ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El teniente Ernesto Guillén Ricardo. Foto: Juan Pablo Carreras Vidal

Asombra la capacidad de mimetismo de los tanques con respecto al entorno geográfico donde actúan. Ayer, en un bosque, se confundían con la vegetación del área en la que esperaban un salto hacia una posición decisiva. Hoy, en plena sa­bana, entre arbustos y pastos, tam­bién pasan desapercibidos.

«El tanquista tiene que saber ocultarse aprovechando con creatividad todo lo que tiene alrededor», explica el teniente Ernesto Guillén Ricardo, al tiempo que reacomoda una parte de los manojos de hierba trenzada colocados sobre el cuerpo blindado de su poderosa máquina de combate.

Le aguarda una compleja maniobra. Con los tres tanques que se le subordinan, junto al resto de su com­pañía, es parte de una agrupación de tropas también integrada por fuerzas de infantería y artillería, entre otras armas.

Por primera vez enfrentará una prueba de esa envergadura como jefe de pelotón. Cuando lleguen a la línea de fuego, este se realizará con municiones de combate sobre simulados enemigos. Cada acción a ejecutar marcará una nueva etapa en su vida de oficial, iniciada apenas seis meses atrás, tras graduarse en la Escuela Interarmas Gene­ral José Maceo Grajales, en San­tiago de Cuba.

Está seguro de que saldrá airoso, y no hay nada de autosuficiencia en sus apreciaciones. Cree en los hombres bajo su mando, apenas unos tres o cuatro años menores que él. La confianza proviene, se­gún dice, del periodo de cohesión combativa cumplida en el polígono. Primero se concentró en cada uno de los conductores-mecánicos, artilleros y cargadores; luego, para inculcarles sentimiento colectivo, los adiestró como dotaciones, hasta que los hizo adueñarse del concepto de pelotón.

El soldado Jorge Luis Salazar, artillero, confirma que les impuso repetir cada procedimiento hasta el cansancio, lo cual no les pesa. En los últimos entrenamientos de tiro batieron todos los blancos.

Cohesionar el pelotón le resultó al teniente Guillén menos complejo de lo pensado al inicio. Los soldados, reconoce, mostraron interés en la preparación, además de comportarse con mucha seriedad du­rante la vida en condiciones de campaña, matizada por lluvias y noches y mañanas frías.

Por supuesto, es incapaz de pa­sar por alto la ayuda constante del jefe de la compañía, quien es im­parable en hacer de esta un cuerpo único, capaz de actuar por sí mis­ma y a la vez ser garantía de coherencia en cada misión asumida por la unidad que integra.

Posteriormente, en un acelerado relato, describe su etapa de formación vocacional en la Escuela Mi­litar Camilo Cienfuegos de Hol­guín, los primeros contactos con los tanques en visitas a unidades militares y algunas experiencias de cadete, entre ellas, la práctica de mando correspondiente al último año de estudio.

Se escuchan órdenes precisas para realizar la revista técnica a los tanques. En breve partirán a un sitio predeterminado en el extenso polígono.

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