, su confidente político y miembro de la dirección del Grupo de Amigos Personales (GAP), quien viviera los últimos instantes del presidente, reconstruyó en una entrevista el asalto golpista.

Describió así su valentía y sus actos antes del epílogo definitivo: “Allende, con el casco puesto, estaba tranquilo, muy sereno, pero decepcionado. Los edecanes militares de La Moneda le dijeron: ‘Mire, todas las Fuerzas Armadas están en el golpe, así que renuncie’. Él les responde: ‘Ustedes pónganse a disposición de sus mandos, que yo me quedaré aquí como presidente’. Poco antes transmitiría por Radio Magallanes el discurso de la despedida; el pliego de cargos contra la deslealtad castrense, las ambiciones de la oligarquía nacional y su sometimiento a Washington: ‘¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo’ (...)”.

Palabra cumplida. Con su muerte y la disolución del gobierno de la Unidad Popular, se quebraba uno de los sueños más hermosos de la América Latina del siglo XX. Supuso, a no dudarlo, un lamentable retroceso histórico, pero es sabido que la historia no marcha en línea recta y tiene sus vueltas momentáneas atrás que luego se superan.   

Es Salvador Allende una figura que marca una experiencia de lo que se debe y no se debe hacer en política, símbolo de la libertad cuya memoria no pudo hollar jamás la ensangrentada bota de aquellas bestias vestidas de verde. Símbolo de lo que nunca podrá ser derrotado.

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José Ramón Mosquera Barros dijo:

6

11 de septiembre de 2018

14:44:59


Un recuerdo emociono a estas personas excepcionales que lo dieron todo por los demás, un recuerdo por Allende, Víctor Jara, Neruda, tantos otros, tantos.. Miles de desaparecidos por la bestia fascista, vuestro sacrificio no será en vano

Arturo Cárdenas Alvarado dijo:

7

11 de septiembre de 2018

18:15:21


Salvador Allende: Y la dignidad se hizo carne !!

Miguel Angel dijo:

8

12 de septiembre de 2018

06:57:06


Es cierto que hubo un intento de movimiento armado insurreccional dentro de la dividida izquierda chilena. Por una parte, los partidos tradicionales de la izquierda, el Partido Comunista y el Partido Socialista, apostaban a una profundización gradual de la transformación social a través de reformas institucionales, dentro de sus partidarios se encontraba el distinguido patriota y revolucionario Salvador Allende. El 15 de agosto de 1965 se fundó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). En su Declaración de Principios, el MIR se definió como la vanguardia marxista-leninista de la clase obrera y las capas oprimidas de Chile y manifestó su postura revolucionaria de acción política y social en oposición a la izquierda tradicional. El MIR se fue radicalizando, fue cobrando cada vez más fuerza el grupo más radical dentro del MIR, el de los jóvenes encabezados por Miguel Enríquez, siendo elegido este su secretario general en el año 1967. Durante el gobierno de la Unidad Popular, el MIR "no formó parte de la coalición gobernante", aunque sí la apoyó explícitamente haciendo una tregua en su táctica de acciones de propaganda armada (manifestación de la desunión entre las fuerzas de izquierda, en un momento de crucial importancia). Durante el régimen militar (1973-1990) el MIR fue duramente perseguido. Éste llamó a sus militantes a no asilarse en las embajadas para luchar contra la dictadura desde el interior del país, organizar actividades clandestinas contra la dictadura de Augusto Pinochet. Sin embargo, sus militantes fueron encarcelados, torturados, ejecutados, o exiliados, lo que terminaría por desarticular el movimiento. El 5 de octubre de 1974 en un enfrentamiento con agentes de la Dina, cae en desigual combate el líder del MIR Dr. Miguel Enríquez Espinosa. Sin duda, primaron las divergencias entre los representantes de las diversas tendencias de la izquierda chilena, en lugar de fortalecer sus filas en consecución del objetivo supremo de llevar adelante el proceso revolucionario en Chile. En otro orden de cuestiones, en mi modesto parecer, la Sra Michele Bachelet no es una genuina representante de lo más destacado del movimiento de izquierda en la región. Su posición es ambigua en cuestión de ejecución de medidas progresistas y revolucionarias en Chile y en la integración de Nuestra América. Si bien durante sus mandatos se adoptaron algunas medidas de corte progresista y de beneficio a algunos sectores de la población, fueron pálidas con respecto a las enormes necesidades acumuladas para las grandes mayorías empobrecidas de la nación andina. Eran mucho más los retos que las cuestiones cumplidas, que exigía decisiones más audaces, para lo cual obtuvo el voto popular, en nada satisfizo las expectativas. Su actividad en relación a la integración latinoamericana y caribeña fue muy pobre. Sin embargo prevalecieron las estrechas relaciones con el gobierno de EEUU, en particular con las FFAA yanquis. Recordar que la Bachelet cursó un diplomado sobre estrategia militar en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE) de Chile, posteriormente continuó en 1997 un curso superior sobre defensa continental en el Colegio Interamericano de Defensa, ubicado en Washington D. C., Estados Unidos. A su regreso en 1998, Bachelet trabajó un año como asesora del Ministerio de Defensa Nacional. El 7 de enero de 2002, Ricardo Lagos la nombró como Ministra de Defensa Nacional. A mi juicio, en su gestión de gobierno en ambos mandatos, se expresó una tendencia centrista, muy débil la toma dedecisiones en beneficio de las grandes masas populares. En nada se parece a otros líderes de izquierda de la región, ni al propio Allende, a quien está dirigido el presente trabajo. Gracias.