La tarde de la entrevista, diluvió en La Habana.
Hasta en la salita anexa a sus oficinas en el Palacio de la Revolución, donde se improvisó el set, los truenos y el resplandor de las descargas eléctricas se sentían con tal intensidad, que por momentos su voz se hizo imperceptible y temimos lo peor: que los micrófonos no captaran las respuestas y tuviéramos que suspender el encuentro más esperado por nuestro equipo desde que surgió el espacio «En persona». Por suerte, la tormenta se desató cuando ya había avanzado el diálogo hasta el punto de romper el mito de que «Ramiro Valdés no da entrevistas».
EL HIJO DE OFELIA, DEL BARRIO LA MATILDE
–Comandante, en primer lugar, gracias. Mucha gente me dijo: no vas a poder entrevistar a Ramiro, él no habla ¿Por qué
–En primer lugar, estoy aquí cumpliendo una indicación que no podía dejar de cumplir que es acceder a la entrevista.
–Qué bueno ¿y por qué no habla a la prensa?
–Mira, Arleen, en primer lugar no me gusta hablar en primera persona, no me gusta ser protagónico de algo que sencillamente creo que todos hemos hecho de forma muy natural, a partir de que el deber nos llamó.
–Bueno, usted no será protagónico, pero protagonista de la Revolución es, de ahí la insistencia. Yo quiero saber, quiero yo no, quiere el pueblo de Cuba, quieren las jóvenes generaciones saber: ¿Quién es Ramiro Valdés Menéndez, antes de ser el Comandante de la Revolución?
–Nosotros somos una familia de origen muy pobre, modesta. De Artemisa, del barrio La Matilde, de donde salieron, la mayoría no, prácticamente todos los compañeros que participaron en el Moncada. Además, coincidimos todos en distintos momentos en las escuelas y ahí tuvimos fraternidad a nivel del barrio y nos fuimos conociendo. Julio, Rigoberto, Ciro, Emilio, distintos compañeros que participaron después en todo lo que tuvo que ver con el asalto al Moncada, de ahí salieron, de esa cercanía del barrio, de la escuela.
–¿De qué vivían? ¿Qué hacían sus padres para mantenerlos? ¿Cuántos hermanos?
–Cinco hermanos, mi familia te repito era muy pobre, sin oficio. Mi madre era una persona muy íntegra y te contaba antes de entrar acá, era muy martiana y muy cespedista, aunque era bastante escéptica con relación a la política, porque decía que los políticos sencillamente utilizaban a los demás para tomarnos de escalón y subir, y después se olvidaban de todas las promesas y que por tanto sus hijos, si ella podía, no iban a ser escalón de nadie, de ningún político.
–Alguien me dijo una vez que ustedes dormían completamente desnudos porque su madre lavaba de noche la única muda que tenían…
–Es así, me la lavaba y zurcía la ropa para que pudiéramos ir a la escuela limpios, porque mi madre decía, además, con mucho orgullo, que éramos una familia íntegra, pobre pero íntegra, con mucha moral, limpia y honrada. Incluso ella para subsistir llegó a ser listera en los juegos de la bolita, ella fue listera, (y también) trabajó en escogidas de tabaco.
–¿Se llamaba?
–Ofelia Menéndez, lavaba ropa para algunas personas, yo iba, recogía la ropa y ella la lavaba, la planchaba y eso era un pequeño ingreso que teníamos. Mi madre decía: «ni prostituta, ni criada de nadie» y nos crió con mucha dignidad, desde el punto de vista ético. Y desde el punto de vista político te digo era muy cespedista y muy martiana.
–¿Ud. era el más pequeño?
–Era el penúltimo, pero siempre, no sé porque razón; si sé, siempre me trataron en mi casa, todo el mundo como el más pequeño, porque era al que siempre malcriaban. Sucedió que, cuando mi mamá dio a luz, yo tenía el cordón umbilical alrededor del cuello y prácticamente a mí me desahuciaron, incluso trataron de arrebatarme a mí de los brazos de ella, el médico y los demás, pero ella sencillamente se negó y se negó y me apañó, me alimentaba con un gotero, dándome la leche gota a gota, hasta que al final, aquí me tienes, gracias al esfuerzo de mi madre.
–¿Vivió años para verlo convertirse en un héroe de este país?
–Más de 90 años.
–Ud. además fue un poquito revoltoso en el trabajo. ¿Lo botaron, lo echaron de algún trabajo me han dicho?
–Bueno, de la empresa eléctrica, cuando estaba de aprendiz, eso fue en Los Palacios. Uno de los trabajos que estábamos haciendo era en Los Palacios, se trabajaba en caliente y uno de los compañeros cometió un error, tocó la corriente y lo tumbó.
– ¿Murió?
–No murió, pero lo dejó minusválido, un muchacho joven, fuerte. En una de esas, en un momento que fuimos allí, a Los Palacios, quiso mi padrino hacerlo en caliente, él era el capataz, entonces yo me opuse y los demás también se opusieron y no se pudo hacer, entonces hubo que mandar a cortar la corriente, a ese arreglo lo llamamos una vía libre, cortan la corriente y trabajas. Bastó, fue suficiente para que cuando regresamos de Los Palacios, a Artemisa ya me sacaran.
–Lo sacaron de la brigada.
–Me sacaron de la cuadrilla como se llamaba, por comunista.
–Por comunista, ¿y ya usted era comunista?
–No, no tenía ni idea, nada. A los revoltosos en aquel tiempo los acusaban de comunistas; de ahí salí a tirar caña en un camión, de ayudante, en ese camión tirando caña nos sorprendió el 10 de marzo en el campo.
DEL 10 DE MARZO DEL 52 AL 26 DE JULIO DEL 53
–¿Qué siente Ramiro Valdés Menéndez cuando sabe del golpe del 10 de marzo, usted tenía 20 años, no?
–Sí, más o menos. Después que me sacaron de la Empresa Eléctrica, estuve trabajando tirando caña para el Central Pilar y el Central San Cristóbal, y estando en el campo nos enteramos. Como a las cuatro de la mañana ponemos el radio, yo siempre ponía el radio para oír música, y no había nada en el radio, entonces nos preguntamos ¿qué habrá pasado? Cuando llegamos al ingenio, entre 10 y 11, nos enteramos que Batista había dado un golpe de Estado, bueno, mi alegría fue tremenda.
–¿Cómo es eso?
– Sí, fue tremenda, porque le dije al hermano del dueño del camión, que era el chofer: «ahora este las va a pagar todas, las de antes y las de ahora, y nos tocará a nosotros, a la juventud, enfrentar esto, porque ni Millo Ochoa, ni Pardo Llada, ni Agramonte, ni nadie va a enfrentar esto, los únicos que van a enfrentar esto aquí somos nosotros, es la juventud». Ya nosotros escuchábamos a Fidel, por una hora de radio que él tenía aquí en La Habana.
– Le parecía importante lo que decía.
– Claro, incluso cuando vamos a ver a Pepe, yo le digo «bueno, a Batista hay que tumbarlo con las armas». Ya nosotros éramos cuatro los que nos habíamos confabulado para organizarnos y buscar el contacto con Fidel, a través de Pepe, y entonces, así fue, estuvimos como dos meses insistiendo con él, por si había visto a Fidel, y como a los dos meses aproximadamente, nos entrevistamos aquí con Fidel, en Prado 109. Con Fidel y con Abel. Estábamos Julio, Pepe, Ciro, Gerardo y yo. Y ahí nos pusimos a su disposición, entonces el aceptó la proposición.
–¿Qué impresión le causó conocerlo personalmente? ¿Confirmó que era el hombre?
–No, el hombre no, porque Batista decía que era el hombre, y a mí jamás se me habría ocurrido decir que Fidel era el hombre, esa frase jamás, que era el dirigente, que sencillamente era el que por toda su trayectoria, muy joven, pero por toda su trayectoria, toda su honradez, su pensamiento político, revolucionario, su enfrentamiento a los gobiernos corruptos, sencillamente nos dio la garantía y la seguridad de que era el dirigente, el político, el revolucionario que iba a resolver el problema de la situación de Cuba a partir del golpe de Estado, y bueno, así fue.
– ¿A ustedes no los asusta la derrota en el Moncada?
–No, es doloroso, pero claro que no, hay que continuar la lucha, hasta… mira, ya cuando veníamos en el Granma, Fidel nos habla a todos y al final yo recuerdo siempre que decía: …que la victoria radicaba en tres elementos: resistir, resistir y resistir, si resistimos ganamos, porque el pueblo sabe que es una lucha justa y se incorporará a la lucha y con el pueblo vamos a obtener el triunfo, hay que resistir, cualesquiera que sean las circunstancias. Eso nos lo dijo después, pero eso ya lo sabíamos, por la historia.
CIRO, LA INVASIÓN, EL CHE
–Comandante, usted es ascendido en la Sierra Maestra en los primeros meses y pasa a la columna del Che que, además, cuando va a la invasión, ya tiene el nombre de su mejor amigo, de su hermano, Ciro Redondo. Yo siempre he pensado que Ramiro tiene alguna responsabilidad en que lleve ese nombre la columna 8.
–No. Bueno, la responsabilidad que tenemos es la de haber estado juntos desde el inicio, Ciro, Julito –a Julito lo matan en el Uvero–, yo no tengo nada que ver, pero para mí es muy entrañable porque es el resultado de la vida de Ciro. Ciro era una gente muy revolucionaria, muy extrovertido, muy compañero, muy solidario, muy valiente. Ciro era tremendamente arrojado y él muere en el combate de Mar Verde y el Che siempre tuvo por Ciro una gran distinción y simpatía y lo sentía como un compañero entrañable y muy cercano.
–Ahora, dígame una cosa, ¿es cierto que usted no formaba parte de la primera lista de los compañeros que irían a la invasión, que usted tuvo que fajarse por ir a la invasión?
– (Risas) No tan así...Fidel no me había pensado para que viniera con el Che en la invasión y fui a hablar con él y le pedí.
–¿Cómo lo convenció?
–Bueno, le dije, ¿me vas a negar participar en un hecho de la historia de Cuba que más nunca, más nunca se va a reproducir como es la invasión? Me miró y me dijo: «Vete». Pero en otros términos.
–Aparece una imagen, bueno, cuando están recibiendo a Fidel de su primer viaje por América Latina. Vemos al Che, que fue su jefe en la invasión…
–Y en la vida, uno de mis jefes en la vida.
–¿Qué quiere decir usted con eso?
–Era mi jefe de la Sierra, está la Columna 1 y después está la Columna 4, la Columna 4 con el Che al frente y yo voy con él, Fidel me designa con él, pero además en México, en el rancho Santa Rosa. Pudiéramos decir que también en casa de María Antonia conocí al Che. Ahí nos hicimos muy amigos.
–¿Qué tan duro era el Che como jefe?
–El Che era muy severo, pero como dijo Fidel, el Che se exigía él más de lo que le exigía a los demás y sobre todo con la gente más cercana, era intransigente.
– Mientras más cerca más exigente.
–Pero, fíjate, a su vez era una gente chévere, simpático, aunque haya personas que no crean que el Che era simpático, muy fraternal, no tenía nada, se entregaba completo y tenía mucha autoridad, por esas relaciones humanas que era capaz de desarrollar con los subordinados, con los compañeros y además por su ejemplo, de estoicismo y de valentía, porque él sí era un estoico. El Che padecía de asma, incluso sin aparato, tenía unas crisis de asma que caminaba cinco metros y tenía que sentarse, y cinco metros y tenía que sentarse y yo siempre lo acompañé. Todo el mundo caminando adelante y nosotros siempre íbamos detrás y llegábamos al final. La gente lo respetaba mucho y se daba a respetar.
–¿Qué sentimientos hay en usted cuando sabe que su amigo, su jefe, ha partido a otra revolución y usted no va con él y después le toca la responsabilidad de la búsqueda de sus restos?
–La lista de compañeros que él había seleccionado para que lo acompañaran la encabezaba yo, pero se decidió que yo no fuera, y ya cuando la búsqueda, pensaba que de haber estado ahí, de haber ido, yo no lo estaría buscando sino que nos estuvieran buscando a él y a mí, a los dos.
«Mira, cuando se dividió la Columna 1 y se hizo la Columna 4, Fidel me lleva a un lado y me hace responsable por la vida del Che. "Nos recogerán a los dos juntos porque yo no le voy a decir al Che que lo voy a agarrar por ningún lugar a decirle no hagas esto o no hagas aquello". Esas son de las cosas que lo marcan a uno: esa confianza de Fidel al darme esa misión, pudiéramos decir de impedir que el Che en medio de su arrojo hiciera cosas que no debía, para preservar la vida.
«Desde luego, eso con el Che era imposible y con Fidel mismo tampoco era probable. Eso era imposible y era así. Cuando estábamos en la búsqueda pensaba en todas esas cosas: yo bien pudiera haber sido uno de los que se habían muerto con el Che en Bolivia. Es un peso importante en un revolucionario».

El TRIUNFO
–Comandante, dos veces Ministro del Interior, en dos épocas de mucha confrontación con Estados Unidos, de planes de atentados contra Fidel –más de 600– planes de atentado contra otros dirigentes de la Revolución. Luego Ministro de Comunicaciones, actualmente Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Ha estado atendiendo en épocas anteriores y ahora sectores estratégicos de la economía que tienen una evolución muy veloz por las nuevas tecnologías. ¿Cómo se hace para entender este mundo en que va todo tan rápido y en que la tecnología impone lenguajes y códigos? ¿Usted estudió alguna carrera empresarial o alguna ingeniería?
–No, mi vinculación con la técnica viene desde el mismo momento en que nosotros empezamos, cuando me dieron la tarea de organizar la Seguridad del Estado y percibimos que el enfrentamiento con los norteamericanos era un enfrentamiento tecnológico. Desde luego, nosotros no teníamos la inteligencia técnica pero sí la inteligencia humana por el apoyo de todo el pueblo al proceso revolucionario. No había nadie que se moviera que la seguridad no lo supiera y eso nos permitió penetrar a las organizaciones contrarrevolucionarias e ir escalando.
–Y de la época suya, de ahí me imagino yo que salió la idea de aquella serie que nos estremece todavía tantos años
después En silencio ha tenido que ser, ¿fue usted quién le puso el título?
–No, no voy a arrogarme la paternidad, pero sí tuve que ver. Y eso es lo que ha matizado toda mi vida: en silencio ha tenido que ser.
–Por eso lo digo. De todas maneras me gustaría insistir: esa parte hoy, entenderse con el mundo de la tecnología, a mí, que soy por lo menos una generación más joven, me cuesta trabajo. ¿Cómo lo hace? Telecomunicaciones, minas, ingeniería…
–Esto no tiene que ver, el problema es, digamos, el compromiso y la vocación con la tarea. Suelo decirle con alguna frecuencia, en serio y en broma, a los compañeros, que yo no sé si yo fui buen alumno, pero maestros sí tuve buenos. Te repito: originalmente los valores, desde pequeño en mi casa, con mi madre, después Fidel, Raúl y el Che. Yo no sé si fui buen alumno, pero maestros tuve y aprendí con ellos.
–Pero hay por ahí una leyenda que dice que hace muchos años, cuando dirigía el Ministerio del Interior, se iba caminando o corriendo.
–Corriendo.
–Desde aquí desde la Plaza (de la Revolución) hasta su casa en Santa Fe.
–Hasta Seguridad Personal.
–¿Cuántos kilómetros?
–17 kilómetros.
– ¿Diarios?
–Sí, cuando podía todavía, y después hacía levantamiento de pesas en el gimnasio.
–¿Cuánto levanta todavía? ¿O ya no?
–Sí, levanto.
–Mejor no presume de eso.
– No hay que presumir, pero bueno, sí hago ejercicio fuerte. Hay que estar listo, para las tareas y para lo que pueda venir.
YA CONOCERÁN A DÍAZ
–Bueno, lo último: ha entrado una nueva generación en la dirección del país, el presidente Díaz-Canel le pide públicamente que lo acompañe en la tarea, especialmente en esa tarea de la que hemos estado hablando que conlleva entendimiento de tecnología, de cambio de conceptos, etc. ¿Qué significa para el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez que trabajó a las órdenes de Fidel, de Raúl y del Che trabajar con la nueva generación?
–Bueno, precisamente de eso se trata. Todo el proceso revolucionario se traduce en crear nuevas generaciones que sean capaces de asumir el relevo histórico. El mismo Raúl ha explicado esto, incluso públicamente: que el único superviviente de todos los cuadros jóvenes que se identificaron, el único superviviente es él. Yo tengo, diría, muchos años de conocerlo, desde que estaba en Santa Clara y somos compañeros, amigos de hace años, muchos años y sentimos respeto mutuo y reconocimiento mutuo de las tareas y la relación revolucionaria en las tareas de la Revolución.
«A las nuevas generaciones les toca ir a la cabeza, abordar el relevo de la generación histórica, como suele decirse. Esa fue la tarea de la generación histórica, encabezada por Fidel y por Raúl que son los que han estado seleccionando, por decirlo de alguna manera, los futuros cuadros que van a ser el relevo y el más descollante ha sido Díaz. Y realmente a Díaz ya lo conocerán por sus hechos. Es una gente muy organizada, muy inteligente, con madurez política, con mucho tesón, con mucho espíritu, muy exigente, muy trabajador, lo cual obliga a los demás a trabajar al mismo ritmo».
–Parece también que es un poco romántico.
–¿Cómo?
–Romántico, como usted.
–Bueno, mira, la historia demuestra, por lo menos la cubana, que para ser revolucionario hay que ser romántico, idealista y enamorado, no me preguntes de quién, en primer lugar de la Revolución, es así, no hay otra manera.
– ¿Cómo ve el futuro de Cuba?
–Promisorio.
–¿No le preocupa frente al mundo que acecha y todo lo distante que parece la prosperidad?
–Nos ocupamos. La herencia es ocuparse de lo que se nos viene encima, como dice Raúl, lo que siempre hemos tenido encima desde antes del triunfo de la Revolución desde el principio mismo de la guerra revolucionaria, no en la Sierra sino desde antes del Moncada, de lo que pasó en el Moncada, de la prisión, los riesgos que corrió Fidel de ser asesinado, después en México igual, y sencillamente este es un riesgo que tenemos todos los revolucionarios, todos, y en primer lugar, él, que encabezaba el proceso revolucionario, Raúl, el Che…y fíjate, esta entrega a la Revolución, pasando por encima de todos los riesgos, de todos los inconvenientes…las dificultades de todo tipo curten a los hombres, a los revolucionarios y a las nuevas generaciones en el ejemplo de las generaciones anteriores.
«Porque nosotros, y cuando digo nosotros quiero decir nuestra generación, ¿en qué nos inspiramos? En la historia. La historia nuestra está llena de eso: de enfrentar grandes dificultades, grandes obstáculos con recursos a veces inexistentes, enfrentarnos con los recursos que teníamos en la mano y salimos victoriosos en muchos casos, ahí está, esa es la historia de Cuba, la historia de Cuba es esa».
(Fragmentos de la entrevista para el espacio «En Persona» de la Mesa Redonda, que se transmitió el 3 de agosto de 2018)



















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fernando dijo:
1
14 de agosto de 2018
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Rigoberto Lizana C dijo:
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Raiza Kozulina de Rusia dijo:
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Mamayí Respondió:
19 de septiembre de 2019
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