
Paula Pina Jiménez tiene 74 años y no deja de asistir al teatro, leer un buen libro o compartir con su familia una velada cada domingo. Está en edad de jubilarse del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, pero afirma que no puede vivir sin realizar alguna cobertura, entrevista o cualquier otra cosa relacionada con el Periodismo.
¿Cuándo comenzó su pasión por esta profesión?, acomoda su silla y con sinceridad absoluta dice: «En realidad, al principio no sentí una gran pasión por el Periodismo. Empecé a estudiar en el Pedagógico como maestra de primaria en el Plan de superación de la mujer. Allí había mucho rigor y no quise seguir la carrera».
Con ánimos de continuar con la historia, pide un segundo para preparar café. Luego retoma la conversación en el mismo punto, como si este lapso nunca hubiera existido y cuenta que el director del Pedagógico determinó retirar al que no siguiera como maestro. «Yo iba para segundo año, imagínate, me senté en la Plaza Cadenas de la Universidad a llorar porque no sabía lo que iba a pasar de ese momento en adelante», evoca.
No recuerda la fecha exacta de sus inicios en el estudio del Periodismo; eso sí, agradece que la vida la haya impulsado a vincularse a la profesión: «Un compañero se acercó a mí, preocupado, y me aconsejó estudiar la carrera porque me gustaba mucho escribir. Ese momento nunca lo olvidaré».
Con profundo agradecimiento y un énfasis particular en las palabras, expresa: «Yo pude estudiar gracias a la Revolución, porque soy de una familia pobre y apenas había terminado el sexto grado cuando llegó el cambio político del país».
Vive orgullosa de ser cubana y lo reafirma en cada instante del diálogo:«Mi niña, no imaginas la satisfacción que sentí cuando matriculé en la carrera de Periodismo, porque en aquel entonces no era habitual que las personas de color estudiaran la profesión; los periódicos y las revistas eran propiedad de los blancos ricos y, por lo tanto, no nos daban con frecuencia el trabajo».
Paula Pina posee merecidas condecoraciones como Gitana Tropical, concedida por su contribución a la cultura cubana, y la medalla por los 50 años de trabajo que otorga la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Comenzó su quehacer periodístico en la revista Mujeres y después se incorporó al equipo del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), donde labora en la actualidad.
La mayor parte de su carrera la ha dedicado a la televisión y de la misma dice: «La gente quiere ver lo que pasa, el periodista debe ser claro y directo porque es muy corto el tiempo en cámara. El Periodismo cultural me dio la posibilidad de aprender sobre música, literatura, danza, plástica, y me siento feliz por ello».
Los años son reflejo de su experiencia, pero también de su eterna juventud. Dice Félix, el nieto, que su abuela es maravillosa, un poquito regañona, pero todos la aprecian mucho: «No la quieran ver bailando en los carnavales, hasta yo me sorprendo».
Su libro favorito es Cien años de soledad. No puede terminar el día sin leer el periódico o ver los programas informativos de la televisión. La labor como periodista no le impide tener aficiones y comenta con picardía que le gusta mucho bailar.
Con la sabiduría de una maestra y la intención de resumir lo que para ella significa el Periodismo, dice: «Esta profesión es de personas honradas. Existen muchas dificultades, pero el espíritu investigativo del periodista y su compromiso con el pueblo van más allá de cualquier impedimento. Rendirnos en el primer tropiezo no es la opción».
Luego, sonriendo, pregunta: «¿Tú no tomas café?».
*La autora de este texto es estudiante de periodismo de la Universidad de La Habana
















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anamauracarbo dijo:
1
21 de febrero de 2018
07:43:46
Odalys dijo:
2
21 de febrero de 2018
08:43:53
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