ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Corren las primeras horas de la mañana del domingo. Árboles y postes caídos, edificaciones derruidas y un litoral habanero anegado en agua, fueron solo algunas de las muecas que denota el rostro de las arterias capitalinas, tras el paso de Irma. La lluvia, aunque en intervalos, todavía deja sentir su furia. También el viento. No queda duda de que la naturaleza se ensañó con las calles de La Habana.

Bajo el cielo plomizo, por toda la calle G, hasta llegar a Línea, y luego a Paseo –en el municipio de Plaza de la Revolución–, está la gente curiosa que desafía las indicaciones y quiere dejar estampada una imagen de sus calles; mientras otras se arremolinan a las vallas que impiden el paso a la zona de inundación, para ser testigo de las acciones de rescate y salvamento.

El joven de 29 años Luis Roberto Chirino Peña, capitán de un grupo especial de guardafronteras, trabaja sin descanso desde ayer en las zonas de inundaciones de la capital. Si de salvar vidas se trata el tiempo apremia, y a su cuenta corre yala de alrededor de 50 personas.

Una de ellas es la sevillana Trinidad Borrego, que llegó de vacaciones el lunes pasado a Cubajunto a su familia, e Irma le arrebató la tranquilidad. Todavía no se ha bajado del bote donde Luis Roberto le instruye cómo quitarse el chaleco salvavidas, y ella tiene un agradecimiento a flor de labios que no espera para dar.

«Nos ha sorprendió la capacidad de reacción, para avisar, prever, organizar, recoger a personas impedidas, como vimos ayer. Es curioso ver lo humilde que es todo, y como funciona tan bien», espeta enseguida.

Desde otra arteria de la ciudad, Ismael Eduardo, de 30 años, y jefe de un grupo especializado de la Cruz Roja, explica que se han realizado alrededor de 100 evacuaciones. «Estamos desde ayer a las cinco de la tarde, y nos mantendremos a tiempo completo trabajando con los factores que aseguran la protección de las personas».

De igual forma, en estos momentos la Cruz Roja promueve un servicio de restablecimiento y contacto entre la familia, que activa en casos de situaciones de emergencia. «Tenemos dentro de los consejos de defensa los listados de los albergues, donde están resguardadas las personas, para en casos de que exista una demanda realizar esta acción humanitaria», afirma su presidenta en la capital.

En la panadería de Calzada y C, hasta donde la gente trata de llegar a pesar del agua turbia de sus predios, el ajetreo también comenzó bien temprano en la mañana. Yusleidys Cárdenas, su administradora, dice que se tomaron todas las medidas «para brindar bien temprano servicio a la población».

Se logró contar en tiempo con el abastecimiento necesario–argumenta– y luego con la cobertura de electricidad que tuvimos garantizamos la producción. Así lo comprobaron los habitantes de este municipio que compraban hasta siete variedades de dulce, así como el pan de la canasta básica y liberada, latas de dulce, puré de tomate y ensalada encurtida.

Vecinos de la calle Línea comentan entre ellos. Esta es la segunda vez que el agua llega hasta los límites de esa arteria. La primera fue durante la Tormenta del Siglo. Sobre las cuatro de la tarde de ayer empezaron a sentirse los vientos de Irma, y desde entonces no hubo tregua para estos habitantes; como no la hay para Cuba entera, días antes de que Irma entrara por su costa norte, en Cayo Romano.

Jair Morales, presidente Consejo de Defensa Municipal del municipio Plaza de la Revolución, comenta que en toda la zona del litoral habanero existen inundaciones. Son varios los municipios afectados, entre ellos La Habana Vieja, Centro Habana, Playa y Plaza de la Revolución.

En este último, por solo poner un ejemplo, hay más de 9000 evacuados, explica. «En todos estos lugares continuaremos realizando las acciones de rescate. Lo más importante es salvar la vida, y seguir las orientaciones de la Defensa Civil».

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