ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Estamos en otro año 59, los que han pasado desde que el 1ro. de enero llegara el poder revolucionario. Están las imágenes en una foto, en un filme, también en un texto, una canción o una pieza teatral. Recrean un instante particular, recuerdos latentes  que  llaman la atención, enfatizan o despiertan  la memoria de cada uno de nosotros: claves para interpretar o adelantar el futuro. Este año 59 en Cuba se discute de todo.  En público y en privado. Se analiza cómo ha sido, cómo es y cómo será el socialismo cubano al debatir el proyecto de la nueva Constitución desde este presente, el de toda Cuba y el de cada uno de nosotros. No es una convocatoria cualquiera, ni una más… Es intentar ponernos de acuerdo pensando con cabeza propia.

Con la efervescencia actual vuelven aquellos primeros días de aquel primer año 59. El vértigo de los cambios, de lo insólito, de lo impensable está en las calles. Todas las heterodoxias hasta las imposibles. En aquellos días se podía amanecer con las armas en la mano en Girón o alfabetizar en lejanos parajes, y escuchar el coro (como una banda sonora infinita) «la Reforma Agraria va»… al extremo que Virgilio Piñera reclama desde las páginas de Lunes de Revolución que se  haga «La Reforma Literaria» y reconoce que sería –en caso de hacerse– más compleja que otras medidas de la revolución triunfante, tal era la atmósfera de esos instantes que el polémico escritor emplaza a Samuel Feijóo… «estamos esperando que usted asalte el Moncada de los falsos poetas como Fidel asaltó el Moncada de los falsos militares», todo eso leo en Virgilio Piñera: 1959, de David Leyva González.

1959. En el barrio habanero de El Vedado nace el cine cubano y Haydée Santamaría llama a su «Casa» a todos los latinoamericanos y vienen Manuel Galich, Mario Benedetti, Roque Dalton… es una cita, un encuentro entre creadores, artistas y políticos para unir ideas diversas. La cultura y el arte no como adorno sino camino para ir a las raíces, convocar a la reflexión, promover y  reconstruir la identidad latinoamericana y no pocas veces a revelársela a los cubanos. Desde esos fundacionales momentos el arte, la política, se entrelazan, discrepan, se separan, se reencuentran en un proceso incesante, patentizando y asumiendo que la cultura es la expresión más alta de la política.

Los cimientos de la confrontación ideológico-cultural de esos años y que después describirá para la revista Positiff, Michelle Firk, realmente se sellaron en La Plata, Sierra Maestra, con la Reforma Agraria. Allí empieza a caer toda la estructura del viejo Estado: los latifundios y la United Fruit dejan de existir.

Michelle Firk vino a Cuba invitada por el Icaic precisamente en uno de esos momentos. Testigo de las polémicas y discusiones en la búsqueda de definiciones sobre el papel del arte y la cultura, escribe sus impresiones, comparte lo que ve y vive, glosa y difunde la riqueza de ideas, las inquietudes y angustias expresadas por los creadores hoy actuales y vigentes como nunca.

Michelle Firk glosa en su texto los esclarecimientos esenciales de Fidel y Dorticós en los debates. Dice Fidel:

«Permítanme decirles en primer lugar que la Revolución defiende la libertad (…) Que si la preocupación de algunos es que la Revolución vaya a asfixiar su espíritu creador, que esa preocupación es innecesaria, que esa preocupación no tiene razón de ser. (…) Al contrario. Y que cada cual se exprese en la forma que estime pertinente y que exprese libremente la idea que desea expresar (…)».

Este último enunciado (…y que cada cual se exprese…) es precisado poco después por el presidente Dorticós: «(…) el gobierno revolucionario, al formular su política cultural, no habrá de limitar ni de lastimar en lo más mínimo el ejercicio de la libertad formal en la literatura y en el arte; (…) estamos conscientes de que esa es tarea propia del gobierno que debe desenvolverse, precisamente, no a distancia de ustedes, sino con ustedes como protagonistas, colaboradores y redactores de esta política…».

Michelle concluye en su texto que Fidel y Dorticós  «(…) incitaban a los escritores y artistas a profundizar su cultura política y a comprender la sociedad en la que viven ya que el arte y la literatura no se alcanzan ni se producen al margen del tiempo y por encima de las sociedades… Así el poder revolucionario expresó claramente que, si tiene la responsabilidad de llevar una política cultural, es con los escritores y los artistas que lo hará y no sin ellos y que no pretende de ninguna manera arrogarse el derecho de “dirigir” el arte ni el de darle órdenes, ni el de ponerle prohibiciones».

Se  viven y se leen debates como Cineastas contra el Realismo Socialista, o que el filme italiano La dolce vita enfrenta miradas muy agudas, encontradas y discrepantes en dos periódicos nacionales (Revolución y Hoy) sobre qué cine deben ver los cubanos… «Los dogmáticos son los que pretenden más o menos sutilmente endurecer su posición», relata Michelle Firk y que «(…) los cineastas se alarman; se rebelan contra la imagen del pueblo que presentan los dogmáticos… empiezan a tener ganas de decir cosas más personales y se sienten capaces de decirlas».

Son las polémicas  más citadas, pero hubo más discrepancias y desencuentros en todos estos años. Con la información que ahora tenemos se pueden recontextualizar mejor muchas cosas, la atmósfera y el entorno cambiante sirven para ilustrar la complejidad y los enfrentamientos de ese año 59 que dura más de los convencionales 12 meses.

Con el tiempo se ha multiplicado el alcance del principio «la libertad de expresión» y se une al  «derecho a la información»,  el permanente desafío de no volver a la unanimidad que falsifica el debate y esquematiza la realidad. La garantía de las libertades en el ejercicio del periodismo o en la creación cinematográfica descansan en una legislación, marco jurídico e ideológico, y sobre todo en una expresa voluntad política para convertir en realidad  lo que se  lee en el inciso 277-h de este nuevo texto constitucional que la «creación artística es libre (…) las formas de expresión en el arte son libres». Solo las interpretaciones hechas en cada momento y tantas veces silenciadas o negadas, son las que han ensombrecido tan claros principios. No olvidar el año 71. La cultura no se podía (no puede ni debe) concebirse dentro de una urna de cristal, sin recibir los embates de diferentes corrientes  artísticas y políticas.

Todo eso fue en el siglo XX cubano y después del 59. ¿Una historia antigua?  No totalmente. Estamos otra vez en (otro) año 59, siglo XXI. ¿Será esta la ocasión para acordar procedimientos ajustados a las transformaciones que vivimos?  ¿Cómo enfrentar las sucesivas mutaciones en el cara a cara y en lo virtual  provocadas en todo el ámbito comunicacional por el desarrollo acelerado de la tecnología? ¿Cómo ganar espacios para influir, y competir decididamente en la creación de contenidos?

Entonces conviene recordar a Martí:  «El  arte no puede, lo afirmo en término absoluto, ser realista. Pierde lo más bello lo personal. Queda obligado a lo imitativo: lo reflejo».  

Una avalancha de información que estimula la participación, el análisis, la crítica a veces exaltando un solo ángulo o dirigida a una zona específica, espacio virtual en el que coinciden académicos, economistas, sociólogos, poder que convoca a todos en un flujo que no tiene límites para crear, generar y poner contenidos de gran diversidad significando la presencia de nuevos actores en el escenario sociopolítico cubano, está permanentemente en las redes sociales como una suerte de «paquete» de ideas, interrogantes, incertidumbres, que ensaya definiciones presentes o no en la nueva Constitución.

Los cambios del escenario político social son una realidad que no se puede obviar. Circulan películas, existen nuevas productoras funcionando que también son hijas naturales y legítimas del incesante desarrollo en la educación, la cultura y la ciencia cubanas. Muchas de estas producciones quizá nunca llegarán a las pantallas convencionales (cine y TV), pero circulan, crean estados de opinión, consolidan gustos, santifican contenidos. En los cambios socio-económicos y estructurales que todos estamos viviendo el rol protagónico lo tienen (y se necesita que lo tengan) sobre todo los jóvenes. Ellos encarnarán un lenguaje nuevo, dinámico en este indispensable diálogo para construir un consenso, una unidad entre todos.

En el 2016 nos alertó Fernando Martínez Heredia y lo dice para ahora mismo: «La sociedad pasa al centro del combate político, y ella necesita que entre todos hagamos política social, y hagamos política. Un requisito básico será la activación  de muchos medios organizados que no están siendo ni eficaces ni atractivos, y la creación de nuevos espacios y mecanismos para fomentar la actuación y la creatividad populares. Es preciso ganar la batalla  de la participación de los que están dispuestos y reconquistar a la mayoría de lo que no lo están…».

Existimos en este debate cada vez más abarcador para conformar un rostro, no uno cualquiera, sino el que seamos capaces de imaginar y crear juntos. Vivir la experiencia del proceso de discusión, oírnos y reconocernos, nos hará salir de ella siendo otros.

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Miguel Angel dijo:

1

7 de septiembre de 2018

04:36:16


Contundente reflexión. Profunda y abarcadora. Inmersos en el proceso de discusión del Proyecto de Constitución de la República, todos aquellos cubanos que deseen participar creadoramente en el mismo tienen esta bella oportunidad, ser protagonistas en la visión de nuestro futuro. Como los mambises del siglo XXI rememorar la patriótica actitud de los heroicos patriotas que participaron en la discusión y elaboración de las insurgente constituciones de Guáimaro, Baraguá, Jimaguayú y de la Yaya. Cuánto sano orgullo debe embargarnos.