ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Edición especial vespertina del periódico El Comercio, de Cienfuegos. Foto: Archivo

CIENFUEGOS.–Los antecedentes y propósitos del levantamiento popular armado del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos fueron abordados por el Comandante en Jefe, durante su discurso en ocasión del aniversario XX de la gesta, en 1977.

Reflexionó entonces Fidel: «El origen de la sublevación de Cienfuegos databa de muy atrás. Ya desde el año de 1956, un grupo de marinos, soldados y cabos de la Base de Cienfuegos había entrado en contacto con el Movimiento 26 de Julio.

«Y el 30 de noviembre, cuando se aproximaba el desembarco del yate Granma y cuando tuvo lugar el alzamiento de Santiago, existía desde entonces la idea de producir el alzamiento de Cienfuegos. Pero no fue posible en esa ocasión.

«Más adelante, cuando nosotros estábamos en la Sierra Maestra, persistió la idea de producir un levantamiento en Cienfuegos con el apoyo del grupo de marinos revolucionarios, para organizar después un frente en las montañas del Escambray. Es decir, tomar las armas de Cayo Loco y avanzar hacia el Escambray para constituir un segundo frente guerrillero».

En septiembre de 1957 la unidad del aparato militar de la tiranía batistiana se fragmenta, como parte del proceso de vinculación de efectivos de la Marina de Guerra al Movimiento 26 de Julio, intensificado desde junio de ese año.

Otros sectores del Ejército del tirano también habían contactado con dicha estructura revolucionaria.

El objetivo era un levantamiento conjunto, a través de la conformación de un plan de envergadura nacional incluyente de ataques a puntos militares enclavados en varias ciudades; si bien las acciones no pudieron realizarse de acuerdo con el plan previsto.

Por consecuencia de la no concreción de los planes propuestos, la sublevación del 5 de Septiembre en Cienfuegos quedaría aislada, y eso le otorga una connotación singular, puesto que patentiza el valor supremo de un pueblo capaz de enfrentar, en solitario, con unas pocas armas, a la maquinaria bélica garantizada por Washington al tirano Batista.

El enfrentamiento de la tiranía batistiana al pueblo cienfueguero provocó numerosas pérdidas de vidas humanas y severos daños a la infraestructura de las edificaciones. Foto: Archivo

La acción fue dirigida por Julio Camacho Aguilera, en representación del M-26-7, eje articulador central en la concepción y desarrollo de la gesta. Los jóvenes oficiales de la Marina de Guerra designaron al alférez de fragata Dionisio San Román como su jefe.

Luego de la rápida toma de Cayo Loco (sede del Distrito Naval del Sur de la Marina de Guerra), las acciones se intensificaron y expandieron a otros enclaves de la ciudad, también tomados, como la Policía Marítima, la Estación de la Policía Nacional contigua al Ayuntamiento y la Subplanta eléctrica de calle 37 y Avenida 48.

Los detenidos fueron trasladados al Cayo por parte de los revolucionarios, quienes respetaron las vidas de los prisioneros.
Desde horas muy tempranas del 5, el pueblo de Cienfuegos se sumó al alzamiento. De forma inicial eran algo menos de 70 combatientes del M-26-7, pero después ya se sumaron todos aquí.

Hombres, mujeres, jóvenes y adolescentes pidieron armas para el combate contra el dictador y un sistema de gobierno que olvidaba los intereses del pueblo y tenía a Cienfuegos (como a toda Cuba) en la miseria, hundida su dignidad en el cieno.

Cerca de las diez de la mañana, comienzan los primeros vuelos de la aviación batistiana, preludio del lanzamiento de bombas.

Varios pilotos no se atreven a lanzarlas contra la ciudad y arrojan sus bombas al mar. No obstante, los proyectiles de sus naves provocaron decenas de fallecidos, heridos y mutilados en la población. Uno de los muertos era una niña que vivía en las inmediaciones del muelle de Cienfuegos: Olimpia Medina. En la actualidad, dicha rada lleva su nombre.

A las 12 arriban los primeros refuerzos del ejército de la tiranía, provenientes de Santa Clara, los cuales son repelidos por los sublevados en áreas del Colegio San Lorenzo, el teatro Tomás Terry, la droguería Cosmopolita, el Ayuntamiento y otras plazas, focos de combate.

El Distrito Naval del Sur de la Marina de Guerra, se encuentra localizado en Cayo Loco, en Cienfuegos. Foto: Archivo

A las tres de la tarde la aviación del sátrapa inicia un ataque inclemente, que causa numerosas bajas civiles. También se intensifica el arribo de refuerzos de soldados y pertrechos bélicos.

No obstante la manifiesta superioridad militar del enemigo, la resistencia del pueblo es heroica y se produce hasta las últimas consecuencias. Las escaramuzas no cesan. Los focos postreros de la sublevación alcanzan cerca de las dos de la madrugada del día 6, en el colegio San Lorenzo y el edificio del tostadero de café El Sol.

Nunca se había visto tanto derroche de coraje y decoro en una ciudad que fue libre durante 24 horas.

Si bien las acciones no pudieron encauzarse tal cual fueron concebidas –al fracasar el plan inicial concebido para el levantamiento–, la gesta de Cienfuegos hizo retumbar los pilares de la tiranía y constituyó continuidad de la gran epopeya patria que, muy poco después, y desde el corazón de la Sierra Maestra, destruiría para siempre a la dictadura.

Por lo anterior, y por la indeleble lección de dignidad de un pueblo, el 5 de Septiembre se convertiría en un hito de nuestra historia, un haz de luz que se proyectó rápidamente sobre el derrotero de combate de la nación.

Los héroes y mártires de 1957 protagonizaron una de las hazañas patrias más valerosas de la década de los 50, que atemorizó a un dictador quien –de inmediato–, suspendió las garantías constitucionales, decretó el estado de sitio en todo el país, implantó la censura general de prensa y otorgó regalías y condecoraciones en tropel para mantener calmo al ejército.

Nada de eso bastó para que, menos de dos años después, Cuba fuera definitivamente libre gracias a la alborada del 1ro. de Enero.

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