ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Para Aleida Gamdaria Edward, la principal atracción para estudiar enfermería resultó la posibilidad de curar y cuidar a otras personas necesitadas de amor maternal para calmar sus dolencias.

La enfermera Aleida Gamdaria Edward asegura que la solidaridad es la forma de solucionar los problemas cotidianos de los hombres. Foto: Nuria Barbosa León

Ella se incorporó al primer curso ofrecido por la Revolución en la década de los 60 del siglo pasado, en la provincia de Santiago de Cuba, ante la carencia de estos profesionales para brindar servicios asistenciales al ciento por ciento de la población de forma gratuita y pública.

Así lo recuerda en una entrevista realizada por Granma Internacional en la Unidad Central de Colaboración Médica de La Habana: «Matriculé en 1965 y me gradué en 1969, en un curso de cuatro años para alcanzar un nivel medio en la profesión. El primer año estaba dedicado a realizar una nivelación escolar para equilibrar el conocimiento de todas las jóvenes antes de iniciar los estudios, recibíamos materias de secundaria básica.

«Iniciamos la carrera 102 mujeres. Nuestros profesores resultaron ser médicos en activo y otras enfermeras formadas en la capital que fueron llamadas para impartir este tipo de curso por primera vez en Santiago de Cuba. Participaron varios trabajadores sanitarios del hospital provincial Saturnino Lora.

«Al concluir, todas las recién graduadas recibimos una ubicación laboral en los hospitales del territorio oriental. En aquel momento no existían las cinco provincias, y por tanto cubrimos una extensión geográfica muy amplia. Por mi rendimiento académico me destinaron a la actual provincia de Granma, en el hospital Carlos Manuel de Céspedes.

«Yo me destaqué en cirugía y en aquel momento se carecía de personal con conocimientos en la actividad. Allí tuve que dirigir la unidad quirúrgica del hospital con apenas 17 años. Adquirí rápidamente sentido de la responsabilidad y de la disciplina para sacar adelante la tarea. Luego cursé la carrera de Licenciatura en Enfermería».

¿Cómo eres seleccionada para trabajar en Haití?

«Asumí la docencia en conjunto con mi labor asistencial en la facultad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba. En 1998 me llama la vicedirectora del hospital y me explica de una solicitud del Ministerio de Salud Pública de un profesional con experiencias en la labor práctica y con conocimientos de docencia. Yo cumplía con esos requisitos

«En poco tiempo me alisté. Tuve que hacer entrega de mi cargo a mis colegas y preparar a la familia para que se adaptaran a mi ausencia. En unas 48 horas viajé a La Habana y partí inmediatamente. Integré la primera brigada médica cubana en Haití.

«Mi labor fundamental en el hermano pueblo caribeño fue formar personal que pudiera desempeñarse en la enfermería. Mi mayor preocupación era transmitirle el valor del humanismo para sensibilizarlos con el dolor del enfermo y de sus familiares. Expliqué en muchas ocasiones que debíamos ver al paciente como un ser cercano, necesitado de ayuda.

«Allí trabajé en el Hospital Universitario de la capital y además atendí a los jóvenes en formación de diversas provincias haitianas, también controlaba y guiaba a los enfermeros de la brigada médica cubana para que desempeñaran un mejor trabajo.

«Mi memoria registra varios casos de niños al borde de la muerte que no recibían los cuidados requeridos porque a sus familiares les escaseaba el dinero para comprar los medicamentos. Igualmente conocí a muchas mujeres que llegaban al hospital en muy mal estado por realizar partos en la casas, atendidas por personas sin conocimientos académicos y en malas condiciones higiénicas. Algunas en peligro de muerte y necesitadas de cuidados intensivos porque llevaban muchas horas sin recibir atención especializada.

«La población inmediatamente se identificó con nuestros profesionales y exigían ser atendidos por los cubanos. Una limitante resultó ser el idioma. Allá se habla creole o francés, por tanto incorporamos muy rápido las palabras principales para un diálogo incipiente y creamos pequeños grupos para aprender el creole en los horarios libres con haitianos graduados en Cuba u otra persona que nos pudiera enseñar.

«Alcanzamos a lograr una gran empatía para desarrollar nuestro trabajo. Aún mantengo relación por email con algunos de mis compañeros enfermeros, médicos y personal del hospital de Haití. Nunca nos desvinculamos porque nuestra principal aspiración fue continuar elevando la calidad de la atención médica en aquel país».

¿Por qué vas a Venezuela?

«Sólo cumplí un año en Haití. Sentía que debía saldar una deuda con la humanidad y aportar mis conocimientos a otro país. Por indicaciones del Ministerio de Salud Pública de Cuba, se dispuso que aquellos trabajadores con una labor en Haití, en difíciles condiciones, podrían partir a cumplir otras misiones, si lo deseaban. En el 2010 resulté nuevamente llamada.

«Para ir a Venezuela me preparo en la realización de endoscopía y en los primeros meses de mi llegada asumí esas funciones. También aprendí a realizar electrocardiogramas y tuve que aplicar esa prueba diagnóstica a los pacientes venezolanos. Trabajaba en un Centro Diagnóstico Integral (CDI) del estado de Sucre. Por mi desempeño laboral me pasan a dirigir la labor de enfermería dentro de la brigada médica cubana en toda Venezuela.

«Como directiva coordiné en el 2010 una jornada científica con los enfermeros cubanos y locales que laboraban en los CDI para intercambiar experiencias y ampliar nuestros conocimientos. Esa actividad la repetimos al año siguiente.

«En estas jornadas se recopiló toda la experiencia acumulada en los servicios para compartir entre los colegas. Tuvimos que hacer una ardua labor persuasiva para lograr una masiva participación, porque cada uno de nosotros estaba muy inmerso en el trabajo y el tiempo era insuficiente para sentarnos a escribir. Por tanto necesité explicar que las experiencias alcanzadas en el trabajo cotidiano son válidas para irradiarse a los demás, de forma tal que podamos ampliar el conocimiento de todos y la calidad de nuestro trabajo.

«De esa labor de dirección saqué una experiencia: el buen trabajo se logra cuando existe una buena comunicación entre directivos y subordinados para lograr la motivación y los deseos del colectivo de aportar para que la tarea salga lo mejor posible.

«Estoy convencida que la solidaridad no solo es una acción entre los estados, debemos incorporarla a las relaciones interpersonales en cualquier escenario donde nos encontremos. De esa forma podremos solucionar los obstáculos del camino y responder a las demandas, que cada momento exige.

Aleida describe la situación coyuntural vivida entre el 2010 y el 2012 en Venezuela: «Ese país sudamericano nunca ha sido un contexto fácil para el trabajo. En esos años, el presidente Hugo Chávez realizó un extenso recorrido por todo el país y los cubanos, que somos personas dispuestas y revolucionarias, nos sumamos a ese histórico momento tratando de ser mejores en nuestra misión internacionalista.

«Ese pueblo estuvo colonizado a través de la industria petrolera y solo la Revolución Bolivariana ha sabido emplear los recursos financieros generados por ese rubro para el desarrollo social, brindando mayor equidad a la población. La gran mayoría se ha nucleado a través del legado de Hugo Chávez y ha podido sacar adelante el país enfrentando todo tipo de agresión imperial por parte de Estados Unidos.

«Conversé con muchos venezolanos, algunos a favor y otros en contra del proceso bolivariano, pero todos reconocían los logros obtenidos a partir del chavismo en la presidencia. Resulta imposible ocultar los beneficios alcanzados por los más pobres del país en los servicios básicos de educación, salud, vivienda digna, cultura y deporte.

¿Vuelves a Venezuela?

«Una vez más pidieron a un profesional con experiencia en la docencia para organizar cursos de formación de enfermeros como licenciados. Ya alcancé la categoría académica de profesora consultante y llevo a ese país toda la experiencia cubana para la creación de una facultad de enfermería. Debo asesorar los programas docentes y velar por la calidad del proceso educativo».

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