ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Fidel Castro habla el 19 de septiembre del 2005 a los 1586 médicos fundadores del Contingente Henry Reeve, quienes portaban 36 toneladas de medicamentos y elementales medios de diagnósticos para atender a las víctimas del Huracán Katrina si el gobierno de Estados Unidos lo hubiera permitido. Foto: Ricardo López Hevia

Las contribuciones extraordinarias del internacionalismo médico de Cuba deben su origen a la impronta del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, máximo impulsor de la solidaridad hacia los pueblos del mundo y edificador de este principio como un pilar esencial de la política exterior de la Revolución desde su surgimiento.

Mencionar hazañas de los médicos cubanos en Haití, Paquistán, África, América Latina, y otros tantos lugares azotados por epidemias, huracanes, sismos de gran magnitud y otras catástrofes naturales, hace pensar en un propósito marcado por beneficiar a los más empobrecidos del globo terráqueo, cambiar los bajos índices en las estadísticas de salud y contribuir a la mejoría de servicios médicos precarios.

Aunque hubo un éxodo masivo de profesionales a partir del 1º de enero de 1959, incitados por políticas agresivas del gobierno de Estados Unidos para destruir el proceso social naciente, dejando al país con el 50% de los 6286 médicos con que contaba, uno de los primeros gestos solidarios consistió en mandar a un grupo de galenos a Chile, afectado por un intenso terremoto.

La colaboración en este importante sector social tuvo sus inicios oficialmente el 23 de mayo de 1963, cuando el gobierno cubano envío la primera brigada a Argelia, compuesta por 55 trabajadores del Sistema Nacional de Salud, que brindaron sus servicios durante un año. Con posterioridad continuaron las ayudas a los países africanos, especialmente a Angola, Etiopía y otros, que alcanzaron su independencia nacional como Nicaragua.

En 1990, el gobierno de la entonces Unión Soviética solicita apoyo internacional para los afectados por el accidente nuclear de Chernobyl, ocurrido el 26 de abril de 1986 y considerado el más grave de la historia. El 29 de marzo del mismo año, Fidel recibe en la escalerilla del avión a los primeros 139 niños procedentes de Rusia, Bielorrusia y territorios de Ucrania, portadores de diferentes enfermedades oncohematológicas.

La mayoría de esos pacientes viajaron acompañados de sus familiares y recibieron tratamiento por 45 días. Algunos llegaron a estar más un año en el balneario de Tarará, a 20 kilómetros de La Habana, porque sufrían cáncer de tiroides, leucemia, atrofia muscular, trastornos psicológicos, neurológicos y alopecia. Datos divulgados recientemente por la red científica Scielo, confirmaron que más de 26 000 de esos niños y adolescentes fueron atendidos gratuitamente en Cuba hasta el 2011.

El 3 de noviembre de 1998 tras el azote de los huracanes George y Mitch a Honduras y Guatemala, se envían Brigadas Emergentes a los países afectados y surge el Programa Integral de Salud (PIS) por idea del Comandante en Jefe. Se trata de una modalidad de cooperación médica, basada fundamentalmente en potenciar la atención primaria para solucionar la mayor cantidad de problemas sanitarios posible.

Con la presencia de especialistas cubanos en Medicina General Integral en las zonas más pobres y desprotegidas de estas naciones donde escasean profesionales nacionales, se instalaron consultorios para brindar servicios, que se acompañaron de acciones de promoción de salud y de prevención de enfermedades, con importante participación comunitaria y formación de recursos humanos.

El propio Fidel en 1998 al respecto dijo: «Un programa integral de salud no se puede medir solo por el número de vidas que se salven, sino por los millones de personas que sienten, en primer lugar, seguridad, que es lo primero en la salud». A partir de ese momento, esta modalidad de cooperación se perfeccionó y se extendió hacia todos los continentes.

Al unísono se crea la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), el 15 de noviembre de 1999 ofertando estudios gratuitos en Cuba a jóvenes de América Latina, africanos e incluso estadounidenses. Hasta la actualidad la ELAM ha graduado a 28 500 galenos de 103 países. En el transcurso de la Revolución unos 33 973 estudiantes de 129 naciones han egresado de las facultades médicas de la Mayor de las Antillas en diferentes modalidades de convenios.

En el 2000, surgen facultades de medicina patrocinadas por Cuba en Gambia y Guinea Ecuatorial. Luego se funda la de Haití en el 2001. En ese año se inicia el estudio psicogenético de personas con discapacidad en Cuba y posteriormente se extiende a cinco países miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA).

El 13 de abril de 2003 surge un nuevo tipo de colaboración en Venezuela con el despliegue del Programa Barrio Adentro, que incluye también la construcción y patrocinio de los Centros de Diagnóstico Integral en las diferentes estados de esa nación sudamericana para brindar servicios en de segundo nivel y hacer funcionar una estructura sanitaria con cobertura y resolutividad para toda la población.

El 8 de julio del 2004 comienza la Operación Milagro, iniciativa de Cuba y Venezuela para el tratamiento de venezolanos impedidos de aprender a leer y escribir por afecciones oftalmológicas. Toma su nombre de la expresión popular de centenares de pacientes que al recobrar la vista exclamaron sorprendidos: “¡Esto es un milagro!”

El 21 de agosto del 2005, en el poblado de Sandino ubicado en la provincia occidental de Pinar del Río, los presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro firman un convenio, mediante el cual se plantea la intervención quirúrgica de 6 000 000 de latinoamericanos aquejados de enfermedades de los ojos, en un lapso de 10 años, correspondiendo a Venezuela la cifra de 3 000 000. Posteriormente se extiende a 35 países de América Latina con la inauguración de centros oftalmológicos, liderados por profesionales cubanos y se amplió el servicio hacia África (Malí), y las Islas del Caribe, a través del ALBA.

Al conocerse la tragedia causada por el huracán Katrina en Nueva Orleans, Cuba —en la representación de su máximo líder Fidel Castro— abrazó la idea de ayudar al pueblo sufrido estadounidense y más de 10 000 voluntarios se ofrecieron a brindar sus servicios para auxiliar a los damnificados, de ahí que naciera el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve el 19 de septiembre del 2005.

En esa fecha, el gobierno propuso enviar 1 586 médicos, 36 toneladas de medicamentos y elementales medios de diagnósticos para atender a las víctimas. El presidente George W. Bush rechazó el ofrecimiento, pero sirvió para conformar 23 brigadas que han estado presentes en situaciones de emergencia en más de 20 naciones, incluida dos veces en Haití y Chile.

Al ocurrir en el mes de noviembre de 2006 el terremoto en Pakistán, 2 564 médicos cubanos laboraron en zonas montañosas con el rigor de un crudo invierno para curar más de 1,8 millones de personas. Para tal empeño se montaron 34 hospitales de campaña equipados con tecnología de punta, los cuales se obsequiaron a las autoridades sanitarias del país al concluir los ocho meses de misión. Otro sismo azoló la isla de Java en Indonesia en mayo del 2006 y 135 profesionales caribeños se instalaron en dos hospitales de campaña, socorriendo a la población de forma emergente y gratuita.

A inicios del año 2010, un terremoto de magnitud siete causó dramáticos daños humanos y materiales a la vecina Haití con un balance de 250 000 muertos y cientos de miles de heridos. Al ocurrir el hecho laboraban 367 galenos cubanos desde 1998, cifra que alcanzó los 1 546 con el refuerzo proporcionado por el Henry Reeve, al que se le incorporaron jóvenes de 27 países egresados de la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana.

La situación empeora por el azote de la epidemia del cólera que cobró la vida de 6 600 personas e infectó a otras 476 000. Los médicos, para salvar a un mayor número de pobladores, visitaron hogares, explicaron medidas sanitarias y por lo cual se trasladaron a sitios de difícil acceso, incluidos los abruptos parajes, distanciados de los centros urbanos.

Como en todos los lugares donde sirven, los trabajadores de la salud de Cuba se abstienen de intervenir en la política local, pero coordinan su actividad con los distintos niveles de gobierno, organizaciones populares, barriales e iglesias.

Este tipo de cooperación internacionalista aporta capital humano altamente calificado, con vocación humanista y de servicios, estimula la formación de recursos humanos y la transferencia de moderna tecnologías. Se desarrolla a partir de la suma de potencialidades entre los países involucrados, sin fines de lucro. A su vez, responde a las necesidades planteadas por las autoridades nacionales, receptores de la ayuda.

Los convenios se firman rápidamente, sin grandes formulaciones y por su naturaleza institucional, intentan beneficiar el mayor número de población posible, residente en las zonas de difícil acceso y alejadas de las principales urbes.

Mientras los medios de difusión masiva ignoran las historias del internacionalismo médico cubano defendido por Fidel, los beneficiados agradecen y reconocen que ese logro trasciende completamente los intereses geopolíticos y cualquier ideología.

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