ESMERALDA, Camagüey.–El poblado de Lombillo, situado en el extremo nororiental de este municipio, está indisolublemente ligado a la producción de la caña de azúcar desde que a los dueños de la compañía estadounidense American Sugar Refining Company se les ocurrió construir en el territorio el central Jaronú, hoy Brasil.
Embriagados por el boom de los precios del azúcar al término de la Primera Guerra Mundial, los magnates yanquis decidieron transformar la zona en un gigantesco cañaveral, capaz de abastecer de materia prima al que en los años 20 del siglo pasado era considerado el ingenio más moderno y eficiente del mundo.
Por obra y gracia de los ambiciosos intereses del monopolio azucarero las tierras rojas del lugar, hasta entonces dedicadas al cultivo de frutos menores y a la cría de ganado, se convirtieron de la noche a la mañana en extensas colonias cañeras atendidas por humildes familias campesinas e inmigrantes antillanos.
A la fundación del pequeño asentamiento rural contribuyó igualmente su cercanía a la nueva vía férrea que enlazaba los puertos de Tarafa, en Nuevitas, y Caibarién, en la antigua provincia de Las Villas, destinada en lo fundamental al trasiego de caña y de azúcar a lo largo de ese tramo de la región norte del país.
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Tal ha sido, hasta hoy, el sustento económico principal de los habitantes de Lombillo, buena parte de los cuales, hombres y mujeres, están vinculados laboralmente a la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Ignacio Agramonte Loynaz con un reconocido palmarés desde su creación.
Muchos de los que ya peinan canas recuerdan con orgullo que fueron sus campos cañeros los escogidos por el Comandante Ernesto Che Guevara, el 17 de febrero de 1963, para sostener una fraternal emulación en el corte mecanizado con Ibrahim Ventura, a la sazón uno de los mejores operadores de combinadas de la zona.
Por aquellos años, decidido a transformar el deprimente panorama social heredado, falto de elementales instalaciones de servicios a la población, el gobierno revolucionario decidió convertir a Lombillo en una comunidad decorosa que mejorara las condiciones de vida de los agricultores.
Aseguran los vecinos de más larga data en el lugar que ya para 1966, junto a la garantía estable de un trabajo digno, el pueblo contaba con viviendas confortables, calles, aceras, tienda mixta, escuela primaria, círculo social, puesto médico y panadería, entre otras dependencias sociales.
Por eso, cuando las rachas y las lluvias de Irma vinieron a trastocar la vida apacible del batey, muchos se sintieron abatidos, pues además del panorama desolador de viviendas destruidas, árboles derribados y tejas regadas por doquier, en el campo los plantíos estaban inundados y casi toda la caña encamada.
«Imagínese usted el golpe económico que esto representa, tanto para la cooperativa como para los propios trabajadores, al contabilizarse más de 2 300 hectáreas con algún tipo de afectación», declara Eduardo Pozo Castillo, presidente de la zona de defensa y jefe de producción de la UBPC.
«A tal inconveniente, explica, se suma el hecho de que se decidiera, por los graves daños en los cañaverales, que el central Brasil no muela este año, lo que nos obligará a vender la materia prima a ingenios más lejanos, como el Argentina, en Florida, y el Carlos Manuel de Céspedes, en el municipio de igual nombre».
Sin embargo, el desánimo inicial cedió terreno ante el empuje de una férrea voluntad de trabajo dirigida, primero, a drenar los campos, para luego avanzar lote a lote en la recuperación de las áreas cañeras, aunque las lluvias que siguieron al fenómeno meteorológico se han empeñado en obstaculizar tal propósito.
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No hay mejor antídoto, en tiempos de desastres, que la oportuna y efectiva solidaridad humana allí donde la gente más lo necesita: eso fue lo que hicieron decenas de jóvenes llegados desde toda la provincia para participar, a tiempo completo y en condiciones de campaña, en las acciones recuperativas.
«Aquí hemos hecho de todo: lo mismo recoger fango y basura de las calles, repartir recursos a los damnificados y pintar viviendas, que apoyar a otras entidades en la reconstrucción de las obras sociales», afirma Pável Bolívar Ruiz, secretario de la UJC en el distrito Julio Antonio Mella, de la ciudad cabecera provincial.
En poco más de tres meses de arduo trabajo quedaron resueltas en Lombillo prácticamente todas las afectaciones en los techos, se rehabilitó el consultorio médico y la escuela primaria Frank País, y se construyó un parque infantil, un centro recreativo y una panadería-dulcería.
Ante una obra bastante adelantada en sus principales prioridades, Pável Bolívar no oculta su satisfacción: «Hoy se respira otro ambiente en el poblado, los vecinos están contentos con lo que se ha hecho, ven que mejoran sus condiciones de vida y, sobre todo, agradecen la prontitud en la respuesta del Estado».
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Los mayores esfuerzos se concentran ahora en la solución de los derrumbes totales de viviendas, una parte importante de las cuales ya se construye por los propios moradores, a partir del prototipo de casa rústica campesina, con el apoyo de la cooperativa cañera y de los vecinos menos afectados.
«El ciclón se llevó el rancho que tenía, recuerda Andrés Pérez Rojas, pero la que estoy levantando con la ayuda de mi amigo Gaudenio Martínez quedará mucho mejor y segura que antes. Tan pronto terminemos esta, entonces me toca a mí darle una mano a él en lo que le haga falta».
Arnaldo Ramírez Reyes, delegado del Poder Popular, explica que cerca de una decena de apartamentos saldrán también de la adaptación de locales en desuso, ya en ejecución, una alternativa que dará respuesta a necesidades de personas imposibilitadas de asumir por sí mismas la construcción de sus hogares.
Famoso en la localidad por sus frecuentes canturías, Arnaldo agradece a todo aquel que en los momentos más difíciles acudió a ofrecerles su ayuda generosa: los muchachos de la Juventud, la brigada de Guáimaro que construyó la panadería, en fin, los trabajadores de las más diversas entidades de la provincia.
«Esto es Cuba, mi hermano, y donde haya un problema, sea donde sea, allí estamos todos para echar pa’ lante: ¡a mal tiempo, buena cara!», dice sonriente, mientras azadón en mano desyerba una pequeña parcela de yuca aledaña a su casa, al compás de una conocida canción de la trova tradicional.













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Miguel dijo:
1
25 de diciembre de 2017
11:54:38
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