ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Vilma, Haydée y Celia desempeñaron papeles determinantes en la lucha insurreccional. Foto: Archivo

La vida es más fuerte que el horror. Una pudiera pensar que en tiempos de guerra todo se paraliza y solo quedan el miedo o la voluntad de luchar a cualquier costo.

Pero la violencia no extirpa los amaneceres ni el sabor a niñez de los dulces, y mucho menos la capacidad humana más extraordinaria, la de amar.
Por eso aquella mañana clara, ella sonreía al caminar junto a su amiga…

La Habana era entonces un hervidero de anécdotas «barbudas», de sirenas policiales rajando la madrugada, de cuerpos jóvenes masacrados y lucha clandestina omnipresente.

Fue tan rápido que apenas alcanzó a advertir, mientras él se alejaba, su camisa a cuadros, sudada y medio abierta; la figura menuda, la respiración agitada del que huye por su vida.

Casi las había derribado al rebasarlas en la esquina de la acera estrecha. Y apenas un segundo, volvió el rostro como para disculparse. Sus ojos eran limpios.

Instantes después, aparecieron los policías, y ella se estremeció al imaginar al perseguido en una calle cualquiera, arrojado como basura.

«¿Por dónde se fue?», les preguntaron. «Por allá», contestó ella, con una voz firme, para su sorpresa, y señaló el lado contrario al que realmente había tomado el perseguido.

Nunca supo su nombre ni si logró sobrevivir, pero sus ojos siguieron siendo impulso para nobles cosas.


***
La anécdota familiar que escuchaba emocionada en mi infancia habla de un acto menudo; sin embargo, muchas mujeres encontraron así, ante la disyuntiva de lo justo y lo honorable, su camino hacia la Revolución.

Muchas no habían tenido la oportunidad de traspasar los cercos del patriarcado y la pobreza, para llegar a una conciencia política sólida y ante la idea del bien se enrolaron; otras estuvieron desde el principio y fueron puntales de ideales y acción…  sin ellas las luchas clandestinas y de guerrilla no pudieran haber llegado al triunfo.

Trasladaron armas y propaganda política, arriesgaron la vida para esconder a los perseguidos, todo ello con una conciencia total del peligro, porque nunca la dictadura tuvo consideraciones ante un rostro de mujer.

Basta recordar el duro final de Lidia Doce y Clodomira Acosta, mensajeras del Che y de Fidel, respectivamente; capturadas en La Habana: «El día 13 de septiembre Ventura las mandó a buscar conmigo (…). Al bajar del sótano que hay allí y empujarla Ariel Lima, Lidia cayó de bruces y casi no se podía levantar por lo que este la golpeó con un palo, los ojos se le saltaron al darse contra el contén de la escalera. Clodomira me soltó y le fue arriba a Ariel arrancándole la camisa y clavándole las uñas en el rostro, traté de quitársela y entonces se viró y saltó sobre mí (…) tuvieron que quitármela a golpes»;  contó  en el  juicio realizado luego del triunfo revolucionario, un guardaespaldas de Esteban Ventura Novo.

Para intentar sacarles información, aun cuando estaban moribundas, las metieron en sacos con piedras, y las hundían y sacaban del agua.

***
«Aquello era muy difícil, pero todas nos ayudamos unas a otras y logramos salvar a muchas personas», relató en una ocasión la etnóloga Natalia Bolívar, quien perteneció al grupo clandestino  Mujeres Oposicionistas Unidas.

La profesora universitaria Isabel Monal, integrante del Movimiento 26 de julio, ha afirmado que «participar en aquellas acciones era muy mal visto… la familia quería que una fuera una “muchachita buena”, incluso aunque los padres y madres compartieran las mismas ideas políticas.

«Si bien muy pocas mujeres ocupaban cargos de dirección dentro del movimiento clandestino, éramos muchas dentro de él. Algunas vivíamos casi de gitanas porque nos buscaba la policía y todo resultaba muy angustioso», relató Monal.

A ellas, de la sección de Mujeres Martianas y del propio M-26-7, muchos combatientes les debieron la vida.

***
«Que no se fijaran a qué hora entraban o salían de la casa, pero que ellas se iban a dedicar a luchar contra aquello, dijo a su familia. Actuaba de forma inteligente, serena, reflexiva, pero con gran valentía… Déborah, uno de los nombres que usara en la clandestinidad, llegó a convertirse en una de las personas más buscadas por la tiranía de Batista», así habló Asela de los Santos a Granma y se refería a Vilma.

Y también podría contarse de Aly, Carmen, Liliana, Caridad o Norma; todas una sola mujer: Celia multiplicada, capaz de esconderse debajo de la cama para escapar de un registro, lanzarse en un marabuzal, disfrazarse de embarazada, y también de organizar con exactitud los detalles logísticos para garantizar la sobrevivencia del Ejército Rebelde.

O de las mujeres de Guantánamo, Caimanera, Mayarí y  Santiago de Cuba que desarmaban a los «casquitos» y corrían con las armas al monte, en un acto de desafiante temeridad. Luego atravesaban las líneas enemigas, las barricadas a veces minadas, para entregar las cananas, granadas, suero, plasma, sulfa, pistolas y cuchillos que escondían entre sus ropas, carteras e incluso pegadas con esparadrapo en el vientre y los muslos, y que disimulaban debajo de sayuelas y batas de maternidad.

Esas, las que se lo jugaron todo en la ciudad y el monte, las Marianas, las Haydées, las Melbas... demostraron de una vez y para siempre que el lugar de la mujer no era la retaguardia y definieron un camino de empoderamiento y compromiso que llega hasta hoy.


Fuentes: Artículos publicados en Granma, Cubahora, Juventud Rebelde y Resumen latinoamericano

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abelboca dijo:

1

5 de abril de 2018

09:59:31


Me perdona el articulista pero las mujeres que se jugaron realmente la vida diariamente en la Revolución fueron las de la clandestinidad, de las cuales no se habla nunca, y que morían violadas, torturadas, masacradas y luego tiradas en los parques y calles de La Habana y de algunos pueblos del interior. No luchaban con un fusil Garand, M1 o Thomson contra un soldado de la tiranía, resguardadas por otros combatientes. ¡NO!. Estaban solas contra los esbirros de la tiranía, asesinos que iban a sus casas como perros de presa para hacer con ellas lo que les venía en gana. Esto es lo que hay que decirle a las nuevas generaciiones de hoy. Una modestísima muestra de esto puede verse en la película "Clandestinos". Allí estaba NOrma Porras embarazada luchando tiro a tiro contra los esbirros batistianos. NO tenía detrás un pelotón de combatientes armados, ni un árbol con el cual protegerse. Estaba sola con dos o tres combatientes clandestinos mal armados y solos también. Así era la lucha clandestina en La Habana, de la cual NADIE HABLA y creo que ya es hora de hacerlo en respeto a la MEMORIA HISTORICA de la Revolución. ¿Me van a sensurar este comentario?

Jose Figueroa Respondió:


5 de abril de 2018

14:04:07

Tienes mucha razon y recuerdo a Norma Porras quie participaba en la clandestinida con un primo hermano mio, ya fallecido y su nombre era Francisco Guzman Figueroa ( Chin )"

Miguel Angel Respondió:


5 de abril de 2018

15:26:20

Que poco tacto abelcoca parece que usted tiene deseo de contender y no de entender, de esas mujeres y las demas es que habla el articulista, La gran Celia y la extraordinaria Vilma antes de tener un fusil en la mano y un peloton apoyando arriesgaron sus vidas miles de veces en la clandestinidad y tal parece segun usted qque a la Acosta y Ferral las capturaron en la Sierra Maestra creo que hay que ser mas analiticos antes de dar una opinion que por demas en cuanto a las otras ciento de combatientes de la clandestinidad comparto con usted.

Miguel Angel dijo:

2

5 de abril de 2018

13:31:20


Me gusta el trabajo periodístico describe con un estilo personal algunos de los hechos mas relevantes de la mujer en la cruenta lucha contra la tiranía batistiana. Sea en cualquier ciudad de Cuba, en la lucha clandestina, como las que combatieron en la Sierra Maestra, en la batalla de Santa Clara u en otros frentes. Fue gloriosa, heroica y aguerrida la participación de la mujer dulce y tierna, simultáneamente brava y decidida. Es una tradición combativa que nos llega desde las luchas por la independencia de Cuba del yugo español, tanto en las ciudades como en la manigua insurgente. Son cientos los ejemplos. Esta épica actitud se mantuvo durante el enfrentamiento de nuestro pueblo contra las dictaduras pro yanquis de turno que explotaban y masacraban a nuestro pueblo durante el periodo de la neocolonia yanqui. Valientes mujeres que se convirtieron en agentes de la seguridad cubana después del triunfo revolucionario, se infiltraron dentro de las filas del enemigo jugándose la vida diariamente. En el cumplimiento de misiones internacionalistas participaron decenas de miles de heroicas mujeres, que abandonaron su hogar, su familia, sus hijos para brindar su colaboración en suelo de guerra. Recuerdo perfectamente aquel excelente grupo de valerosas profesionales de la salud, doctoras, enfermeras y de otras especialidades que participaron en el aseguramiento médico de los combates de Cuito Cuanavale, sometidas a los medios de fuego del enemigo, fundamentalmente de la artillería de largo alcance y la aviación, con mucho peligro para su vida, pero cumplieron cabalmente su misión, sin temer ni temblar, a la par con los hombres, las denominaron el pelotón de las Marianas de Cuito Cuanavale. Existe una distinción y reconocimiento especial para todas, algunas con una actuación muy sobresaliente y ejemplar que las elevaron al pabellón sublime de la historia. Pero para todas nuestras mártires y heroínas el mas profundo respeto, admiración y reconocimiento. Gloria eterna a nuestras intrépidas e indomables mujeres!!

Jose Figueroa dijo:

3

5 de abril de 2018

13:58:34


Aunque aqui se mencionan algunos nombres de las que se jugaron todo, hay otras como Hayde Santamaria y una muy en particular que salvo mi vida y que quisiera se publicara algo de ella es de Esther Puebla ( Tete). Gracias

Gilberto Arias dijo:

4

5 de abril de 2018

17:30:57


Con alguna frecuencia en los medio digitales he encontrado comentarios de personas que tal pareciera que o no leyeron el artículo, o lo hicieron muy superficialmente u opinaron a partir de alguna de las fotos que acompaña lo publicado, este pudiera ser el caso, el artículo trata precisamente de la compañeras que arriesgaron su vida en la lucha clandestina. La confusión puede provenir del hecho de que la foto se tomó en un campamento guerrillero en algún momento de la lucha en las montañas orientales, me atrevería a decir que en la etapa final de la guerra en 1958 - un detalle interesante que me llamó mucho la atención es que en ella aparece nuestro Comandante en Jefe en segundo plano - y además fue muy bien seleccionada pues nuestras tres inolvidables heroínas desarrollaron una parte importante de su lucha, antes de incorporarse al Ejército Rebelde, en la clandestinidad … “Déborah, uno de los nombres que usara en la clandestinidad, llegó a convertirse en una de las personas más buscadas por la tiranía de Batista”…, …“Aly, Carmen, Liliana, Caridad o Norma; todas una sola mujer: Celia multiplicada, capaz de esconderse debajo de la cama para escapar de un registro, lanzarse en un marabuzal, disfrazarse de embarazada”… La periodista utiliza oportunamente ejemplos de luchadoras que entregaron su vida en las ciudades … “Basta recordar el duro final de Lidia Doce y Clodomira Acosta, mensajeras del Che y de Fidel, respectivamente; capturadas en La Habana”… Aunque pudiera ser cierto que la lucha en las ciudades implicaba un grado mucho mayor de riesgo que la lucha en las montañas no se puede olvidar que la vida guerrillera, no exenta de peligros, solía ser extremadamente dura, plagada de vicisitudes y muy difícil, hasta para los hombres más fuertes y mejor preparados físicamente algunos de los cuales no soportaban tal rigor y decidían abandonarla.