LA CUCHILLA, Guantánamo.—Rumbo a Maisí, junto a la carretera, hay una casa sola. Derruida.
Una mujer sesentona y afable nos invita a pasar.
Hay pocas cosas. Paredes, una silla, una camita, un radio. Hay un patio gigantesco.
Hay grietas desmedidas en el techo por las que entra la luz.
—Me dieron unas lonas para tapar el techo en lo que llegan las tejas —apunta la señora. Conversamos. Dice que su casita fue un pincel hasta que llegó el ciclón.
En una tabla, junto al agujero donde va la puerta, advierto, a carboncillo, el número de un teléfono móvil.
—Eso lo escribió un señor llamado Kcho que pasó por aquí. Me dijo que lo llame, que me va a ayudar a poner el techo.
—¿Y lo llamó?
—Cuando me den las tejas.
***
La filosofía de Kcho es la siguiente: Él no te va a construir una casa. Él va a construir tu casa contigo. Porque todo el sentido de una brigada artística en un sitio que acaba de desafiar un desastre, se resume en el trabajo común.
***

El día 8 de octubre, a 72 horas de que Matthew lastimara Guantánamo, una veintena de miembros de la Brigada Martha Machado (BMM) aparecieron en Baracoa.
Armaron un pequeño campamento.
—Nos instalamos en Baracoa porque había que estar allí —me cuenta Alexis Leiva Machado, Kcho—. Había una oscuridad horrible. El único foco de luz era un generador eléctrico que instalamos en el parque infantil. Ahí todas las noches les dábamos espacio a las personas para que pudieran cargar los teléfonos, las linternas. Esa era la ayuda que teníamos que dar, porque la gente estaba superafectada. Y en esas condiciones uno no quiere que le cante ni Pavarotti, ni Freddy Mercury. Uno lo que quiere es que venga la luz, el agua, que el techo de la casa esté donde tiene que estar.
Sobre un torreón del parque, un datashow exhibía películas.
Los niños se apiñaban (aún lo hacen) en sillas puestas como un semicírculo detrás del proyector.
—En Baracoa vimos que era urgente crear un foco de luz, un punto de encuentro para todo el que estuviera perdido en la ciudad, dando vueltas. Entonces pusimos un generador, un foco, muchas imágenes y mensajes motivadores. Yo creo mucho en el poder de una imagen. Yo creo mucho en el poder de un mensaje. Por eso siempre la BMM tiene, en su entorno, tanta información: banderas, pancartas, pegatinas. Donde todo está mustio y destruido hace falta el color de una idea; hace falta una flor. Y eso hicimos: crear un punto de diálogo.
En la explanada alguien ponía música; sumaba a los adultos.
En medio del desastre es necesario, también, «desconectar».
—Vinimos de Santiago con un paquetón de rosas holguineras. Como cien ramos. Porque sé que hay mujeres a las que nunca les han dado una flor: ni en ciclón, ni en la vida normal, ni en el invierno, ni en el verano, ni en su cumpleaños… La gente piensa que las flores no son importantes. ¡Y qué lindas son las flores! ¡Qué lindo es el recuerdo de una flor! En la Isla de la Juventud entregábamos, todos los días, 1 500 rosas. Y eso hicimos aquí. Con un cubo en el medio de la calle, saludando a la gente: buenos días, ¿cómo están hoy?
Armaron dos aulitas.
—En el 2008 el huracán Ike también pasó por Baracoa, pero creí que no era necesario venir en ese momento. Y dije: ese recurso vamos a guardarlo para cuando de verdad haga falta. Recuerda que esto lo hacemos con el fruto de mi trabajo; con el mismo recurso legítimo que cualquier ciudadano puede usar para lo que decida.
«Por eso les he colgado el teléfono a muchos amigos míos que llaman preguntándome como está esto. Les digo: no pregunten, vengan para que lo vean. Porque aquí es donde hace falta estar».
***
En la pared, detrás de la vitrina, hay el dibujo de un bote de remos.
El bote navega sobre una línea que debe ser el mar.
En la pared hay, además, un Cristo. De frente al bote, de espaldas a nosotros. Clavado sobre dos remos en cruz.
Parece una versión provocativa de la Caridad del Cobre; de un milagro.
Lo estoy mirando tanto que he olvidado que llegué a esta vitrina, en una calle central de Baracoa, a comprar un café.
—Ahorita mismo —dice la dependienta— estuvo Kcho por aquí y lo hizo. Él viene casi todas las mañanas. Yo lo veo pasar…
***
En Baracoa quedó un campamento: dos carpas verdes, algunos brigadistas, cuando el resto de la BMM se asentó en Yumurí.
—Cuando llegamos, aquello estaba oscuro, sórdido, olvidado. Y tratar de cambiar el sentir de esas personas fue para mí algo fundamental. Lo que pasa es que en estas cuestiones de desastres uno no puede ver el asunto en partes pequeñas, sino globalmente. Un ciclón lo pica todo en pedazos más pequeños de los que había antes. Son problemas mucho más dispersos y mucho más graves. Así que cuando pasa, deja lugares a los que nunca has ido y tienes que ir.
Instalaron una carpintería, una biblioteca, un teatrico móvil.
Colgaron una bandera cubana entre un par de montículos altísimos en medio de los cuales desemboca el río Yumurí.
—Cuando fundamos la Brigada (Isla de la Juventud, 6 de septiembre del 2008; consecuencia del paso de los huracanes Gustav, Ike y Paloma), aprendimos que en momentos como estos hacen falta focos de información verídica, confiable; porque cuando hay mucha desesperación y pérdida, la gente está confundida. Sabemos que hay que escuchar a la gente, y pararse delante del que te diga algo. No puedes seguir de largo nunca. No hay momento para el cansancio, para la cama; porque estas personas están más afectadas que tú. Tú ni con una fiebre de 40 grados, ni con dengue, estás más afectado que una familia que lo perdió todo de la noche a la mañana.
Se arrinconaron en una pequeña cafetería con techo a dos aguas a la orilla del río, junto al puente.
Duermen en colchonetas que acomodan entre las mesas cuando los clientes desalojan el bar.
Allí trabajan: sierran madera, barnizan, construyen, cargan al hombro tejas de vecinos.
—Yo creo en el trabajo voluntario. Y lo defiendo. Creo que se puede convocar a personas, de forma voluntaria, a hacer algo poderoso y positivo. La BMM es eso: trabajo voluntario. Son personas que dejan de dedicarse a sus actividades cotidianas para hacer otra actividad que no tiene ningún beneficio monetario ni material. Beneficios inmateriales, sí. No te puedes imaginar lo que ha cambiado mi vida con esta experiencia.
Esa carpintería improvisada les sirve como espacio, también, para crear.
—Un artista es una persona individualista. Por su esencia, por el campo en el que se desenvuelve. Y cuando tú sometes toda esa individualidad al sentido social, eso tiene un efecto único. La gente lo siente, lo reconoce. Y es parte de la solución del problema… Cuando tú ves a un niño que lo perdió todo, y es capaz de reaccionar ante un dibujo que tú hiciste en una tabla: ¡Wao! Lloro.
«Eso lo hemos vivido nosotros muy intensamente. Al punto de que uno puede aceptar someter la individualidad del artista por la colectividad. Y eso, hacerlo transmisible, pegárselo al otro. Hacer que la gente se contamine positivamente de esta idea, ha sido uno de los logros más importantes de la Brigada; hacer que piensen como los asiáticos: que uno siempre va a llegar más lejos acompañado».
***
Hasta el momento, la BMM ha construido, con sus propias manos (y con la ayuda de manos vecinas), diez facilidades temporales para damnificados en Yumurí: casitas de madera decoradas con banderas cubanas; con grandes dibujos que, sobre un lienzo, podrían ser subastados.
Y están también haciendo una escuelita.
—Nos dijeron: hace falta arreglar una escuela en Duaba. Y resulta que son cinco escuelas. Y yo digo: qué bueno que la vida nos haya dado la oportunidad de llegar a un lugar como Yumurí y de poder convocar a personas de varias edades a trabajar en torno a una idea como es la Revolución: la Revolución viva, de todos los días. Eso es hermoso: lograr que tantas gentes que hace 15 días estaban sentadas en el puente quejándose de las penas, estén hoy orgullosas, haciendo escuelas, aunque sus casas aún no tengan techo.
«Y como somos artistas, decidimos que estas tienen que ser escuelas muy especiales. Porque si uno tiene la capacidad de hacer una escuela, con lo que hay, bonita, renovada; para qué uno se va a preocupar por pintarla de verde o de rosado.
Más cuando hay una escuela tan linda en Cuba como es la casita de Martí. Nosotros pensamos en eso como un mensaje. Y hay otra escuela muy importante en Cuba: la casa donde nacieron Fidel y Raúl. Ahí están el autor intelectual y los autores materiales del cambio. Entonces quisimos hacer una fusión de ese poder, de las esencias que esos grandes hombres absorbieron en esos espacios».
Kcho es un ser polémico y lo sabe. Es líder y lo sabe. Habla rápido. Te obliga a estar atento y a ser ágil para entenderle.
Luego llora un poco. Enciende un cigarrillo.
—Ni en el más bello de mis sueños pensé que yo iba a estar haciendo una escuela a esta edad. A esta edad, cuando los hombres pierden la ilusión, cuando piensan que ya lo han hecho todo. Eso me emociona muchísimo. Nunca en mi vida he sido tan feliz. Esta es una energía muy poderosa, y hay que compartirla. Hay que lograr que la gente se comprometa con esa energía, que es la energía de Cuba.
***
A la orilla del río, junto al puente, los pescadores atracan sus barcas cuando anochece.
Kcho está en su hábitat.
Tiene barcas en la carpintería a medio pintar. Y barcas en las casas, con remos y con Cristos y con flores.
Si hace falta una tabla para salvarse en medio del desastre, hay gente en Yumurí que espera que esa sea una de las tablas de una barca construida por él.












COMENTAR
lemar dijo:
1
22 de noviembre de 2016
02:48:41
Miguel Angel dijo:
2
22 de noviembre de 2016
03:02:50
Filiberto dijo:
3
22 de noviembre de 2016
05:58:30
cubano-americano Miami dijo:
4
22 de noviembre de 2016
10:34:25
EL TIGRE dijo:
5
22 de noviembre de 2016
11:22:46
Josefa Villa Albial dijo:
6
22 de noviembre de 2016
14:58:40
Roberto... el guajiro de baracoa dijo:
7
22 de noviembre de 2016
16:24:22
Idalsoler dijo:
8
22 de noviembre de 2016
19:09:58
Responder comentario