ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Volví a saber de Ernesto cuando ya era el comandante Che Guevara de Cuba, contó Tiquet. Foto: Archivo

Es eI poeta mexicano José Tiquet*, tan joven como el Che en la época de residencia de este en México, quien nos ofrece el testimonio sobre las relaciones del médico Ernesto Guevara de la Serna con poetas y otros intelectuales mexicanos.

José Tiquet lo conoció por conducto de exiliados peruanos amigos de Hilda Gadea, quien también un día le comunicó que un joven médico argentino muy amigo suyo, que había participado en la defensa del gobierno antimperialista de Jacobo Arbenz en Guatemala, se encontraba en la capital mexicana y que lo conocería. Pocos días después de ese anuncio Tiquet vio al médico argentino en casa de Hilda, que ya vivía en un departamento duplex que entonces compartía con la poetisa venezolana Lucila Velásquez. De aquel encuentro y de su amistad posterior con el Che, relata el poeta:

«Recuerdo a Ernesto, delgado, me pareció escuálido, así lo vi recién llegado de Guatemala. Tenía el pelo muy lacio y le caía sobre la frente, aunque estaba pelado bastante corto. Nos entendimos muy pronto y bien, porque con él se podía hablar de todo y a mí me gusta conversar mucho. Entonces yo no tenía interés en la política y menos en la ideología, no era el «ideologista» que soy ahora; pero con Ernesto había que hablar de política y de cuestiones ideológicas, sus conversaciones siempre caían en ese campo, aunque comenzáramos platicando ampliamente sobre poesía o literatura. Mi interés era la poesía en sí misma, se lo hacía saber y él me reprochó que yo hablara solamente de la luna, del paisaje, del amor, desentendiéndome de todo lo demás que había en la vida. Me lo dijo con todas sus letras: “Che (refiriéndose a mi obra) me dijo: ¿y el hombre?, ¿dónde está el hombre en tu poesía?; como poeta no olvides nunca al hombre de tu pueblo, es muy importante que en una obra de arte camine el hombre como en su propia casa, para eso es el arte”, me reclamaba Ernesto.

«Él tenía una visión más amplia de carácter social, una formación sólida y a mí me impresionó muchísimo acabado de conocerlo –cuenta Tiquet sobre una de las primeras conversaciones suyas con el doctor Ernesto Guevara de la Serna–. Ernesto era un hombre muy educado; tierno, aunque no lo aparentara; era un poeta, conocía todas las reglas de la poesía, pero para él había que conocer al hombre profundamente para hacer poesía que valiera la pena. Le pregunté, “dime, ¿qué tengo que hacer para conocer así al hombre, de la forma que tú dices, en su interior y en su entorno?, dime, pues quiero aprender eso”, y Ernesto me contestó tranquilamente que una forma era, para comenzar, leyendo a Freud, obviamente él era médico pero yo me asombré y seguí preguntándole qué relación podía haber en eso que él me planteaba, yo no le veía ninguna relación con el arte. Ya la verás, me dijo. De ahí empecé a observar mejor a los hombres y su entorno, me ocupé de esa riqueza que hay en mi pueblo, profundicé en el ser humano, en el comportamiento del hombre en la sociedad como él me había sugerido de manera casi implacable. “Para que tú conozcas las enfermedades de la sociedad tienes que conocer de qué padece el hombre, cómo padece”, me decía Ernesto, y agregaba que en una sociedad como la nuestra intervienen la economía y la política de manera muy directa, y por eso era imprescindible que me adentrara en ella a través del hombre.

«El primer libro mío de poemas que él leyó fue Sangre de lejanía, después escribí otros libros como Marzo del labriego y A la altura del sueño, en que ya el hombre aparecía donde debía aparecer... “no olvides nunca al hombre de tu pueblo”, era el ritornelo de Ernesto conmigo y mi poesía anterior.

«Es que Ernesto era un gran poeta, bastaría leer sus versos Vieja María vas a morir, que es la historia de una paciente que él asistió en el Hospital General de aquí, de México:

Vieja María, vas a morir, / Quiero hablarte en serio;/ Tu vida fue un rosario completo de agonías, No hubo hombre amado, ni salud, ni dinero,/ Apenas el hambre para ser compartida;/ Quiero hablar de tu esperanza,/ De las tres distintas esperanzas/ Que tu hija fabricó sin saber cómo./ Toma esta mano de hombre que parece de niño/ En las tuyas pulidas por el jabón amarillo./ Restriega tus cabellos duros y los nudillos puros/ En la suave vergüenza de mis manos de médico.

«Ernesto criticaba con razón aquella poesía, la anterior a conocernos, de la cual no me arrepiento porque fue un ejercicio intelectual. Ernesto me ayudó mucho. Y nos ayudamos, mejor dicho, porque se ofreció a vender mis libros y salíamos juntos a recorrer los lugares céntricos de la capital para venderlos; yo era “poético” (un decir), pero Ernesto era un médico, “mas los médicos también tienen necesidad de comer”, me decía, y salíamos rampantes a vender libros; fue muy hermosa e inolvidable para mí esa amistad», subraya Tiquet emocionado.

«Como a mi amigo Ernesto le interesaba todo, un día le hablé del doctor Jesús Silva Herzog, quien me había ayudado a publicar mi naciente obra en Cuadernos Americanos, editorial que dirigía. Se trataba de un eminente economista que dictaba clases en la Universidad Autónoma de México. Es de imaginar que él mismo me pidió que lo llevara a escuchar las clases del Profesor Herzog, porque le interesaba mucho profundizar en la economía; lo complací. Ernesto fue a muchas clases como alumno oyente, creo que incluso invitó a algunos cubanos. Él estaba muy interesado, porque me lo dijo. Pero el Maestro no supo, sino hasta después del triunfo de la Revolución Cubana, que aquel muchacho argentino que entró a su clase era el comandante Ernesto Che Guevara, de quien se hablaba en todas partes, y cuando lo supo se sintió contento y el Maestro vivió siempre muy orgulloso de ese hecho, al extremo que cuando el Che murió en Bolivia –lo asesinaron, hablemos con más propiedad–, nos reunió a sus amigos y convocó a otros poetas más para rendirle un homenaje que sería la publicación de poemas en honor del Che, inspirados en el héroe, y estos poemas primero se publicaron en Cuadernos Americanos.

Posteriormente volvió a convocarnos a su oficina en la Avenida Coyoacán para que firmáramos un libro que él le habría de enviar a la señora Aleida March a Cuba, porque el profesor editó un libro con aquellos poemas».

Intervinieron en este homenaje –el primer homenaje que se le hizo al Che en México–, los poetas León Felipe, Carlos Pellicer, Elías Mandino, Aurora de Albornoz, Carmen de la Fuente, Efraín Huerta, Otto Raúl González, Horacio Espinosa Altamirano, Thelma Nava, Javier Peñaloza, Mauricio de la Selva, Ángel Suárez Rodríguez y el cubano Cintio Vitier, además del que da testimonio, ahora en México, José Tiquet.

La dedicatoria al libro editado por el Maestro de economistas mexicanos, y escrita por el profesor Silva Herzog,  nos la leyó el poeta Tiquet. Decía: «Cuadernos Americanos publica estos poemas de homenaje a Ernesto Che Guevara, al hombre que sacrificó su vida por un ideal superior, por un ideal de libertad y de justicia para los pueblos de nuestra estirpe. Su vida es un espejo fulgurante para la juventud que lucha movida por el afán de construir un mundo nuevo, en el cual todos los seres humanos tengan abundancia, morada higiénica y vestido acorde con la condición climática de cada lugar, educación, cultura y una moral basada en la solidaridad social y el amor al semejante».

Volviendo a los días de la fraterna amistad de José Tiquet con Ernesto Guevara en México, el poeta observa que los intereses del Che fueron multiplicándose, y rectifica: «Yo diría mejor que fueron concentrándose en una sola dirección, la revolución de los cubanos, desde el preciso momento en que conoció a Fidel. Ya estaba de lleno en ese afán. Deja de frecuentar los lugares que antes eran habituales para nosotros. Es cierto que se ocupaba también del Hospital, de sus investigaciones sobre alergia, sobre todo, que estaba más cerca de sus colegas, de la Medicina, pero no tardaría en irse alejando de la Medicina, y como yo empecé a ganarme la vida como periodista, andaba viajando de un lado para otro por todo el territorio de mi país, y no me enteré de la salida del yate Granma, la expedición revolucionaria de Fidel... Volví a saber de Ernesto cuando ya era el comandante Che Guevara de Cuba.

El poeta Tiquet se emociona aún más recordando aquellos momentos:

«Al triunfo de la Revolución yo estaba por el Caribe mexicano y al cabo hice contacto con el Comandante Guevara –un héroe argentino-cubano– y viajé a Cuba. Le pedí una entrevista para el órgano de prensa donde trabajaba; quería que me contara de la Revolución, de los combates, etc., y él me propuso que mejor recorriera el país y hablara con la gente que había sido protagonista de la Revolución del 26 de Julio y con el pueblo que había padecido la tiranía; me dijo que anduviera por la Sierra Maestra; me dio facilidades, incluso me dio su sueldo, que no era mucho, para que tuviera algún dinerito, y me dijo que apreciara lo que iba haciendo la Revolución y luego nos veríamos y conversaríamos, y así fue. Nos vimos varias veces en Cuba y era el mismo Ernesto; la gloria no lo hacía diferente, en lo absoluto. “¿Y la poesía qué?”, me preguntó, y le confesé que ya el “hombre” estaba enraizado en mi poesía. Después de conocerlo uno no se podía olvidar de él ni dejar de respetarlo, admirarlo y guardar los sentimientos más profundos hacia su persona y sus ideas. Comprendí por qué ese argentino de pura cepa hizo una amistad tan pronta y se sumó al proyecto logrado de Fidel».

*(1928-2006) Poeta. Estudió Derecho y Filosofía en la Universidad Nacional. Director fundador de Vamos. Colaborador de Diario de Tabasco, El Gráfico, El Nacional, El Universal, Expresión, Impacto, Novedades, Presente y Rumbo Nuevo.

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OTILIO GONZALEZ dijo:

1

13 de junio de 2018

21:44:16


JoseTiquet uno de los tantos mejicanos maravillosos y amigo del Che lo torna mas maravilloso,me gusta mucho este articulo tan hermoso.

OTILIO GONZALEZ dijo:

2

13 de junio de 2018

21:48:45


Hermoso articulo y en lo personal como me gustaria volver a Cuba y hacer trabajo voluntario como en el 87 y los 50 circulo infantil. Jamas lo olvido.

marie france fovet dijo:

3

14 de junio de 2018

05:11:47


Feliz cumpleanos, Che!

Paz dijo:

4

14 de junio de 2018

09:56:58


Estás entre nosotros, en cada cosa que contruiste y amaste, en todo lo que forjaste y veneraste! Hasta la victoria siempre Che!!!

Ignacio F dijo:

5

14 de junio de 2018

23:53:49


Un hombre polifacético. Como si en un sólo cuerpo habitaran muchas personas.